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Antonieta Rivas Mercado. Obras, de Tayde Acosta Gamas

Posted on 10 abril, 2019

Laura González Matute
 
 
Texto leído en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, Ciudad de México, 22 de febrero de 2019.
 
 

El libro que hoy presentamos nos invita a emprender una nueva travesía sobre la vida y obra de una de las mujeres que abrieron el cauce para el desarrollo de concepciones artísticas innovadoras dentro de la cultura mexicana de la década de 1920. Si bien en la actualidad el nombre de Antonieta Rivas Mercado remite a la extensa gama de aproximaciones culturales (literarias, epistolares, teatrales, plásticas, biográficas o cinematográficas) de las que se han realizado diversos estudios, recopilaciones y biografías sobre su trayectoria, esta publicación ofrece la oportunidad de revisar la valiosa producción de una creadora multifacética a la luz de información hasta ahora desconocida.
 
 
Tayde Acosta nos brinda dos ejemplares cuidadosamente editados por Siglo XXI editores y la Secretaría de Cultura, en los cuales pone de manifiesto su acucioso sentido de la investigación al ofrecer al lector documentos novedosos como fotografías inéditas, notas hemerográficas y bibliográficas desconocidas, así como cartas nunca antes publicadas y amplias notas a pie de página que enriquecen y abundan en el conocimiento sobre el tema que nos ocupa. Así, la investigadora, con este rico material, invita a visualizar, bajo una óptica reflexiva, metódica y analítica, la obra y pensamiento de Rivas Mercado.
 
 
Los documentos fueron localizados tanto por azar como por tenacidad y perseverancia. Por otro lado, la compiladora realizó varias entrevistas con diversas personalidades allegadas a Antonieta, que la condujeron hacia rincones inadvertidos en los que se revelaron testimonios invaluables, anécdotas o leyendas, que había permanecido amordazados por el tiempo, el conservadurismo o la incomprensión.
 
 
Resalta la perseverancia en haber logrado el contacto con la sobrina del literato Federico García Lorca, quien fue uno de los últimos amigos de la protagonista del libro. En 2017, Laura García Lorca vino a México a dictar una conferencia sobre la obra de su tío; al conocer a Tayde, de manera gentil le ofreció el acercamiento a su archivo, el cual contenía una carta y la tarjeta que Antonieta le envió al poeta, así como fotografías de ambos en la urbe neoyorkina tomadas por el reconocido artista plástico, fotógrafo y cinematógrafo Emilio Amero. Una de estas imágenes es la que se imprimió para la portada de los dos tomos de la edición que hoy presentamos.
 
 
La familia de Amero fue otra fuente importante para develar episodios ocultos sobre Antonieta Rivas Mercado y su relación con el fotógrafo, tema pocas veces abordado en los estudios sobre la vida de Rivas Mercado. Por otro lado, y como dato revelador, la investigadora localizó el acta de nacimiento y la fe de bautizo original. En el acta, el nombre de Antonieta aparece como María de la Luz Antonieta Rivas y Castellanos, y en la fe de bautizo se consigna, como María Antonia Valeria Rivas y Castellanos. Valeria ahora sabemos, remite, además de a la fecha del onomástico de Antonieta, al emblemático nombre, varias veces mencionado por José Vasconcelos cuando se refería a Antonieta, bajo el pudor de este supuesto seudónimo. Ella misma llegó a firmar como “Valeria Mercado” algunos de sus escritos.
 
 
El carácter inquieto y perseverante de Tayde la llevó a entablar entrañables relaciones con algunos familiares. A través de éstos, se compenetró de acontecimientos recónditos e íntimos que le permitieron desentrañar diversos hechos que circunscribían la vida del personaje. Por otro lado, en la Biblioteca Nacional de Panamá se recuperó el periódico en el que aparece publicada la carta que Rivas Mercado le dirigió a la premio Nobel, Gabriela Mistral.
 
 
Las pláticas con Tayde Acosta durante su recorrido en esta investigación me mostraron, a través de diversas anécdotas y comentarios, su apasionamiento, seriedad y compromiso con el trabajo y la manera en la que se compenetró de esta figura histórica, para, inundándose de ella, transmitir el universo que Antonieta creó en torno a su figura.
 
 
Resulta interesante mencionar que en el primer tomo los dos primeros apartados y el penúltimo corresponden a los escritos realizados en los géneros del cuento, el teatro y la novela. Subrayo esto ya que a través de ellos se revela la Antonieta escritora, que tan difícil ha sido reconocer. Los tres cuentos, las dos obras teatrales y la novela muestran soltura, agilidad, equilibrio y el manejo de una narrativa que convence y captura. En los cuentos está presente el uso de metáforas de tono poético, hay humor, denuncia y descripciones costumbristas de la época que le tocó vivir.
 
 
Habría que señalar que el primer cuento, titulado Un espía de buena voluntad, envuelto en una trama fantasiosa remite a los discursos que lanzaban los estudiantes en apoyo a la campaña por la Presidencia de José Vasconcelos, entre ellos Germán del Campo, Alejandro Gómez Arias y Adolfo López Mateos.
 
 
La proyección autobiográfica de Rivas Mercado queda asentada de manera soslayada en varios de los personajes de las mujeres que aparecen en sus cuentos y novela. Son narrativas críticas ágilmente desarrolladas, en las que se aprecia el cuestionamiento hacia las formas establecidas y, de manera precisa, se advierte una cierta inquietud, si no de tono feminista, sí en abierto apoyo a la situación de sujeción que vivía la mujer en aquellos días. De igual forma y tratados bajo el cristal de la argumentación conservadora, se develan los prejuicios, anhelos y sinsabores por los que atravesaban las mujeres, que como ella iban en busca de nuevas experiencias y formas de sobrellevar los cánones impuestos.
 
 
Por su parte, las obras de teatro de corte realista y denunciante tratan temas políticos en los que la corrupción y la prepotencia se retratan a través de una lente de asombrosa actualidad. En Un drama, Antonieta retoma, a través de una pluma certera, sin concesiones y con un trasfondo psicológico, el juicio sobre el asesinato del presidente electo Álvaro Obregón en 1928 a manos de José de León Toral. El escrito, en todo el recorrido, mantiene la tensión, expectación y asombro sobre un episodio clave en la historia de México, al mismo tiempo que menciona al recién creado Partido Nacional Revolucionario (PNR), antecedente del Partido Revolucionario Institucional (PRI), apadrinado y solapado por el ex Presidente y autor intelectual del homicidio, Plutarco Elías Calles.
 
 
Su incursión en la novela con El que huía, que desafortunadamente queda trunca y cuyo desenlace se esboza en una parte del epistolario, remite al encuentro de una pareja en un viaje trasatlántico entre París y Nueva York. Antonieta evoca a la figura de una mujer que viaja sola, que conoce el mundo y que, al tiempo que se aparta, menciona los trágicos acontecimientos por los que atravesó México durante la Revolución de 1910. El hombre que enamora a la mujer y que ha quedado prendado de ella duda en continuar su viaje hasta México, al tiempo que la femme fatal le exhibe su desdén. En este desencuentro, la escritora nos traslada a un episodio amoroso en donde la sensualidad, el erotismo y el enamoramiento desbordan, quizá, en tono autobiográfico, el deseo y la pasión, motivados por los efluvios de la modernidad que en sus múltiples cartas Antonieta manifestó hacia varios de sus amigos, compañeros y amantes.
 
 
Si bien en los géneros del cuento y la novela Rivas Mercado denuncia de manera veraz y contundente la situación de la mujer, como fue apuntado en sus ensayos En torno a nosotras (publicado en el número 5 de la revista Ulises), La mujer mexicana e Ideales de las mujeres, sus planteamientos, no obstante su vanguardismo, quedan un tanto al margen de la entreverada realidad y problemática social que, sobre este tema, daba ya los primeros pasos, sobre todo en relación con el derecho al voto encabezado por las sufragistas en varios países del mundo. La autora menciona que la Constitución de 1917 no les otorgó a las mujeres mexicanas el derecho al voto, pero sí el del divorcio; subraya también, como casos aislados, que en los estados de Yucatán y San Luis Potosí se había logrado otorgar este derecho a las mujeres y que incluso algunas habían ocupado varias diputaciones.
 
 
En el capítulo que Tayde Acosta intituló Prosa varia, se expone un tema trascendente y determinante en la vida y obra de Antonieta: el grupo Teatro de Ulises. Esta temática, no obstante estar documentada por sólo tres artículos periodísticos publicados en Revista de Revistas y El Universal, de mayo de 1928, la investigadora nos expone, de manera analítica y realista, el panorama global de lo que fue esta controvertida experiencia teatral. Su origen, en 1926, año en que se conocieron los miembros del grupo, tiene como paradigma la publicación de Ulises. Revista de Curiosidad y Crítica, la cual lanzó su primer número en mayo de 1927. Encabezado y financiado en su mayor parte por Antonieta, tuvo el mérito de haber congregado a una pléyade de intelectuales, músicos, pintores y escritores, quienes no sólo publicaron seis números de la revista sino que conjuntamente llevaron a cabo la labor de modernizar el concepto teatral que imperaba en México. El Grupo Ulises, antecedente de Contemporáneos, estuvo integrado por varios de los jóvenes escritores más brillantes de ese momento: Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Gilberto Owen, Enrique González Rojo, Jaime Torres Bodet o José y Celestino Gorostiza, entre otros.
 
 

Portada de Ulises. Revista de Curiosidad y Crítica, núm. 5, Ciudad de México, diciembre de 1927 (editores: Salvador Novo y Xavier Villaurrutia).

 
De izquierda a derecha, sentados: Eduardo Villaseñor, José Rubén Romero, Mariano Silva y Aceves, Bernardo Gastelum, Enrique González Martínez, Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen y Julio Torri; de pie: Bernardo Ortiz de Montellano, Julio Jiménez Rueda, no identificado, Enrique González Rojo, Salvador Novo, Jaime Torres Bodet, Jorge Zalamea, no identificado, no identificado. Durante un banquete ofrecido por escritores mexicanos a Enrique González Martínez, 1927. Tomada de Tayde Acosta Gamas, Antonieta Rivas Mercado. Obras, México, Siglo XXI, Secretaría de Cultura, 2019.

 
En cuanto al Teatro de Ulises, promovió, además de a la pléyade de jóvenes escritores, la obra de excelsos pintores, que por no ser afines a la llamada Escuela Mexicana de Pintura se les menospreciaba y consideraba artistas menores. Tales los casos de Manuel Rodríguez Lozano, Antonio Ruíz El Corcito, Agustín Lazo, Roberto Montenegro, Adolfo Best Maugard y Julio Castellanos, de quienes, paradójicamente, su obra pictórica ha sido merecedora, a últimas fechas, de espléndidas exposiciones y conferencias sobre su trayectoria en los recintos más emblemáticos del arte en la Ciudad de México.
 
 
De izquierda a derecha, arriba: José el Che Estrada Menocal, Amelia Rivas Mercado (hermana de Antonieta), Manuel Rodríguez Lozano, Antonieta Rivas Mercado, Xavier Villaurrutia y Andrés Henestrosa; abajo: Julio Castellanos y Donald Antonio Blair Rivas (hijo de Antonieta). Tomada de Tayde Acosta Gamas, Antonieta Rivas Mercado. Obras, México, Siglo XXI, Secretaría de Cultura, 2019.

 
Así, los escritores y artistas plásticos, motivados por Antonieta, no sólo llevaron a cabo la selección de obras sino que, al mismo tiempo, las tradujeron, armaron los guiones, concretaron las escenografías y fueron actores y directores de las mismas. Es en este sentido que la labor de Antonieta se manifiesta de manera contundente. Logró reunir a jóvenes brillantes dentro de las letras mexicanas y a pintores de méritos indiscutibles, quienes, en conjunto, recrearon, bajo cánones de modernidad, los guiones teatrales y las escenografías. Las puestas en escena estaban sustentadas en obras de autores de la talla de Jean Cocteau, Eugenie O´Neil, Lord Dunsany o Claude Roger-Marx, entre otros, y contaron con la colaboración de actores como Clementina Otero, Carlos Luquín, Rafael Nieto, Isabela Corona y Lupe Medina de Ortega, quienes, como compañía teatral, proyectaron un escenario vanguardista, de toques surrealistas, que al mismo tiempo que fue incomprendido y se le cuestionó por escandaloso e impropio, sería más adelante la base para los proyectos teatrales de las dos décadas siguientes que devinieron, en 1946, en la creación de la Escuela Nacional de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.
 
 
Finalmente, el libro incluye el copioso material sobre las muy comentadas cartas que Rivas Mercado le escribió al pintor Manuel Rodríguez Lozano, su amor ideal, imposible y quizá ilusorio, creado en la fantasía, a fin de sobrellevar el dolor de sus angustias.
 
 
Ante una situación vivencial de varios internamientos médicos por depresiones nerviosas, desencantos amorosos, la pérdida de la custodia de su único hijo y el alejamiento de su familia, Antonieta tomó la decisión de terminar con su vida. El 11 de febrero de 1931, en la iglesia de Nuestra Señora de París, fue encontrada con un disparo en el corazón.
 
 
Guillermo Ruiz, La pureza (Antonieta Rivas Mercado), 1925, bronce.

 
Así, ante este trágico final, nos encontramos por otro lado, con un caleidoscopio de propuestas que nos invita a penetrar en el mágico, conmovedor, controvertido y palpitante universo que envuelve a la figura, quizá mítica, legendaria y transgresora, de una mujer que, inmersa en un momento trascendente de la historia de nuestro país, logró proyectar las bases de una cultura de avanzada y que, cual tormenta en el océano, trastocó el orden existente de la cultura en el ambiente del México posrevolucionario.
 
 
 
 
 
 

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