Coloquio

El ver por delante de José Luis Brea

Posted on 16 febrero, 2015

Loreto Alonso Atienza
 
 
Del 15 al 17 de enero de 2015 se realizó el coloquio Las tres eras de la imagen en la Biblioteca Vasconcelos en la ciudad de México. Fue convocado por el Centro de la Imagen y 17 Instituto de Estudios Críticos, y entre los participantes estuvieron importantes representantes de los estudios visuales como Keith Moxey, William J. T Mitchell y Mieke Bal. El coloquio utilizó el título del último libro en vida del pensador español José Luis Brea.
 
 
La obra de Brea dibuja una trayectoria que resulta muy significativa para entender la evolución y las problemáticas en torno al arte contemporáneo, las nuevas formas de producción y distribución de las imágenes y las posibilidades epistemológicas actuales. Brea comenzó su andadura como artista, curador, escritor y experimentador nato. Destacan de esta primera época las obras Nuevas estrategias alegóricas y Un ruido secreto, en las que su pensamiento se desarrolla enredado con el arte y sus estrategias conceptuales y lingüísticas, formas que parecen ir creciendo hasta su disolución en una estética postmedia. Los siguientes escritos son representativos de esta deriva: El tercer umbral y Cultura RAM desarrollan un pensamiento radicalmente crítico a la par que analítico de las posibilidades de las imágenes en el capitalismo global hasta llegar a los estudios visuales: un entorno de pensamiento liberado de las antiguas disciplinas tanto del arte como de la historia del arte, sin alineamientos metodológicos y siempre con una característica actitud crítica como se recoge tanto en Las tres eras de la imagen como en la compilación de sus últimos escritos editados por María Viginia Jaua con el título El cristal se venga, recientemente publicada por la Fundación Jumex.
 
 
Como señaló Miguel Ángel Hernández Navarro, la obra de José Luis Brea recorre estas distintas preocupaciones desde un pensamiento móvil y no temeroso de poner en suspensión cualquier dogma de fe. Es constante desde distintas perspectivas una preocupación por el modo de administración de las imágenes en su producción y circulación; en los últimos tiempos puso el énfasis en cómo se constituyen y cómo podemos desmontar los modos de control y hegemonía en el régimen de la “hipervisualidad administrada” en la que vivimos.
 
 
Las tres eras de la imagen constituye un libro fundamental para cualquiera que se interese en el pensamiento sobre las imágenes y desde las imágenes del presente. Con gran claridad y capacidad de síntesis, recorre los tiempos no lineales sino habitualmente sincrónicos de la imagen-materia, la imagen-film y la imagen electrónica (e-imagen).
 
 
Promesa de eternidad y archivo metaestable, en la imagen-materia los contenidos se mantienen siempre únicos e identificables, dados a ver a nuestro ojo, en una cultura cristiana y ocularcentrista. Promesa de eternidad y de individualización, esta imagen-materia se presenta en la pintura, la escultura, la fotografía y otros objetos que constituyen una forma de memoria de almacenamiento que en términos informáticos podríamos asemejar a la memoria ROM de las computadoras.
 
 
La imagen-film, no responde a las visiones de un ojo biológico humano sino de un ojo técnico. Se trata de una imagen dinámica, denominada como imagen-movimiento e imagen-tiempo en la teoría de Deleuze sobre el cine. Sueño, proyección, proyecto, esta imagen-film guarda la promesa de emancipación del sujeto moderno para el que el arte se constituye como un desvelador de lo visible. La imagen-film ofrece un tipo de memoria de corta duración, una memoria REM basada en la persistencia retiniana del 1/24 segundos, que responde a lo que Brea, siguiendo a Benjamin, llama JetztZeit, “tiempo-ahora”.
 
 
La e-imagen es la imagen de las mil pantallas, de la absoluta ubicuidad, imagen fantasma, sin original, y una imagen mercancía que puede fungir tanto como engordadora de los circuitos del lujo suntuario de las economías del capitalismo como también una esperanza emancipadora del porvenir de una economía simbólica de la abundancia, en la cual es más importante el acceso que la propiedad, en la cual es fundamental luchar por la construcción de comunidades que comparten datos e ideas. Rastro de lo infraleve duchampiano, en la era de la (re)productibilidad electrónica, la memoria es un motor de procesamiento que en términos informáticos coincide con la memoria RAM de las computadoras.
 
 
El pensamiento de Brea no ha acabado. Las imágenes son cada vez máquinas más complejas, la preocupación por los regímenes escópicos de nuestro tiempo se extiende. Ejemplo de tolerancia cero al espectáculo, como nos recuerda Hernández Navarro, José Luis Brea sigue siendo el desarrollador de una crítica valiente a la autonomía del arte y a las derivas epistemológicas en las que intentamos navegar.
 
 

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