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Encuentro Malraux de Arte y Educación

Posted on 10 septiembre, 2014

Loreto Alonso Atienza

Del 6 al 8 de mayo de 2014 se llevó a caboel Encuentro Malraux de Arte y Educación, coordinado por Patrick Talbot, director honorario de Escuelas de Posgrado de Arte de Bourges y Nancy y de la Escuela Nacional Superior de Fotografía, Francia, y Humberto Chávez Mayol, investigador del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap). A continuación un resumen de las sesiones que tuvieron lugar durante el primer día de trabajos en la sede del Cenidiap, ubicada en el piso 9 de la Torre de Investigación del Centro Nacional de las Artes en la ciudad de México.

El acto de apertura fue presidido por Elisabeth Belton Delègue, embajadora de Francia en México; Jorge Gutiérrez, subdirector general de Educación e Investigación Artísticas del Instituto Nacional de Bellas Artes; Patricia Fernández, en representación del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; Mario Méndez, en representación de la Universidad Autónoma de Nuevo León; Carol Alexandre, representante del Ministerio de Cultura y de la Comunicación en Francia, y Carlos Guevara Meza, director del Cenidiap. Todos ellos coincidieron en destacar la importancia de esta colaboración conjunta en materia de educación artística e intercambio cultural. También animaron a los presentes a reflexionar sobre  acciones concretas y a considerar los efectos de los modelos  de academización y los modos de evaluación y legitimación de los sistemas francés y mexicano.

Las intervenciones por parte de los dos coordinadores destacaron la importancia de la defensa de espacios de producción y circulación de lo artístico.

Desde la experiencia francesa, Talbot manifestó la preocupación ante los efectos del Plan Bolonia, impuesto por la política europea y que obliga a una reorientación profunda de la educación en general. Planteó la importancia de la construcción de trayectorias curriculares particularizadas y de considerar las posibilidades de flexibilidad y adaptación. También resaltó la necesidad de cuidar que los objetivos de profesionalización no impidan una visión más amplia de formación, una verdadera bildung que favorezca una construcción integral de pensamiento. En este sentido, formuló preguntas sobre las formas académicas en relación con la educación artística y las prácticas de arte contemporáneo: ¿debe el arte acceder a esos niveles? ¿Se deben seguir escribiendo las tesis como en las disciplinas humanísticas? ¿Es posible desde las artes aportar nuevos formatos como el audiovisual?, en estos momentos en que los objetos y productos artísticos se multiplican y diversifican, en los que el régimen estético de las imágenes sustituye a un régimen representativo del arte. Dijo que los modos de pensar heredados del arte deben ser considerados como aportación fundamental para el enriquecimiento de la cultura, y concluyó que la resistencia de otros campos es la incomprensión del arte contemporáneo.

Chávez Mayol planteó un panorama caracterizado por la reducción de distancia entre teoría y práctica artística experimental. Señaló que la construcción de objetos estéticos, como operadores de sentido, están sufriendo grandes transformaciones debido en parte a la adopción de nuevas tecnologías que favorecen sistemas multimedia con  un mayor alcance de proyectos. Abundó en que la complejidad, tanto de la práctica artística como de su enseñanza, intensifica la necesidad de encontrar metodologías útiles que nos permitan distinguir planteamientos. También apeló a la necesidad de unir esfuerzos por la vinculación, intercambio y homologación entre instituciones internacionales. El investigador añadió que la estética como campo de sentido reclama otros modos de conocimiento, que implican introducir análisis críticos del poder cultural, facilitar el encuentro de saberes y desarrollar sistemas de significación, semióticos y de corte epistémico. Por esto reivindicó la constitución y reforzamiento de seminarios de reflexión metodológica transdiciplinaria, que en ámbitos transinstitucionales puedan crear el dialogo entre diferentes planteamientos metodológicos.

En la primera sesión del seminario, titulada “La enseñanza artística. Modalidades pedagógicas en las escuelas de arte”, Jean Paul Ponthot, director de la Escuela Superior de Bellas Artes de Aix-en-Provence, que participa en el proyecto  Fábrica de imágenes, planteó que existe una paradoja alrededor de la formación: mientras que en las instituciones universitarias tradicionales los saberes se van acumulando , en las escuelas de arte la relación con estos saberes es diferente y normalmente no se busca cumplir un programa definido, por lo que la adaptación de un modelo a otro puede favorecer una cierta mediocridad. Sostuvo que es importante asumir que las escuelas están proponiendo un aprendizaje en principio no especializante, por lo que es fundamental el desarrollo de trabajos colegiados para que los alumnos puedan siempre ser apoyados desde las distintas especialidades que intervengan. Se trata, dijo, de apoyar  a los estudiantes para que sean capaces de componer sus propias materias.

 

Gerardo Suter, de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, también señaló la necesidad de discutir las concesiones que desde las escuelas de arte se hace a la esfera académica científica. Por otro lado, propuso mantener en el horizonte de la discusión la distinción entre la educación en artes visuales y la educación en artes escénicas. Asimismo, consideró esencial tener en cuenta el perfil de ingreso de los estudiantes a los programas de estudio. Desde su experiencia en el estado de Morelos, resaltó la importancia de reforzar conocimientos los dos primeros años, pues el alumno generalmente llega con deficiencias en su formación de cultura general. En ese sentido, planteó la importancia de mantener en este primer ciclo un tronco básico que aporte herramientas amplias para que en un segundo momento se consideren opciones de mayor especialización. Con respecto a los programas de educación superior y desde el proyecto de maestría en Producción Artística que ofrece su institución, propuso invertir el binomio teoría-práctica con el objetivo de establecer una nueva relación de poder en los conocimientos artísticos. Destacó la importancia de reconocer el proceso artístico no sólo en su faceta de producción, sino también como forma de distribución, y defendió la trascendencia de ubicar nuestras propias metodologías en un sistema propio en el que el puedan desarrollarse procesos de enseñanza más cercanos a los procesos de creación. En la vida real, concluyó, la teoría no va delante de la práctica; todo es experimentación.

En la segunda sesión, “Características de la investigación en arte dentro de las escuelas superiores de arte: la bitácora”, Phillipe Hardy, director de la Escuela Superior de Arte de Bretaña, propuso algunas aportaciones concretas desde su experiencia como escuela europea, creada a partir de muchas escuelas anteriores. Esta unificación ha hecho necesario revisar todos los informes escritos desde el inicio de la carrera por los estudiantes y plantear una jerga común. Consideró necesario combinar los trabajos de los profesores de arte con los de historia y de filosofía. Señaló la importancia de la mayéutica, que permita a los estudiantes desarrollar su propia personalidad, generar un campo de conocimiento de sí mismos que les permita enfrentarse a muchos otros campos de conocimiento. En este sentido, se refirió a las actuales posibilidades de e-learning y la libertad de estudiar fuera de los cursos estipulados. Como algunos otros compañeros de las escuelas francesas, defendió la posibilidad de formas de expresión de las investigaciones artísticas que vayan más allá de lo escrito. Diarios, blogs, y bitácoras, así como la absoluta necesidad de mantener contactos paralelos con otras escuelas y centros de investigación.

Por último, Ana Lilia Maciel, coordinadora de la Academia de Etapa Final en la licenciatura en Artes Plásticas y Visuales de la Escuela Nacional de Escultura, Pintura y Grabado, planteó un análisis de la experiencia de la bitácora de investigación artística en dicha institución educativa. Resaltó la importancia de considerar una cartografía abierta en los procesos de educación en el arte, para poder considerar en su amplitud las dificultades inherentes a trabajar sobre la experimentación en medios expresivos. Propuso que la bitácora sea una herramienta de formación de un campo sintético estético, que facilite la identificación de procesos de subjetivación, teniendo en cuenta la advertencia que en su momento hizo Guattari frente a flujos maquínicos homogeneizantes. Maciel destacó la importancia de impulsar, a través de la forma de bitácora, un entendimiento tanto de los procesos de trabajo como de los recursos. Se trata, dijo, de esbozar y no imponer resultados en un proceso que se mantiene siempre abierto a distintas variables de expresión y versiones. Podría decirse que permite modelar sin conocer el modelo y de esta forma dar cabida a la aparición de espacios intersticiales en los que puedan darse desplazamientos en sensaciones, experiencias y facilitar la emergencia de formas y metáforas diferentes; proporcionar un espacio abierto a la agencia y el acontecimiento, múltiple e  intensivo.

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