Entrelazados 2

Figurar la indignación

Posted on 26 octubre, 2015

Alfredo Gurza
 
 
Suad, artista nacida en Casablanca, Marruecos, y avecindada en México desde 2010, expuso durante junio en el salón 123, a través de la iniciativa Un mes | Un artista, la obra Entrelazados, que es la condensación de su práctica plástica, acumulada en sucesivas depuraciones y ahondamientos a su estudioso paso por Lyon, Londres y Nueva York, así como el anuncio de su nuevo dominio: como saber/oficio y como territorio de exploración sígnica.
 
 
Círculos concéntricos de hilo de cobre tejido a mano penden de un tubo del mismo metal en una pequeña habitación, enmarcados por las paredes blancas que realzan la presentación de la obra con esa aura de recato que mejor se aviene con la solemnidad conmovedora que su recepción amerita. Tras la urdimbre metálica, que así hace las veces de delicado velo, aparece en la pared del fondo una línea trazada en exquisita caligrafía árabe. Las volutas de cobre se entretejen a la vista con las de la frase, cuyo sentido es revelado por una discreta tarjeta en una pared lateral mediante su transcripción fonética y su traducción castellana: “Ya me cansé”.
 
 
La disposición de la pieza es testimonio de la sensibilidad de Suad a los materiales y las escalas, a los problemas de la ocupación humanizada del espacio, derivada de su formación como arquitecto en Francia. El encuentro con la pieza está cifrado por sutiles mediaciones perfectamente calculadas para reventar la ilusión de lo inmediato sensorial y reconducir la experiencia afectiva hacia el recogimiento reflexivo y, de ahí, enriquecida, de vuelta a lo maravilloso sensorial.
 
 
Aquí se entrelazan el hilado y la caligrafía; los horizontes culturales de la artista (el Magreb, Europa Occidental, Estados Unidos, México); modos de producción y representación en contradictoria imbricación histórica; latencias y potencias de lo simbólico; consonancias y disonancias significadas por la réplica incipiente al avasallamiento bajo la ley del valor mundializada: el “Ya me cansé” de la primavera árabe brutalmente hibernada, de los feroces Ayotzinapa del día tras día, también mundializados.
 
 
En la construcción del símbolo por derrame generoso de sentidos, la figuración da sobrada cabida a la recirculación creativa, desactivando el peligro de dispositivos de constreñimiento tales como la gazmoñería panfletaria, banal inventario del “odio mediocre” que decía Bogdanov, la gestualidad sentimental tan inoperante como cursi, o el pintoresquismo de lo exótico que alza barreras infranqueables donde lo que hay son lindes porosas.
 
 
El texto/tejido de Entrelazados urde amorosamente una trama de identidades bordadas por la dialéctica de lo propio y lo común, concretando en la indignación compartida el potencial transformador de la con-dolencia.
 
 

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