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La habitación propia: reflexión sobre el espacio privado en las artes visuales

Posted on 12 septiembre, 2014

Miki Yokoigawa y David Pérez Becerra
 
 

Es vano decir que los humanos deberían estar satisfechos con la quietud: necesitan acción; y si no la encuentran, la fabrican.

 
 
Durante una conferencia dictada en 1922 en los colegios femeninos de la Universidad de Cambridge, la escritora Virginia Woolf expresó: “Cuanto podía ofreceros era una opinión sobre un punto sin demasiada importancia: que una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; y esto, como veis, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela”.(1)
 
 
Esta polémica reflexión nos revela los diferentes aspectos de la condición necesaria para la creación-producción artística. Dicha cuestión está presente en la discusión actual de nuestra disciplina, es decir, podemos todavía preguntarnos ¿cuál es la condición necesaria para poder crear o producir obras artísticas en nuestra época?
 
 
A partir de esta premisa, el Laboratorio AV(2) ha propuesto un ejercicio teórico fundamentado en un grupo de lectura en torno al ensayo de Virginia Woolf “A Room of One’s Own”, texto que ha propiciado el debate sobre problemáticas vigentes en el ámbito de las artes visuales: la necesidad de una habitación propia, un espacio personal, íntimo o individual, que remite al argumento entre espacio público y privado, posibilidad que considera al recinto doméstico como un espacio reservado para la construcción particular, proceso propio de la esfera privada, pero incompatible con el espacio doméstico, siendo este último para Woolf el lugar que nos enfrenta a lo privado como una ficción: “La vida se halla en conflicto con algo que no es la vida. Por tanto, ya que en parte es la vida, como la vida lo juzgamos”.(3)
 
 

Es claro el argumento de Woolf en torno a la necesidad de la independencia económica, sentido que se aprecia con soltura a lo largo de su ensayo y nos acerca a uno de los argumentos recurrentes en torno a la producción-creación de obras artísticas, la limitación y la condescendencia social. Sin una solvencia económica, dice la escritora, el desarrollo intelectual y artístico se paraliza: “La libertad intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual […] por eso he insistido tanto sobre el dinero y sobre tener una habitación propia.”(4)
 
 

Una de las consecuencias directas que sufren estas afirmaciones es la de convertirse en un tipo de pensamiento vedado, prohibido y censurado, precisamente porque no se reconoce en la ironía existente: el consumidor. La distinción entre genuino y artificial, hogar y guerra, nos decanta ante la necesidad de empezar a ver el desarrollo intelectual a través de su relación con la divergencia de intereses de la mercancía cultural y la forma: “En que todo nuestro sistema social contemporáneo ha empezado poco a poco a perder su capacidad de retener su propio pasado y ha empezado a vivir en un presente perpetuo”.(5)
 
 

De ello que el interés del Laboratorio AV respecte no sólo del reconocimiento, sino de la influencia de Una habitación propia en el marco del espacio de creación de las artes visuales y la construcción en torno de una traducción visual y no de una ilustración.
 
 

Algunas habitaciones en las artes visuales
 
En el ámbito de las artes visuales tenemos abundantes ejemplos de obras que presentan el tema de la habitación propia. Entre ellas podemos mencionar tres que por su popularidad nos sirven para afirmar la recurrencia histórica de este tema en la representación visual: El arte de la pintura (Alegoría de la pintura) (1666) de Johannes Vermeer (Países Bajos, 1632-1675) y El taller del pintor (1855) de Gustave Courbet (Francia, 1819-1877). Ambas muestran escenas del taller del autor como el espacio asignado para la producción artística. Otro caso sería El dormitorio del artista en Árlés (1888) de Vincent van Gogh (Países Bajos, 1853-1890), autor que nos presenta su propio dormitorio como el espacio íntimo del artista.
 
 

En el contexto del arte contemporáneo, podemos citar la obra Half-A-Room(6) (1967) de Yoko Ono(7) (Japón, 1933-), pieza elaborada tras la muerte de John Lennon, su pareja sentimental, y My Bed(8) (1999) de Tracey Emin(9) (Inglaterra, 1963-) instalación que recrea la habitación de la autora como un espacio poblado de objetos de uso personal; en ambos casos se representa la habitación propia de manera más directa, en un sentido ilustrativo
 
 

En el caso que nos ocupa, la aproximación se circunscribe a ejemplos no tan descriptivos, es decir, obras que representan o reinterpretan la esencia de la habitación propia a través de una expresión visual que cuestiona el espacio privado con relación al público.
 
 

Caso concreto es el de la serie de fotomontajes de Martha Rosler(10) (Estados Unidos, 1942) House Beautiful: Bringing the War Home(11) quien con su obra nos hace reflexionar escépticamente sobre la posibilidad de tener un espacio privado en nuestro tiempo contemporáneo. La serie fue elaborada y presentada entre 1967-1972 en el contexto social de la intervención de Estados Unidos en la guerra de Vietnam a partir de 1960. Esta serie realiza una comparación esquemática que como punto de partida, nos devela una imagen de “mi dulce hogar” como el espacio privado final donde la cocina o la sala son símbolos del sueño americano de la clase media, inseparable de la estrategia comercial sistematizada de la imagen y también de la miseria de la guerra suplente en la ex colonia bajo la estructura de la Guerra Fría, cuyos objetivos eran ampliar y defender la democratización junto con el capitalismo.
 
 

Por ejemplo, en Red Stripe Kitchen(12) (60.3 x 46 cm), se encuentran dos soldados equipados en las dos puertas que se ven al fondo de la cocina de diseño moderno y simple, predominan en la imagen los colores blanco y rojo. Los dos hombres agachados con uniforme de camuflaje desaseado y arremangado, aparentan buscar algún objetivo u objeto en el suelo. No se ven las armas pero, considerando el contexto temporal, ellos serían los soldados norteamericanos asumiendo el cargo en Vietnam, son los soldados que fueron vistos en la televisión, en el periódico o las revistas todos los días. Estos personajes crean un ambiente sumamente extraño en la imagen del interior de una casa limpia y agradable.
 
 

En otro trabajo de la misma serie, Balloons(13) (60.2 x 47.9 cm), en la parte mitad derecha, separada simétricamente, se ve una pared de color beige con una ventana junto a una maceta, la que sería la pared de una escalera interior, la otra mitad como continuación de dicha escalera, es el entrepiso donde se encuentran unos sillones acompañados de una mesa de vidrio sobre una alfombra blanca. La sala se abre a un balcón blanco y luminoso. En la esquina de la habitación y sobre el fondo de las paredes blancas, se ven unos globos de colores, rojo, azul, y amarillo. En primer plano destaca la imagen de un hombre asiático al que puede vérsele de la cintura hacia arriba, que lleva un niño pequeño medio desnudo en los brazos, personaje que se encuentra en el centro bajo de la composición, casi en medio de la escalera. El hombre con gesto evidentemente infeliz está aturdido con el niño que no se sabe muy bien si está con vida o sin ella, escena del vietnamita que va desesperadamente de un lugar a otro tratando de huir del desastre en que su propio país se había convertido, imagen de una guerra catastrófica que sustituyó a la Guerra Fría, frecuente en la televisión. Igual que la obra anteriormente citada, se genera un ambiente exageradamente extraño en el interior de una casa luminosa y tranquila.
 
 

En estos trabajos, Rosler coloca esquemáticamente a los personajes de la guerra en el interior de una casa, símbolo del dulce sueño estadunidense de la clase media, yuxtaponiendo dos elementos incompatibles como la paz y la guerra, el hogar y el campo de batalla, seguridad e inseguridad, limpia y sucia, sana e insana, Estados Unidos y Vietnam en el mismo plano espacial, reclaman la actitud engañosa que intenta ocultar su postura como ejecutor que interviene en la guerra. La vida cotidiana estadunidense oprime la miseria y la catástrofe bélica termina siendo un suceso de tierras lejanas, cuyas imágenes fueron enmarcadas por los medios de comunicación. Del mismo modo, la imagen de la agradable vida americana cubre el hecho de ser la ejecutora y dicha opresión en sí. La yuxtaposición que nos muestran las obras de House Beautiful: Bringing the War Home nos hace reflexionar sobre el sistema estratégico para la insensibilización a la guerra en el campo visual. Además de esto, el proponer la interacción entre los elementos de la guerra y la imagen del hogar o la casa como el espacio privado, nos permite reconfirmar el aspecto fundamental de la guerra, la cual nos moviliza obligatoriamente al principio público despojándonos de la privacidad a la fuerza, tanto a nivel político como económico. Es decir, a primera vista parece que sólo yuxtapone lo privado y lo público como dos factores opuestos e incompatibles, no obstante, en realidad propicia la reflexión sobre un aspecto de la guerra que invalida inmediatamente la división entre ambos contextos.
 
 

Para mayor desgracia, la imagen mencionada de la casa con la sala y la cocina en sí es una imagen consumible apoyada por la estrategia publicitaria, es ni más ni menos que la imagen presentada por la Industria Cultural que indican Adorno y Horkheimer.(14) Con todo lo que hemos observado, la pregunta ¿qué es y cómo es la habitación propia como un espacio privado? Nos permite señalar que ya no es algo evidente en nuestro tiempo. Martha Rosler ha presentado una nueva serie de House Beautiful: Bringing the War Home, New Series,(15) obras elaboradas entre 2004 y 2008, en el contexto de la segunda guerra de Irak. En esta serie representa más radicalmente la fase actual que hace difícil distinguir la separación entre lo público y lo privado, y a su vez realiza una crítica aguda hacia la imagen consumible, expandida por la industria cultural y sistematizada cada vez más en nuestro tiempo, cuestionando también las intervenciones militares a gran escala que han seguido después del fin de la Guerra Fría por parte de Estados Unidos. Una habitación más íntima quizá sea Spider(16) (1997, 449.6 x 665.5 x 518.2 cm), una de las obras que presenta Louise Bourgeois en la exposición Le Petite Maman (Consejo Nacional de Bellas Artes con curaduría de Philip Larratt-Smith de Museo del Palacio de Bellas Artes en Mèxico), una celda de planta oval cubierta por un enrejado de alambre que soporta fragmentos de tapicería antigua, tanto en el exterior como en el interior, además de recubrir en su totalidad la puerta. Encima de la celda se encuentra el cuerpo de una araña gigantesca que reposa sobre el techo y sus ocho patas se abren alrededor. Al interior está colocada una silla de fina tapicería rodeada de artículos personales de la autora y de su madre que penden del techo o se sujetan a las paredes, como un reloj, un relicario o una pequeña botella de perfume. La instalación nos refiere a un espacio personal e íntimo, donde el tapiz hace referencia a la madre de Bourgeois quien tejía y restauraba este tipo de textiles, elementos que nos guían y confirman que este espacio es una asimilación de la habitación donde la autora pasó su niñez, memorias que construyen un entorno marcado por la separación y la muerte de su madre.
 
 

El motivo de la araña se presenta repetitivamente en la producción visual de la artista, quien considera esta imagen un homenaje a su madre. De hecho, la escultura Maman (1999, 927.1 x 891.5 x 1023.6 cm) una araña monumental que pesa 10 toneladas y que se instaló enfrente del Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, es una de las piezas más representativas del trabajo de la creadora. La imagen del insecto macabro expresa las dos dimensiones de la madre, la mujer que ama, cuida y cría, frente a aquella que posee, controla y oprime, asociada con la madre de la artista quien era una restauradora de tapicería. La habitación propia de Louise Bourgeois tiene varias capas de referencias y un carácter opuesto en el espacio protegido, íntimo, donde uno puede refugiarse y al mismo tiempo ser oprimido.
 
 

Hasta aquí hemos reflexionado sobre la habitación propia a partir de las obras referenciales de Martha Rosler y Louise Bourgeois, en los fotomontajes de la primera se enfrenta dos conceptos circunscritos en un mismo espacio, el ámbito público y el privado que invade violentamente la escena del sueño americano, mientras que en las obras de la segunda artista, la imagen queda aprendida en una privacidad íntima. Ambas autoras pueden ayudarnos a clarificar el cuestionamiento inicial de este trabajo, contextualizando la pregunta ¿cuáles son las necesidades que demanda nuestra época para la producción artística? Esperamos que estas reflexiones construidas en torno del Laboratorio AV se aborden en futuros trabajos a la vez que se reflejen en la traducción visual de nuestros estudiantes del Área Académica de Artes Visuales, quienes conscientes de su libertad, como diría Woolf hace casi cien años: “tengan el valor de escribir exactamente lo que piensan”.(17)
 
 

Notas
 
1. Virginia Woolf, Una habitación propia, Barcelona, Seix Barral, 2008.
 
2. La habitación propia en la práctica visual es un proyecto de investigación teórico práctico colectivo dentro del proyecto Laboratorio AV, dirigido por Dra. Miki Yokoigawa con la colaboración de estudiantes, profesores y miembros del cuerpo académico “Prácticas Visuales en el Arte Actual” (UAEH-CA_77) del Área Académica Artes Visuales en el Instituto de Artes con el Apoyo del fomento a la generación y aplicación innovadora del conocimiento por parte del Programa para el Mejoramiento del Profesorado (PROMEP).
 
3. Virgina Woolf, op. cit., p. 119.
 
4. Ibidem, p. 178.
 
5. Hal Foster (ed.), La posmodernidad, Barcelona, Kairós, 2006, p. 185.
 
6. Consultar imagen: Half-a-Room (1967) por ARTISHOCK Revista de arte contemporáneo, 27 febrero de 2014. Consultado el 10 de marzo 2014: http://www.artishock.cl/wp-content/uploads/2014/02/Yoko-Ono_Half_a_Room_1967.jpg
 
7. Sitio oficial de Yoko Ono. Consultado el 10 de marzo 2014: http://imaginepeace.com/
 
8. My Bed en el sitio de Tate Modern Museum. Consultado el 10 de marzo 2014: http://www.tate.org.uk/art/artworks/emin-tracey-emin-cv-cunt-vernacular-t07663
 
9. Sitio oficial de Tracy Emin Studio. Consultado el 10 de marzo 2014: http://www.traceyeminstudio.com/
 
10. Sitio oficial de Martha Rosler. Consultado el 12 de marzo 2014: http://www.martharosler.net/
 
11. Consultar imágenes: Marta Rosler de The collection of MoMa: http://www.moma.org/collection/artist.php?artist_id=6832
 
12. Consultar imagen: Red Stripe Kitchen from the series House Beautiful: Bringing the War Home en The collection of MoMa. Consultado el 12 de marzo 2014: http://www.moma.org/collection/browse_results.php?criteria=O%3AAD%3AE%3A6832
 
13. Consultar imagen: Balloons from the series House Beautiful: Bringing the War Home en The collection of MoMa. Consultado el 12 de marzo 2014: http://www.moma.org/collection/browse_results.php?criteria=O%3AAD%3AE%3A6832
 
14. M. Horkheimer y T.W. Adorno, Dialéctica de la Ilustración, Juan José Sánchez, Madrid, Trotta, 2009.
 
15. Consultar imagen: House Beautiful: Bringing the War Home, New Series en el sitio oficial de la artista Martha Rosles. Consultado el 12 de marzo 2014: http://www.martharosler.net/photo/war2/war1.html
 
16. Consultar imagen: Louise Bourgeos, Petite Maman, Museo del Palacio de Bellas Artes, Philip Larratt-Smith, texto y curaduría. Consultado el 11 de marzo 2014: http://museopalaciodebellasartes.gob.mx/micrositios/lb/assets/descargables/cuadernillo_louise_bourgeoise_mpba.pdf
 
17. Virgina Woolf, op. cit., p. 188.

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