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La teoría desamparada

Posted on 18 noviembre, 2016

Alberto Híjar Serrano
 
 
Ciprianodonte quinteto ofreció el concierto necesario para acompañar las ponencias sobre descolonización y práctica estética del coloquio internacional por el centenario de Juan Acha. Pocos músicos cuentan con la formación profesional de Arturo Cipriano construida en recorridos por América incorporando ritmos, melodías y poesía a composiciones irreductibles al mercado. Veinteañero, arribó a Brasil y su virtuosismo con la flauta le ganó la amistad de músicos como Milton Nascimento, Gilberto Gil y Moacir Santos. Internacionalista y americano a la manera de Martí constructor de Nuestra América opuesta al panamericanismo imperialista, Cipriano se apropia de sones y temas mexicanos, rinde homenajes a compañeros como Roberto González, autor de “El Huerto”, o Vidal Ramírez y el Milongo de los tiempos del grupo La Nopalera. La apropiación es enriquecida con arreglos y versos como los de Nicolás Guillen incorporados a la nueva versión. Cipriano con flauta transversa, saxofón soprano o armónica y voz no sólo para decir con palabras sino también con sonidos diversos, acompañante de la voz de Azucena Méndez, el piano de Keiko Niikura, David Caspeta en la batería y Omar Vázquez en el bajo, homenajean a Mayahuel, señora del pulque y el maguey con intervenciones poéticas del colombiano León de Greiff y Enrique González Rojo. “Acapulque manda” es otro homenaje de Cipriano de quien escuchamos también “Omar atlántico” dedicada a un infortunado músico yucateco. Músicas de otros continentes asolados por guerras imperiales y migraciones forzadas, son cantadas con músicas de Rabin Abou Khalil, por ejemplo. Los cultos de pueblos originarios son aludidos en Cihuapipiltzin y de Manduka, un ceremonial por “Mi cuate”.
 
 
El concierto en el Teatro de las Artes (Centro Nacional de las Artes, Ciudad de México) del 27 de octubre fue gozado por público escaso. La poca propaganda y el teoricismo de los estudiosos del arte y la estética alejados de toda práctica explican esta bella golondrina que no hace verano.
 
 
Teresa del Conde con su excelencia de historiadora y teóricos sudamericanos del calibre de Colombres y Buntinx; antropólogas como Victoria Novelo, teórica y práctica de las artesanías; Cristina Híjar, esforzada estudiosa y participante de los artefactos artísticos en la calle; Carlos Blas Galindo, prologuista y profesor con Juan Acha en cursos y seminarios, fueron algunos de los destacados participantes. Entre ellos, Miguel Ángel Esquivel, de Estudios Latinoamericanos de la UNAM; Ezequiel Maldonado, de Literatura de la UAM Azcapotzalco que habló de José María Arguedas, paisano de Acha, al leer “El Sueño del Pongo” donde el patrón tiene que lamer la mierda que cubre al peón mientras éste lame la miel sobre el amo.
 
 
Ya no llegó Jorge Alberto Manrique. Murió el Día de Muertos. Deja la memoria crítica de la disputa entre el realismo nacionalista y por el socialismo y la no figuración. Su fama empezó con un premio a la crítica de arte ganado por su estudio sobre Juan Soriano. Historiador sobre todo, Manrique brilló en la UNAM, en el Colegio de México, dirigió la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Veracruzana, guió visitas a monumentos virreinales en el Curso Vivo de Arte para el que escribió un texto inédito de introducción a esa época. Nos encontrábamos al entrar o salir de la Plaza México, yo con boleto de sol y él de sombra como señal de nuestras diferencias que no impidieron nuestro mutuo afecto. Cuando fui perseguido por el Estado, fue de los primeros en protestar por escrito. El Instituto de investigaciones Estéticas alcanzó a celebrarle sus ochenta años de vida fructífera y gozosa. Nos vamos haciendo menos, los relevos despuntan.
 
 
4 noviembre 2016
 
 
 
 

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