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Lucía Vidales: los desastres de la vida

Posted on 11 noviembre, 2014

Carlos Guevara Meza
 
 
Texto de sala de la exposición Días aciagos de Lucía Vidales, Galería José María Velasco, ciudad de México, 2013
 
 
La obra de Lucía Vidales recuerda en primer lugar a El Bosco. Una figuración ingenua en apariencia (porque no es ingenua sino deliberada), un colorido y una luminosidad que contrastan con lo sombrío de los temas, monstruos fantásticos (símbolos de oscuridades terribles en el alma humana), figuras deformadas por la degradación y el dolor y una multiplicación de detalles que nos obliga a seguirlos y explorarlos minuciosamente con una fascinación que, debido a lo representado, raya en el morbo (del espectador, no de la imagen). La referencia es evidente en obras que recuerdan El jardín de las delicias o de plano citan con título y todo La nave de los locos. Hay también un aire de apocalipsis, no por venir, sino que ya sucedió. Y cierta identificación perversa con el caos resultante. Su Autorretrato desde el resentimiento brinda claves: se representa a sí misma como una niña sangrante, deforme y lastimada (utiliza aparatos ortopédicos en las piernas —una leyenda al lado apunta “no fue accidente—), un corazón roto y sangrante medio arreglado con seguros para ropa. Pero la niña sonríe, de una forma freak, pero sonríe. La misma niña (y otras figuras infantiles similares) aparecen continuamente en las imágenes, aunque no siempre con la sonrisa perversa. A veces son presa de la furia o de la melancolía. En el Autorretrato una leyenda en la parte superior dice en inglés “lo que el sistema me hizo”.
 
 
Así que la referencia quizá no sea tanto El Bosco sino Goya. El de Los caprichos, Los desastres de la guerra y las Pinturas negras. Para el pintor neerlandés la monstruosidad, las deformaciones, la degradación y sus sensualidades son resultado del pecado, y el dolor y el fin del mundo son consecuencias de la culpa y el castigo, en un contexto religioso donde Dios, a fin de cuentas, lo ha dispuesto todo; mientras que para el español, unas y otros derivan de la propia acción humana, de nuestra ignorancia, de nuestra historia, de nuestra crueldad, de nuestra incapacidad para ser mejores de lo que somos. En Lucía Vidales la tristeza, la depresión, el resentimiento, la destrucción y autodestrucción, la fascinación perversa por el dolor de los otros y el propio, son efectos de la vida social, su lógica depredadora, su desigualdad y sus violencias. Lo que no significa que seamos sólo víctimas de un orden (o desorden) cósmico ante el cual estamos indefensos, pero tampoco que podamos asumir en lo individual la responsabilidad total por el dolor que causa un sistema que, en principio, puede cambiarse. Hay, pues, lugar para la esperanza, pero sobre todo, para la acción. Acción, en consecuencia, social, colectiva.
 
Imágenes
 
Lucía Vidales Lojero, Alicia, 2013, óleo sobre madera, díptico, 120 x 120 cm.
 
Lucía Vidales Lojero, Budha riendo de la existencia, 2013, óleo sobre madera, 120 x 90 cm.
 
Lucía Vidales Lojero, La senda de la contradicción, 2013, óleo sobre madera, 180 x 240 cm.
 
Lucía Vidales Lojero, La guerra ha terminado. Democracyishere, 2012, óleo sobre tela sobre madera, 120 x 150 cm.
 

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