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Melecio. Gráfica combativa

Posted on 10 julio, 2019

Alfredo Gurza
 
 
La condición de exiliado como vivencia radical aparece en Melecio Galván (1945-1982) de manera paradigmática, con toda su terrible potencia de destrucción creativa. El exilio es destino inexorable de los revolucionarios, recomienzo sin vuelta atrás que obliga a tensar con mayor fuerza las capacidades de supervivencia, advertidos siempre de la acechante presencia del colapso.
 
 
Melecio no se vio forzado a abandonar su país por la violencia del Estado ni las depredaciones del capitalismo salvaje. Las conoció y supo conmoverse con quienes se vieron arrancados de sus hogares y sus amores, obligados a preservarlos con denuedo en la memoria. El suyo fue el exilio interior de quien toma conciencia profunda de lo real como simulacro que perpetúa la injusticia, la desigualdad y el sufrimiento intolerables. Es el desgarro del tiempo vivido como ajeno, del saberse desterrado de su hora.
 
 
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La sensación de extrañamiento y desarraigo lo condujo a desplegar una asombrosa dialéctica en imágenes para producir con destreza gráfica la crítica de las ideologías teóricas y prácticas que garantizan la reproducción ampliada de subjetividades subsumidas al capital, deslastrándose del continuo cotidiano y su cúmulo de certezas y rituales que abonan al orden de la dominación.
 
 
Desde la cobarde matanza de Tlatelolco hasta la barbarie de Estado contra los movimientos populares y las guerrillas en México durante la década de 1970, significar el proceso de la historia resultó para Melecio un imperativo político, ético y estético, al que respondió con una obra sin par que apenas comienza a revelar todos sus esplendores.
 
 
Elevarse a lo concreto para producir signos irreductibles, blindados contra la banalización, es la exigencia de este esfuerzo por hacer elocuentes el dolor y el placer, la violencia y la ternura, en la materialidad de sus contradicciones, para ir construyendo la tendencia libertaria, teniendo en cuenta el para qué y el para quiénes de la figuración, entendida como proceso de comunicación político-estética más allá de las aporías formalistas y contenidistas.
 
 

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Amaranta Galván.

 
Contra los juegos sintácticos y la innovación como mera estrategia de branding para destacar en el competido mercado de las sensaciones y los sentimientos, Melecio y sus compañeros en incontables iniciativas colectivas apuntaron a afectar todo el proceso de producción, circulación y valoración de las artes para contribuir a la subversión del envilecedor régimen de reproducción social.
 
 
Los signos importan. Son la cifra del exilio y la redención. Se trata de mostrar las categorías del capital como abstracciones inhumanas, todo ese léxico de la distopía como proceso identitario abominable, y su réplica impostergable. De ahí esos híbridos de huesos, tejidos y metal, esos dispositivos posthumanos de tortura y represión, monstruos que nos advierten de la trabazón de la ley del valor y la violencia. Pero de ahí también la infinita ternura, la fantasía, de las niñas y los niños figurados por Melecio.
 
 
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Echa mano con maestría de todos los recursos gráficos, desde la herencia europea del dibujo hasta la contracultura sesentera, la ciencia ficción, el cómic y la tradición del grabado mexicano, a través de medios de circulación y organización del trabajo tan diversos como innovadores para revelar la necesaria imbricación de la dimensión estética y la historia.
 
 
Los exiliados se nutren de los sueños de su imaginación itinerante. Las obras de Melecio son los triunfos del nomadismo de su praxis estética, arrancados a un altísimo costo personal de la masa de los signos, en lucha contra su alevosa pretensión de indiferencia y los usos de la inercia.
 
 
Ante la poderosa obra de Melecio recordemos que el ejercicio de la imaginación crítica nos convierte a todos necesariamente en exiliados y también en compañeros.
 
 
Exposición en el Museo Casa León Trotsky, Coyoacán, Ciudad de México. Abierta del 27 de junio al 27 de agosto.
 
 

 
 
 
 

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