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Relámpago en cielo despejado: Eleazar López Zamora (1947-2013)

Posted on 27 agosto, 2014

Alejandro Castellanos
 
La primera vez que escuché o leí la frase del título de este artículo fue con motivo de la presentación que hizo Eleazar López Zamora de la Fototeca Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), durante la mesa Fotografía y descentralización en las Crónicas Fotográficas. I Foro México-Estados Unidos que tuvo lugar en Xalapa en 1995. Aludió así a la dualidad de un proceso y un momento cuya impronta rebasa el ámbito de lo fotográfico y nos lleva a pensar en las políticas culturales en México y en la institución con sede en Pachuca que contribuyó a fundar y consolidar, cuyo ejemplo instauró un precedente tan extraño como es colocar un proyecto de carácter nacional en uno de los Estados del país, a contracorriente del centralismo endémico de nuestra historia.
 
 
La trayectoria profesional de Eleazar López Zamora puede ser pensada desde esa misma sentencia. Con estudios superiores en letras alemanas era difícil imaginar que terminara por ser uno de los principales constructores de los cimientos de la cultura fotográfica contemporánea en México. Su destino, de seguir una ruta normal, habría estado ligado a la literatura antes que a la imagen; sin embargo, su paso por un proyecto editorial, la revista Fotozoom, representa un momento de quiebre con su vocación original y finalmente decisivo en su vida y en la historia de la fotografía en nuestro contexto: fue la primera ocasión en que la figura de editor de fotografía en un medio de comunicación en el país se vinculaba a una mirada analítica sobre el medio y sus alcances sociales.
 
 
Existieron antes otros proyectos y editores dedicados a la divulgación de la fotografía, pero ninguno con la formación suficiente para poder tomar la distancia de un editor con una perspectiva crítica, o el desinterés por llevar agua a su molino, supeditando la información a lograr beneficios económicos o políticos, como es habitual en los medios mexicanos. De hecho, si se revisan las ediciones de Fotozoom a lo largo de sus casi cuatro décadas de existencia, se comprueba que nunca ha dejado de ser un medio dedicado fundamentalmente a promover el comercio fotográfico desde su primer número en octubre de 1975. Por ello, es oportuno revisar la manera en que Eleazar López Zamora logró superar tal condicionamiento para crear una alternativa dentro del propio sistema y como este proceso derivó posteriormente en la consolidación de la Fototeca Nacional del INAH.
 
 
Eleazar López Zamora apareció por primera vez en el directorio de la revista en el número 12, de septiembre de 1976, como encargado de las traducciones. Su primer artículo, “¿Quién fue Talbot? (Para su acervo cultural)”, fue publicado en la edición 14, en noviembre de 1976. Notoriamente distinto en contenido y redacción a la información habitual en la revista, ya que se basaba en fuentes bibliográficas y asumía una posición analítica al tratar un tema histórico, el centenario del fallecimiento de William Henry Fox Talbot, cuya conmemoración se preparaba entonces en Inglaterra.
 
 
Algunos detalles logísticos mencionados por Eleazar López Zamora en el artículo parecerían ser premonitorios de su posición futura, la dirección de la Fototeca Nacional del INAH. La conocida debilidad de la posición de Talbot como precursor de la fotografía en favor del reconocimiento de Louis Jacques Mandé Daguerre (a quien por lo regular se le identifica como su inventor), debido a la deficiente administración de su invento, así como las negociaciones desarrolladas por las entidades que hicieron posible la fundación del Museo Talbot en la que fuera su casa familiar en la abadía de Lacock (https://www.nationaltrust.org.uk/lacock/), fueron señaladas en el artículo, y más allá de dar cuenta de los hechos en Inglaterra, hoy podemos leerlos como parte de una toma de conciencia de la manera en que se gestiona el patrimonio fotográfico.
 
 
En una escueta nota sin firma, Fotozoom (núm. 4, enero de 1976) consignó: “Por fin la fotografía es reconocida como arte”, gracias al Premio Nacional de Ciencias y Artes recibido por Manuel Álvarez Bravo en diciembre de 1975. Este y otros acontecimientos que seguirían esta línea en el mismo año de 1996 (como la presentación de diez fotógrafos en el Salón de la Plástica Mexicana y la compra del Archivo Casasola por parte del Estado), sirvieron seguramente de apoyo a Eleazar López Zamora para abrir la conservadora y superficial postura editorial de un medio como Fotozoom, propiciando la oportunidad de presentar portafolios de nuevos autores cuyas imágenes eran diferentes de aquellos que habitualmente publicaban en la revista. Es el caso de “Gerardo Suter, un joven valor de 19 años y una gran vocación por el arte fotográfico [cuya] meta en la fotografía no es el lucro” (núm. 14, noviembre 1976), o de Carlos Lamothe, quien “Cree que la fotografía en México está empezando a tener fuerza, pero afirma que son necesarias escuelas de educación fotográfica” (núm. 15, diciembre 1976). Un año y medio más tarde, en 1978, tendría lugar en la ciudad de México el I Coloquio Latinoamericano de Fotografía, la piedra angular de la fotografía contemporánea en el subcontinente.
 
 
Con el tiempo Eleazar López Zamora alcanzó la dirección editorial de Fotozoom, y logró sincronizar los contenidos de la publicación con el movimiento cultural de la fotografía. Seguramente las negociaciones que realizó para publicar —al lado de páginas plagadas de anuncios— autores como Victoria Blasco, José Ángel Rodríguez, Jesús Sánchez Uribe o el grupo fotográfico Proyecto (en el que se encontraban Juan Mario Pérez Oronoz y Rogelio Villarreal), además de la publicación de columnas de Lázaro Blanco y Giuliana Scime, fueron el resultado de generar estrategias que más tarde aplicaría en su etapa de funcionario en el INAH. Fotozoom, dada su vocación comercial, nunca podría ser como las actuales revistas mexicanas dedicadas a la fotografía: Cuartoscuro, Luna Córnea o Alquimia, pero hoy, en la era de Internet y sus derivaciones como los blogs y Facebook, es pertinente recordar que hubo una época en que para publicar en un medio había que lograrlo a base de acuerdos en donde la posición del editor, entre los autores y los dueños de las empresas editoriales, era de una gran fragilidad (y requería de concentración y sagacidad, amén de terquedad, como seguramente diría Eleazar). Por lo general la calidad crítica es inversamente proporcional al modo en que se manejan (y se publica en) los grandes medios de información, así como las grandes organizaciones burocráticas, sean públicas o privadas.
 
 
De la edición como medio de divulgación cultural a la conservación, organización y difusión de acervos como resultado de decisiones de política cultural, la trayectoria de Eleazar López Zamora muestra su capacidad para enfrentar los vacíos del mundo comercial y burocrático. Por ello la ponencia “La descentralización de los acervos fotográficos de carácter histórico” publicada originalmente en la memoria de Crónicas Fotográficas, es un documento valioso por condensar la mirada y la experiencia en la gestión cultural de un visionario, como lo calificó acertadamente el investigador John Mraz, uno de sus mejores amigos, el día del homenaje celebrado el 30 de 2014 en la Dirección de Estudios Históricos del INAH con motivo de su reciente fallecimiento. Hoy es indispensable su lectura. Nos recuerda que no es posible consolidar proyectos públicos de alcance nacional y respeto internacional sin tener la claridad luminosa de un relámpago en un cielo despejado.

 

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