Crónica sensorial de una visita guiada en el Museo de la Estampa

 Ximena Alejandra Hernández García / Fotografías: Mónica Solache /

Habitar el museo desde la ceguera.

El jueves 9 de julio del presente año se llevó a cabo una visita guiada para personas de la Escuela Nacional para Ciegos. Alma Laura, del área de Mediación del Museo Nacional de la Estampa, estuvo a cargo de la visita y dio la bienvenida al grupo, dirigido por Denisse Hernández, profesora de la Escuela Nacional para Ciegos “Licenciado Ignacio Trigueros”.

Las y los visitantes, personas ciegas y con debilidad visual, iniciaron el recorrido con una breve explicación sobre el recinto, su pasado colonial y las transformaciones que ha experimentado a lo largo del tiempo. A la entrada del museo pudieron reconocer el espacio a través del tacto: tocaron las paredes, ventanas y muros que lo conforman.

El recorrido comenzó en el taller, donde recibieron una introducción al grabado y tuvieron la oportunidad de explorar distintos materiales y herramientas mediante el tacto. Pudieron sentir las texturas de la piedra litográfica, la madera y el metal, así como las gubias, el rodillo y el tórculo.

La visita continuó por las escaleras. Cada persona colocó una mano sobre el hombro de quien iba delante y, poco a poco, fueron subiendo cada escalón. Una vez que todo el grupo llegó al siguiente nivel, Alma Laura compartió algunos aspectos de la vida y obra de José Guadalupe Posada: su nacimiento en Aguascalientes y su trayectoria desde temprana edad. Como parte de la actividad, planteó un ejercicio de imaginación: “¿Cómo se imaginan que era Posada?”.

Después de compartir algunos datos sobre su vida y obra, Kenia Carmona, trabajadora del museo, presentó la pieza El Dulcero. Esta fue la primera obra abordada durante el recorrido. Don Lupe, como le gustaba ser llamado al maestro Posada, ilustró este recetario de dulces. Mientras Kenia hablaba sobre la obra, utilizó diversos elementos para estimular los sentidos de las y los visitantes. Sonidos relacionados con el fuego e instrumentos que podían imaginarse en la cocina del dulcero, como una olla y una pala de madera, así como esencias de dulce, entre ellas la vainilla, contribuyeron a recrear la escena.

Aby, una de las visitantes, se animó a leer la cédula en braille que acompañaba la maqueta en 3D. Compartió con el grupo una parte del texto y, posteriormente, la mitad de las y los visitantes pudo tocar y explorar la maqueta, mientras la otra mitad permaneció junto a Alma Laura, quien les leyó información sobre El vendedor de juguetes, otro cuento ilustrado por Don Lupe.

La segunda pieza fue presentada por Zoe Moreno. Los 7 pecados capitales nos adentró en un mundo oscuro y tenebroso, un lugar para encontrarse de frente con el miedo. Para aproximar al grupo a la obra, Zoe describió una atmósfera terrorífica acompañada de sonidos de murmullos inquietantes. En la maqueta en 3D podía reconocerse, a través del tacto, la figura de una persona aterrada rodeada de distintos monstruos.

Mientras las y los visitantes exploraban la obra, Zoe describía sus elementos con el propósito de estimular la imaginación y facilitar la comprensión de las formas representadas en la maqueta.

Después de esta pieza se compartió más información sobre Posada: su trabajo en la imprenta litográfica desde los 16 años y sus ilustraciones para distintos productos, como cajas de cerillos, estampas religiosas, periódicos y portadas de libros, entre otros.

La última pieza presentada fue Canción alegre del baile de los 41, cuya descripción estuvo a cargo de Luz Cepeda. La aproximación a la obra se realizó a través de la música, lo que permitió viajar hasta los primeros años del siglo XX. Luz repartió guantes con distintas texturas que contribuyeron a comprender mejor el contexto de la obra, así como el baile de la época y la indumentaria utilizada.

Luz contó la historia del baile de los 41: un baile entre hombres, el uso de prendas consideradas femeninas y el escándalo que rodeó este acontecimiento, en particular por la aparición del yerno del entonces presidente Porfirio Díaz. A partir de este episodio surgió una breve reflexión sobre cuánto ha cambiado la sociedad y sobre la importancia del respeto hacia la comunidad LGBTQ+.

Para finalizar el recorrido, las y los asistentes pudieron recorrer el balcón, tocarlo y reconocerlo a través del tacto. Después, el grupo descendió al taller de estampa, no sin antes tomarse una fotografía frente al cartel principal de la exposición.

El segundo bloque de la visita guiada estuvo dedicado a la realización de una estampa propia. Con ayuda de foamboard y palitos de madera, las y los asistentes elaboraron sus grabados. Algunas personas hicieron su nombre en braille; otras representaron montañas, flores e incluso el logotipo de su equipo de fútbol favorito. Una por una, fueron entintando e imprimiendo sus placas. Algunas, después de terminar su estampa, decidieron hacerse tatuajes temporales.

Como cierre de la visita, las y los asistentes recibieron dulces de leche y palanquetas, y se les solicitaron sus opiniones y recomendaciones. Expresaron su gratitud por la experiencia y muchos manifestaron su deseo de regresar y traer a más invitados. Incluso, a partir de la emoción generada por la visita, surgió la propuesta de que fueran ellos mismos quienes pudieran realizar una visita guiada.

En esta exposición, la profesora Denisse Hernández colaboró en la creación de las cédulas en braille y las maquetas en 3D. Asimismo, la exposición cuenta con audífonos que permiten escuchar diversos corridos relacionados con las piezas que forman parte de la muestra.

Si la vista es el sentido hegemónico de la sociedad occidental, ¿cómo se transforma la experiencia estética cuando se incorporan los demás sentidos? La pregunta no parte de una idea de deficiencia, sino de la oportunidad de explorar el arte a partir de una experiencia sensorial más amplia.

Una reflexión particularmente significativa fue observar cómo Alma Laura y sus compañeras del museo elaboraron guiones específicos para esta visita guiada, ajustándose a las necesidades de las y los visitantes, en lugar de esperar que fueran ellos quienes se adaptaran al museo. Aunque pueden parecer pasos pequeños, son pasos firmes hacia la construcción de un museo más plural. Apelar a la imaginación, incorporar cédulas en braille y disponer de maquetas en 3D puede transformar por completo la experiencia de visitar un museo, al propiciar otras formas de acercamiento y conocimiento.

Aunque durante la inauguración de la exposición algunas personas señalaron que las piezas no podían tocarse, el personal del Museo de la Estampa se ha mantenido atento a los comentarios del público y ha ido modificando las formas de acercamiento y relación con las y los visitantes. Este cambio resulta imprescindible. Denisse Hernández comentaba que realizó las piezas pensando en que todo el público pudiera sentirlas. Si el museo es un espacio de enseñanza y reflexión colectiva, requiere también de un aprendizaje plural que permita a todas y todos experimentarlo.

Si uno de los objetivos del museo es propiciar el aprendizaje, es necesario que las y los visitantes puedan acercarse al recinto y a sus piezas, apropiarse de lo aprendido y reconocerse también como parte de ese espacio.


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