Ximena Alejandra Hernandez García. /
En 1987, Gloria Anzaldúa, en el libro Borderlands/La frontera, ya definía una propuesta de nueva mestiza:
Aprende a ser india en la cultura mexicana, a ser Mexican desde un punto de vista anglo. Aprende a hacer juegos malabares con las culturas. Posee una personalidad plural, opera en un modo pluralista —nada se desecha, lo bueno lo malo y lo feo, nada se rechaza, nada se abandona. No solo sostiene las contradicciones, convierte la ambigüedad en otra cosa.[1]
La exposición AztLÁn, túnel del tiempo, presentada hasta el 23 de agosto de 2026 en las salas Nacional y Diego Rivera del Museo del Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México, revela lo que implica una personalidad plural, la liminalidad que contiene la chicanidad, la potencia creativa de imaginar otros mundos sin fronteras.
El arte chicano se define por su diversidad y fluidez, es un espacio de diálogo entre distintas propuestas y esta muestra es un ejemplo de ello, pues abarca mural, pintura, arte-objeto, performance, videoarte, grabado, entre otros.
Los Tigres del Norte, en su canción Somos americanos, explican la raíz del movimiento chicano:
Yo no crucé la frontera
La frontera me cruzó
América nació libre
El hombre la dividió
El Tratado de Guadalupe Hidalgo, ocurrido en 1848, hizo que la identidad de cientos de miles de personas se viera trastocada. La frontera cruzó territorios y vidas. Muchxs de ellxs se vieron despojadxs de sus tierras y pasaron a ser ciudadanos de segunda categoría.
A mediados del siglo XX, algunas comunidades de Los Ángeles, específicamente Palo Verde, La Lima y Bishop, se vieron afectadas por un acuerdo entre la ciudad y el dueño del equipo de beisbol Dodgers para construir su estadio. Judy Baca y Sandra de la Loza, como denuncia, tomaron las experiencias de las personas afectadas en sus obras Red Score and Chavez Ravine y Ruins near Chavez Ravine. La litografía de Baca muestra el despojo de los habitantes, el acuerdo visto como el actor principal que dejó subordinadas y a la deriva a las comunidades que ahí habitaban; en las fotografías de De la Loza se ven las ruinas que quedan en los bordes de Chavez Revine. Este hecho afectó a cientos de familias mexicoestadunidenses que vivían en esa zona de Los Ángeles, que fueron desplazadas de manera forzada. A pesar de que en su momento se prometió que les darían viviendas, esto nunca se cumplió.
En la década de 1960, el movimiento chicano tomó fuerza y se sostuvo gracias a otros movimientos por los derechos civiles. En esa época las luchas agrarias e identitarias se unieron y formaron la United Farm Workers, sindicato crucial para la historia del arte chicano. Se crearon diversas obras que mostraban exigencias importantes, acompañaban huelgas y protestas de lucha, y no solo los reclamos chicanos, sino que se solidarizaron con otras causas, como en la Moratoria Chicana, marcha en la que miles de mexicoestadunidenses se unieron para protestar en contra de la guerra de Vietnam.
Otro ejemplo importante de esta reivindicación chicana y su unión con el arte es el poema de Rodolfo Corky Gonzáles, conocido por ser una de las primeras obras que expresan el saberse chicanx. El autor también escribió el Plan espiritual de Aztlán, un manifiesto político que reivindica el nacionalismo mexicoestadunidense a partir de la cultura mesoamericana. Es evidente como el arte chicano es muestra de memoria viva, la frontera divide, pero también crea puentes, se apropia de la historia e identidad nacionales.

Víctor Estrada, en Sabes que loco?, retoma algunos versos del poema al lado de la frase: “poesías inmortales” junto con dibujos que aluden a la cultura urbana chicana. A la par, surge el grupo ASCO y artistas como Chaz Bojórquez, que tomaron como inspiración al muralismo mexicano. En la pieza de videoarte Instant Mural, los integrantes del grupo pegan a Patssi Valdez a la pared con el uso de cinta adhesiva a modo de un mural vivo e itinerante. ASCO se definió por ser una agrupación disruptiva, que rompía con la idea de arte chicano que se estaba presentando en su época. Bojórquez, por su parte, también transformó el muralismo y lo hizo grafiti, a modo de una nueva escritura urbana, de un lenguaje que rompe con los moldes tradicionales y que está al servicio de todxs.
Así, artistas como las mencionadas Sandra de la Loza y Judy Baca, además de exponer problemáticas sociales, también cuestionaron la mirada androcéntrica con la que se veía al muralismo y al arte en general. Otro proyecto que quebró el canon masculino artístico y chicano es Veteranas y rucas, en el cual Guadalupe Rosales crea imágenes que aluden a las mujeres chicanas y latinas de la década de 1990.
El arte chicanx está más vigente que nunca. A pesar de que se ha transformado a través del tiempo mantiene su potencia política y transformadora. Ante las iniciativas migratorias de Donald Trump, los y las artistas chicanxs han expresado, mediante distintos medios, sus demandas ante lo que están sufriendo. Melt ICE es un performance de protesta en el que Raúl Baltazar deja cubos de hielo en medio del sol, esperando a que se derritan, permitiendo la libre imaginación para pensar en otro Los Ángeles, donde no haya que esconderse ni temer por su seguridad, la de sus familias y comunidades.
Las obras expuestas están ubicadas en dos grandes salas, la primera muestra el inicio del arte chicano y en la segunda son más evidentes las transformaciones que han surgido, integrando la cultura lowrider y figuras icónicas como Chalino Sánchez y las naves de Star Wars. Hay una exploración muy interesante de distintos técnicas y materiales, como el aerógrafo y la diamantina, en los cuadros de Jaime Muñoz, objetos de la vida cotidiana en las instalaciones de Carmen Argote y las fotografías de Ricardo Valverde, entre muchas otras.
Las obras expuestas en AztLÁn, túnel del tiempo presentan memoria colectiva e histórica, habitan la contradicción y retan a esta realidad que busca sustentarse en Estados-nación y fronteras, que “migrantiza” y criminaliza el viaje entre mundos.
Las chicanidades son resistencia encarnada, que se enraiza al territorio y crea nuevas formas de existencia y socialización de la mano del arte.
[1] Gloria Anzaldúa, Borderlands/La frontera. La nueva mestiza, Madrid, Capitán Swing, 2016, p. 136.


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