Arnulfo Aquino, el amigo solidario

Silvia Fernández

 

Nuestra generación del 68 nos marcó en la búsqueda de alcanzar el anhelo de justicia y libertad. Transitamos de la rebeldía juvenil de la solidaridad roquera a la conciencia social y al activismo político. Si todos los días nos bombardeaban los noticieros con el anticomunismo y la amenaza atómica, al mismo tiempo nos horrorizaban las imágenes de la guerra estadunidense en Vietnam: de 1963 a 1973 se lanzaron cerca de 352 000 toneladas de napalm de manera indiscriminada a personas y sembradíos.

La juventud no podía soportar calladamente la brutalidad, y se alzó nuestra voz en varias partes del mundo. En México, las manifestaciones fueron en aumento; los estudiantes no estaban solos. Frente a esta situación, los gobernantes, desesperados, usaron una bazuca en San Ildefonso contra preparatorianos huelguistas, que solo tenían como “arma de lucha” su pliego petitorio. El Estado, no conforme, perpetró el genocidio de Tlatelolco.

El movimiento nacional fue silenciado y continuó la represión indiscriminada. En 1971, el halconazo echeverrista volvió a irrumpir en la escena, lo que detonó que estudiantes y artistas replantearan el “agruparse o morir”; con ello se reafirmaba el compromiso de seguir denunciando a través de la elaboración de carteles, pegas, pinta de bardas, repartición de volantes y manifestaciones en favor de la lucha libertaria.

No es casual que cuando conocí a Arnulfo en la Escuela de Diseño y Artesanías (EDA) en la Ciudadela, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, enseguida nos identificamos. En el 68, como yo venía de una universidad privada, me tocó “botear” en la calle para costear el papel y la tinta. Al final del día entregaba el bote a las y los organizadores, quienes entraban y salían de la entonces Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM con carteles y pegatinas para distribuirlos. Me sorprendió mucho saber que Arnulfo participaba en los talleres. Así empezó nuestra amistad, sentí una gran emoción cuando me dejó ver las fotos de esos días de su trabajo con Rebeca, Jorge y muchos más, como Adolfo Mexiac y Francisco Moreno Capdevila.

Esta actividad de producción visual para denunciar los acontecimientos acompañó a Arnulfo toda su vida y, junto con su entrañable colega Jorge Pérez Vega, publicaron varios libros con los carteles del 68, custodiaron muchos años el material, realizaron exposiciones en cada aniversario del genocidio, como en la Biblioteca Nacional, junto con los periódicos de la colección de la hija del rector Javier Barros Sierra. Todos esos carteles, libros y conferencias organizados por Arnulfo y Jorge para volver, una y otra vez, con la consigna: “dos de octubre no se olvida”… Hasta que la justicia se siente entre nosotros.[1]

David Alfaro Siqueiros, en su testamento, había nombrado al maestro Alberto Híjar heredero teórico para garantizar su legado al pueblo de México. En 1974, para hacer honor a Siqueiros, Híjar transformó el espacio que se encontraba en la casa estudio en la calle de Tres Picos, en la colonia Polanco de la capital del país, en la Sala de Arte Público. Invitó a todos sus exalumnos, así como a diversos grupos y colectivos que hacían arte de protesta. Como su nombre lo dice —arte público—, las actividades con fotógrafos, literatos, artistas gráficos, antropólogos, filósofos, arquitectos, teatro, cine, performanceros, etcétera, estaban enfocadas en discusiones teóricas y en enmarcar la participación en una marcha o protesta. Cada grupo proponía su medio: carteles, mantas, performance, conferencias, pintas para apoyar la lucha de los vietnamitas, los sandinistas, la solidaridad con Cuba, entre otras.[2]

Un día, el director de la EDA, Adrián Brum, nos llamó a una junta urgente para comunicarnos que el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), usando diversos pretextos, pretendía cerrar la escuela. Acordamos elaborar un plan de estudios a nivel licenciatura, con la participación de, en diseño gráfico, Arnulfo Aquino y Rebeca Hidalgo; en diseño textil, Hilda Álamo; en diseño industrial, José Ramón Alejandre, y en las materias teórica y filosóficas, Pilar Maceda y yo. Nos dedicamos con mucho entusiasmo, discutimos sobre arte y diseño, diseño y subdesarrollo, con los textos de Gui Bonsiepe, Gillo Dorfles, Jean Baudrillard, Louis Althusser, pero la columna vertebral eran algunos textos de Marx y Engels. El trabajo colegiado de más de un año unió a todo el grupo. El interés por la docencia entusiasmó a Arnulfo y así comenzó su trayectoria formal como docente. En 1976, el INBA organizó el primer Seminario Nacional sobre la Formación de Profesionales del Arte, en Mazatlán. Adrián Brun, Aquino y Pilar Maceda  presentaron el plan de estudios y se logró salvar la escuela; también reinó la camaradería entre los profesores.

Arnulfo organizó que toda la escuela, profesores y alumnos, pasaran por su taller de foto-serigrafía. Entre julio y octubre de 1975, más de seiscientos trabajadores sostuvieron una huelga contra la empresa Spicer. Arnulfo me pidió lo acompañara a tomar unas fotos de los obreros para hacerles un cartel, y me enseñó a realizar todo el proceso. La influencia de los carteles cubanos y polacos en México se tradujo precisamente en la serigrafía y foto-serigrafía, por ello, el taller de la escuela debía ponerse al día.

La Sala de Arte Público fue creciendo y, en 1978, se formó el Frente Mexicano de Grupos Trabajadores de la Cultura, en el que Arnulfo participaba como miembro del Grupo Mira y yo como antigua docente del Autogobierno de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Esto nos hizo trabajar muchas horas extra en el taller de Arnulfo, y también me invitaba a ver trabajar a sus compas del Mira en su casa; sí, su casa siempre dispuesta para sus compañeros: él los congregaba y hospedaba. Ahí conocí a todos ellos, sus discusiones, sus propuestas plasmadas en bocetos, los excelentes dibujos de Melecio Galván, los fotomontajes de Arnulfo.

Amén de descubrir el proceso creativo del grupo, me complacía mucho entender lo que era de verdad realizar una obra colectiva para un destino público. Ahí podía imaginar a Siqueiros, a Pablo O´Higgins, a Leopoldo Méndez como si miraran a sus herederos. Ese entusiasmo que impregnaba a todos los miembros del Frente, inspirados por nuestro profe Híjar, nos unía en un objetivo común: la lucha por el socialismo desde nuestra pequeña trinchera.

Años después, en la Escuela de Diseño del INBA, ubicada en la calle de Xocongo, Arnulfo me contrató como maestra. En 1994 organizó el Diplomado en Historia de la Gráfica en México e Invitó a excelentes ponentes: Rafael Barajas, Helena Poniatowska, Raquel Tibol, Nacho López, entre otros. Ese mismo año también hizo el Seminario Contacto para la Creatividad, que daría las bases para la maestría que se había propuesto sobre diseño artístico. Arnulfo siguió organizando muchas actividades que dieron cuenta de su quehacer académico.

Después decidió regresar a vivir a Oaxaca, su tierra natal, donde no olvidó su labor creativa.[3] El 14 de junio de 2006, el gobernador en turno, Ulises Ruiz, en una acción en contra de los maestros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Sección 22, pretendió romper con violencia un plantón, lo que provocó una enorme solidaridad que se lanzó a la calle con marchas y barricadas. Arnulfo, al recordar su experiencia del 68, participó también en este movimiento, y nos dejó su testimonio en el artículo “Imágenes de rebelión y resistencia: Asaro-Oaxaca 2006”, publicado en la revista Discurso Visual.[4]

Arnulfo fue profesor, creador y luchador social.

Adiós, amigo solidario.

 

Arnulfo Aquino rodeado de su equipo de maestros de la Escuela de Diseño del INBA y exalumnos, 1994. Col. Silvia Fernández.
Arnulfo Aquino rodeado de su equipo de maestros de la Escuela de Diseño del INBA y exalumnos, 1994. Col. Silvia Fernández.

 

 

[1] Rosario Castellanos, Memorial de Tlatelolco, poema publicado en En la tierra de en medio, 1972. Véase Poemario, https://poemario.com/memorial-tlatelolco/ Consulta: 24 de marzo, 2025.

[2] Véase Alberto Híjar Serrano, Frentes, coaliciones y talleres. Grupos visuales en México en el siglo XX, Cenidiap, INBA, 2007.

[3] Véanse Jorge Pérez Vega, “Arnulfo Aquino, flashazos de un camino recorrido”, La Jornada, México, 9 de marzo de 2025, y Merry Macmasters, “Murió Arnulfo Aquino, impulsor de un arte político y cercano a la lucha social”, La Jornada, México, 4 de marzo de 2025.

[4] Arnulfo Aquino, “Imágenes de rebelión y resistencia: Asaro-Oaxaca 2006”, Discurso Visual, México, enero-junio de 2010, https://discursovisual.net/dvweb14/aportes/apoarnulfo.htm Consulta: 24 de marzo, 2025.

 


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3 respuestas a «Arnulfo Aquino, el amigo solidario»

  1. La maestra Silvia Fernández fue mi maestra en la EDA por el año 1975 y 1976 de historia del arte (diseño) yo recién había entrado como estudiante un año antes 1974, tuve que cambiarme de plan en 1975 para poder obtener la licenciatura en Diseño Gráfico , como bien lo especifica la maestra Silvia, ella después regreso más tarde a la EDINBA cuando yo era director en 1994 y quien la contrató fui yo, pues estábamos trabajando en la implementación de los posgrados iniciando con Diplomados. En la foto que acompaña el escrito aparece el grupo de maestros y asesores que trabajamos en el desarrollo de planes y programas de la carrera de Diseño, en este grupo colaboraron diferentes personas y especialistas siendo la maestra Silvia Fernández un artífice importante y necesario en el desarrollo de contenidos que permitieron que la EDINBA desarrollara el primer posgrado de Bellas Artes. Le agradezco mucho a la maestra este escrito que permite recordar a un gran maestro Arnulfo Aquino sin duda artífice de la misma. Un gran abrazo y recuerdo a mi maestra, con gran cariño.

    1. Silvia Fernández

      Estimado y también querido Segundo Pérez. Recibo tu abrazo con emoción y grata sorpresa.
      Cuando regresé a la EDINBA en el 94, sentí un gran orgullo que fueras el Director de la Escuela. Así como ver que otros ex-alumnos formaran parte del cuerpo docente.
      Cuando te entrevisté en la Editorial SM, pude apreciar tu desarrollo profesional y me congratulo por ello.
      Al volver a ver la foto que ilustra el escrito, se agolpan los recuerdos, con el paso del
      tiempo vamos destilando lo mejor de todas las personas que acompañan nuestro camino. En especial tu y tus compañeros, con su entusiasmo le dieron un nuevo sentido a mi vida.

  2. María Cristina Simón

    Entrañable maestra y amiga, la dra. Silvia Fernández. Su vida es una inspiración que nos guía a muchas personas.
    Toda mi admiración para ella junto con un fraternal abarazo.

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