Guillermina Guadarrama Peña
Cenidiap/INBAL
El 31 de enero de 2025 se efectuó la reapertura del mural de Philip Guston y Reuben Kadish en el Museo Regional Michoacano. La restauración fue realizada por el CENCROPAM del INBAL, con apoyo de la Fundación Guston. El presente texto fue escrito para difundir el mural y conocer a sus creadores.
El mural Lucha contra la guerra y el fascismo, también conocido como Lucha contra el terrorismo, contiene un tema críptico y doloroso en el que sus autores, los jóvenes artistas norteamericanos Philip Guston y Reuben Kadish, reflejaron sus vivencias y sus conocimientos artísticos adquiridos en sus pocos años de existencia. Emprendieron la magna tarea con todo su ímpetu juvenil en un edificio que el Time, periódico de Los Ángeles, dijo, se trataba del antiguo palacio de verano de Maximiliano en “Michoacán, uno de los 28 estados menos conocidos de México”. Si bien el tema estuvo motivado por su contexto vivencial de represión, el país a donde llegaron les permitió plasmarlo a pesar de sus propias circunstancias sociales.

La formación de Guston puede considerarse autodidacta porque si bien estuvo inscrito en dos instituciones de enseñanza artística, fue por lapsos cortos. A los 14 años estuvo en Manual Arts High School en Los Ángeles, donde conoció a Jackson Pollock, otro espíritu libre e inquieto, de la cual ambos fueron expulsados por haber publicado dibujos satíricos y críticos en la revista escolar donde colaboraban, como protesta por el desperdicio de fondos que había hecho esa institución en atletismo y en el entrenamiento de Oficiales de Reserva. Pollock fue readmitido, Guston no.
Poco después ingresó en Otis Art Institute con una beca, donde conoció a Kadish y de la cual desertó al año porque consideró obsoletos los métodos de enseñanza. Tras lo cual, junto con Kadish y bajo la guía de Lorser Feitelson, artista pionero del post-surrealismo, conocieron la pintura de vanguardia de Max Ernst y Giorgio de Chirico, y centraron su estudio en obras del Renacimiento con autores como Piero della Francesca y Paolo Uccello, entre otros, hacia donde enfilaron sus intereses estéticos, lo que se ve reflejado en su obra de caballete y en sus murales.
En 1929 la pintura mural mexicana atrajo su atención cuando junto con Pollock leyó un número especial de Creative Art, en la cual José Clemente Orozco había escrito: “La forma más elevada, más lógica, más pura y más fuerte de pintura, es la mural… la forma más desinteresada, porque no puede convertirse en un asunto de ganancia privada; no puede ocultarse para el beneficio de unos pocos privilegiados”. La línea social que señalaba motivó su curiosidad, de manera que cuando Orozco pintaba su Prometeo en Pomona College en 1930, Pollock y Guston fueron a visitarlo. Era la primera vez que veían un mural en proceso.
Kadish tuvo su primer encuentro con procesos murales cuando participó con Siqueiros en el segundo Block of Mural Painters que organizó en 1932, para realizar el mural América tropical oprimida y destrozada por los imperialismos en Plaza Art Center, en el centro de Los Ángeles. Guston no participó, pero sí conoció el mural cuando pasaba por ese lugar después de terminar su jornada de trabajo, ya que Siqueiros trabajaba de noche debido a las herramientas que usaba. Era difícil no verlo, pues tenía veinticinco metros de largo y cinco de alto. El tema fue importante para Guston porque suscitó una gran controversia debido a la imagen central: un hombre de aspecto latino, crucificado, con un águila americana posada en la cruz, un claro señalamiento al racismo y la tortura que se ejercía en esa ciudad y país. Eso quedó inserto en su espíritu rebelde, así como la dimensión del mural que despertó su deseo por pintar en un gran muro.
Al terminar ese mural, Siqueiros dictó una conferencia titulada Los vehículos de la pintura dialéctica subversiva en el John Reed Club sede Hollywood, lo que fue un posible impulso para que Guston y Kadish se unieran a ese “grupo de estudio marxista” fundado en Nueva York en 1929. Tenían 19 años.

Retrato de Reuben Kadish (der)
Ese Club emitió ese mismo año una convocatoria para que pintaran murales “portátiles” sobre madera de 2 a 2.50 metros, sobre El juicio de los muchachos de Scottsboro, un acontecimiento racista reciente: La falsa acusación contra nueve adolescentes afroamericanos de violar a dos mujeres blancas en Alabama cuando viajaban en un tren de mercancías. Tras un proceso judicial lleno de irregularidades, los acusados, excepto el más joven, fueron condenados a muerte. En un segundo juicio se cambió a cadena perpetua. Los pintores que respondieron a la convocatoria realizaron sus paneles en un cobertizo propiedad de Luis Arenal, que sería en algunos años, cuñado de Siqueiros.
De acuerdo con sus remembranzas, Guston y Kadish hicieron sus murales al fresco como los pintores del Renacimiento, pero le hicieron adecuaciones con cemento y capas finas de arena, técnica que Kadish conoció cuando trabajó con Siqueiros, un fresco moderno. Guston representó un negro atado a un poste como un cristo, mientras es azotado por un miembro del Ku Klux Klan (KKK), el grupo ultrarracista que operaba básicamente en el sur de Estados Unidos, quien levanta el látigo hacia el espectador.

El negro no está totalmente atado, la cuerda está floja, un detalle que repetirá en el mural de Morelia. La cuerda fue icono constante en su obra mural y de caballete. En su primera exposición individual en la librería Stanley Rose que realizó poco antes del mural, presentó varias obras que tenían cuerdas, un significante de un acontecimiento familiar doloroso como fue el ahorcamiento de su padre.
Kadish, por su parte, pintó a un negro ahorcado que cuelga de un árbol y frente a él, un hombre inclinado con vestimenta del KKK. Detrás del árbol torcido se esconde otro miembro del KKK y en segundo plano se distingue lo que parece la puerta de una prisión inserto en un paisaje árido.

La exposición se efectuó en 1933 en las instalaciones del John Reed Club y se tituló Negro América, tema que disgustó a los ultrarracistas y motivó a la Legión Americana y el Escuadrón Rojo del Departamento de Policía para que invadieran el local, destruyeran los murales con tubos de plomo y culatas de rifle, y los quemaran. La foto del suceso salió en una nota en Los Ángeles Illustrated Daily News del 13 de febrero. Los medios los tildó de comunistas y cuando los pintores llevaron el caso ante los tribunales, el juez lo desestimó.

En sus murales plasmaron con crudeza lo que se vivía en el sur racista por el miedo irracional al bolchevismo. El KKK y la Legión Americana cabalgaban de noche con capuchas, lazos y cruces ardientes, entre otras cosas, aterrorizando a la población con la aprobación tácita del gobierno. La familia de Kadish sufrió allanamiento por la policía, quien saqueó su apartamento y destruyó libros debido a la asociación de su padre con simpatizantes bolcheviques. Guston conoció la represión a sindicatos cuando trabajaba en una fábrica de Los Ángeles.
Ese mismo año, ambos tuvieron la posibilidad de pintar un mural en el Federal Art Project, que el presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, implementó como una medida para dar trabajo a los artistas ante el desempleo generado por la depresión económica de 1929, proyecto inspirado en el muralismo mexicano. Biddle consideró que un prototipo similar ayudaría en esa etapa. Roosevelt aceptó y proporcionó fondos tanto para muralistas como para artistas que trabajaban en otros medios. Según Dore Ashton, los jóvenes artistas de su país ya tenían los conocimientos suficientes, aprendidos con los muralistas mexicanos, para hacer lo propio en los grandes muros de sus edificios gubernamentales.
De acuerdo con Ashton, los primeros artistas jóvenes en ser contratados para pintar un muro de 160 metros en el vestíbulo de la Escuela de Comercio Frank Wiggins fueron Guston, Kadish y Harold Lehman; sin embargo, otras fuentes aseguran que el contrato fue para Murray Hantman, considerado el principal muralista del Public Works of Art Project, y ellos solo serían ayudantes. El tema a representar sería la historia de las artesanías y los oficios desde Egipto hasta el período moderno. Lo comenzaron en enero de 1934, como lo publicó Los Angeles School Journal, medio que solo menciona como autores a Phil Goldstein (Guston) y Ben Kadish, pero no pudieron terminarlo. Fueron despedidos con el argumento de que había desacuerdos entre el estado de California y la administración federal. Sin embargo, poco después en ese lugar Leo Katz pintó tres murales, dos de ellos inspirados en las culturas prehispánicas, por lo que puede deducirse que Guston y Kadish fueron bajados de los andamios por el enfoque que querían darle al mural o por su filiación al John Reed Club. El mismo diario mencionó que no estaba claro por qué su proyecto cayó.
Donde sí pudieron hacer un mural fue en el arco del proscenio del Workers Alliance Center en Los Ángeles, una organización del Partido Comunista de USA. Obra que realizaron en febrero de 1934, en la que destacan los retratos de Marx y Lenin, así como la hoz y el martillo, y firmaron como Sindicato de Pintores.

Por ese motivo el Time describió a la pareja de artistas como decididamente rojos, pero de acuerdo con sus biógrafos, ambos eran marxistas algo ingenuos, pero no miembros del Partido Comunista. En realidad, ellos respondían a su contexto; en esa década la consigna era conseguir una pared para pintar un mensaje social. Ni siquiera los artistas más vanguardistas del proyecto dudaban que la función de los murales era social.
La pretensión de pintar un gran muro con el tema social, con la libertad de expresión que necesitaban, fue el impulso para que Kadish pensara que lo encontrarían en nuestro país y decidió escribir a Siqueiros. Él había sido su colaborador en el segundo Bloc of Mural Painters, como se ha mencionado, y le envió fotos del mural del Worker’s Alliance. La respuesta fue: “Ven, encontraremos algo.” Eso cambió su destino, ya que Guston y Kadish tenían el plan de viajar a Italia para conocer los frescos del Renacimiento, pero también el costo del viaje cambió su ruta.
En cuanto Kadish recibió la respuesta, compró un Ford coupé por veintitrés dólares, Guston renunció a su trabajo y junto con el poeta Jules Langsner viajaron a la Ciudad de México, a donde arribaron aproximadamente en el mes de julio, con el auto destrozado, recordaba Kadish. Cuando visitaron a Siqueiros, les informó que él y Rivera habían convencido a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo para que les ofreciera un muro en el museo Regional que en esa época funcionaba como la Rectoría. Pero de acuerdo con el Times, fue Siqueiros y Pablo O’Higgins quienes persuadieron a los administradores de la Universidad de Michoacán para que le dieran oportunidad a los dos jóvenes estadounidenses, que es lo más creíble debido a que O’Higgins lo había hecho con las hermanas Greenwood, un año antes.
El rector de la Universidad, Gustavo Corona Figueroa (1932-34), había echado a andar el proyecto cultural que inició Lázaro Cárdenas cuando fue gobernador de Michoacán con un programa de bibliotecas ambulantes, torneos de literatura y decoraciones murales. Para lo cual habían pensado en primera instancia en Rivera, pero estaba ocupado pintando el fresco que los Rockefeller le encargaron para Radio City de Manhattan, y Orozco estaba haciendo su mural en el Palacio de Bellas Artes. En versión no comprobada también habían invitado a Siqueiros, quien preparaba un viaje a Estados Unidos donde fundó el Experimental Workshop. Al parecer, la carta llegó en el tiempo correcto.
Guston no fue colaborador de Siqueiros en Los Ángeles, pero sí conocía el mural, como se ha mencionado. Cuando lo visitaron en Ciudad de México, disfrutó de las charlas y entusiasmo del maestro. En carta dirigida a su amigo Harold Lehman del 14 de julio de 1934 escribió:
(Siqueiros) Trajo consigo fotos de su fresco argentino. Está todo hecho con aerógrafo y la pintura puede ser una mierda, pero está experimentando con la cinética. La forma de la habitación es de medio cilindro. Enorme, y pintó el suelo también. No hay un solo espacio sin pintar. Al no ser un plano en una pared, tenía el problema de la distorsión. Así que pintó sus desnudos muy distorsionados para que no parecieran distorsionados debido a la forma peculiar de la pared, un movimiento tremendo. Lo compuso de tal manera que a medida que el espectador se mueve, las figuras se mueven y giran con él… ¡Y mueve la mano y lo llama meramente un ejercicio plástico!
Antes de viajar a Morelia, hicieron turismo. Conocieron la obra de Rivera, de la que Guston dijo sentirse decepcionado, y calificó a Orozco como: “un expresionista que está dominado por la emoción, pero al menos es plástico de vez en cuando”, una visión que considero muy parcial a sus 20 años. También visitaron las pirámides, el templo de Quetzalcóatl, fueron a corridas de toros y Guston contó que se quemó el estómago con chile. En esa carta a Lehman, también le contó que debido a su disgusto por el expresionismo de los mexicanos pasaba su tiempo estudiando primitivos flamencos y alemanes, de los que compró muchas reproducciones y algunos dibujos de Miguel Ángel y Rafael que se encontraban en el museo (supongo que se refería al Regional). Mencionó con agrado haber encontrado algunas de los frescos de Masaccio.


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