Las venas siguen abiertas.
Breve crónica de la X Clacso

Cristina Híjar González

 

Del 9 al 12 de junio de 2025 se llevó a cabo la X Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales (Clacso) en Bogotá. Como siempre, el programa era inmenso e imposible de abarcar, por lo que todo lo que aquí diga se reduce a los pocos espacios y actividades a las que pude asistir, generalmente relacionadas con mi grupo de trabajo sobre arte y política y de las que haré breves referencias. Pero es necesario mencionar que ocurrieron muchas y otras actividades importantes que seguramente se me escaparon. El título de esta crónica proviene de una de las calcomanías del Colectivo Dexpierte.

Las actividades del grupo fueron varias y podrían dividirse en dos grandes rubros alrededor de esta relación: el primero, la reflexión teórica sobre experiencias históricas o en curso y la segunda, la exposición del trabajo artístico y la praxis estética en colectivos y artistas vigentes. Fuera de la contemporaneidad, la ponencia de Lía Gómez cobra relevancia frente a la destrucción de espacios culturales por el actual gobierno argentino. Habló sobre los encuentros poéticos, en 1950, en la Peña de Eva Perón realizada en el Hogar de la empleada, en donde para cada velada se editaban poemarios inéditos.

El conflicto armado de larga data que ha vivido Colombia lo permea todo, desde la producción de conocimiento hasta la vida cotidiana. No es un asunto menor, lo que conduce a una polarización social extrema que se percibe todo el tiempo. En el ámbito académico, los temas alrededor de lo social y políticamente urgente abarcan desde el análisis y reflexión para la construcción de la memoria histórica hasta las propuestas abiertas para la construcción de la paz por intermedio de apuestas poéticas que hacen uso de todo tipo de recursos, muchos de ellos artísticos, para la generación de comunidad.

Destaco una característica relevante en las ponencias: la atención a la generación de conocimientos sensibles que incorporan las emociones para la movilización de las subjetividades políticas bajo la premisa de la necesidad del sentipensar y del corazonar constante para la transformación de una realidad dada. Como en la experiencia de María Fernanda Peña Sarmiento, académica colombiana participante de la Comisión de la Verdad, que hizo énfasis en la necesidad de la escucha atenta y comprometida ante los testimonios del horror vivido por las violencias. 24 volúmenes derivaron de este trabajo en el informe final de la Comisión entregado en 2022. A los asistentes a la plática nos fue entregada una hoja con un dibujo esquemático del cuerpo humano y, mientras escuchábamos los testimonios leídos o en video, dibujábamos nuestras sensaciones y sentimientos, sentíamos. Imposible permanecer indiferentes frente a, por ejemplo, el testimonio de un hombre que retoma, cuando muere su mamá, la búsqueda de su hermano desaparecido en Soacha. La madre siempre se pintaba la boca con el labial que su hijo ausente le dio como último regalo. El hijo que sigue con la tarea por verdad y justicia se pinta la boca e invita a quienes lo acompañan a hacerlo en honor de su madre, mientras porta el retrato del hermano desaparecido.

Las tongas de la memoria fueron presentadas por dos jóvenes estudiantes. Son grandes telas bordadas, tela sobre tela, del Colectivo Unión de Costureros que “arropan” edificios y lugares públicos con un triple tejido: material, simbólico y social. Okupar, territorializar, fundar lugares de memoria es una tarea compartida a lo largo y ancho de América Latina.

La relación respetuosa con la naturaleza no podía faltar. En la línea de Donna Haraway, Liz Rincón Suárez presentó un interesante proyecto orientado a la pedagogía del sentir para percibir el dolor de la naturaleza maltratada por el capitalismo feroz y depredador. Generó, con un equipo que desarrolló tecnología novedosa, mecanismos y dispositivos para percibir y medir los “sufrimientos lentos” de cuerpos de agua, considerando al líquido vital como un ser sintiente que “quita las penas, llena de alegría y es el útero de la madre tierra”, como plantea una mayora de Juanchaco en Buenaventura. Las mayoras se reúnen, son las guardianas de la tierra, y con ellas, la asociación de detenidos-desaparecidos, para pensar y sentir en común los dolores y las resistencias. Estéticas corazonantes de gran potencia política.

El teatro colombiano se cuece aparte y así quedó expresado en las ponencias de Andrea Forero, experta en teatro comunitario, y Aura Patricia Orozco, quien trabaja el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, Nariño, ambas de la universidad Uniminuto, así como Rosario Vergara, de La Casa de la Cigarra de La Mesa, Cundinamarca, un grupo de teatro comunitario. Con sus trabajos nos dieron enormes lecciones sobre la potencia del teatro en comunidad, los esfuerzos para conformar los grupos en casi todo el territorio colombiano y las experiencias concretas de una cultura festiva como resistencia y como constructora de las paces, en plural, de la sociabilidad y del afecto para dar lugar a relaciones restaurativas, a erigir imaginarios alternativos y a territorializar desde abajo, entendiendo el territorio como categoría física, cultural, afectiva y emocional.

 

1.teatro comunitario
XIV Encuentro Nacional Comunitario de Teatro Joven, Medellín, Colombia, 2019. Foto: cortesía Corporación Cultural Nuestra Gente.
2.teatro comunitario
Función de teatro callejero del grupo Luz de Luna, Bosa, Bogotá, 2019. Foto: Andrea Forero.

 

Coronamos nuestra breve experiencia sobre el teatro colombiano con la asistencia al Teatro Petra a ver Labio de liebre (venganza o perdón), expresión para denominar a quienes tienen labio leporino. Basada en la novela de Fabio Rubiano, director del espacio y de la compañía, la obra hace alusión a la masacre de El Salado ejecutada en febrero de 2000 por las Autodefensas Unidas de Colombia, grupos paramilitares que asesinaron con violencia extrema a más de cien personas. La pieza se basa en el regreso de la muerte de una familia completa para obligar al jefe paramilitar que los asesinó a pronunciar sus nombres y a decir los lugares en los que fueron sepultados. En una escenografía íntima y suficiente, los seis personajes principales: la madre y sus tres hijos y una periodista, aparecen e increpan, hasta cierto punto amable e inocentemente, al asesino estableciendo diálogos que nos van dibujando lo acontecido; cada uno tiene una personalidad y un lugar en la tragedia, incluso un par de personajes animales, también víctimas de la masacre. La puesta en escena incorpora toques de humor y gestos teatrales muy bien integrados, lo mismo que el maquillaje incómodo de los muertos. Una obra terrible y extraordinaria, como todo lo que tiene que ver con los acontecimientos violentos de nuestras realidades que hay que recordar, decir, representar, trabajar. Ni perdón ni olvido.

 

Labio de liebre, Teatro Petra, Bogotá. Foto: De redes.
Labio de liebre, Teatro Petra, Bogotá.
Foto: De redes.

 

Mi ponencia se tituló “Ritualidades políticas comunitarias: poéticas, razón y emoción”, un primer planteamiento sobre la relación entre lo sagrado y lo secular en las luchas populares, sobre la importancia de los rituales estético-políticos como recursos y formas de resistencia y convicción tan necesarios para erigir y mantener subjetividades libertarias por memoria, verdad y justicia. Comencé con un epígrafe de Violeta Parra: “Lo que puede el sentimiento/no lo ha podido el saber/ni el más claro proceder/ni el más ancho pensamiento”. Palabras que, me parece, tienen que ver con todo lo planteado y vivido a lo largo de estos días.

Sin duda, siempre habrá una producción artística ajena e indiferente a lo urgente, pero en estos escenarios prevalece aquella comprometida con su momento histórico, que entiende la necesidad de alzar la voz y de todas las formas de lucha. Coexisten las manifestaciones panfletarias, no por ello menores y precisamente por eso necesarias, pero otras constituyen logros contundentes de la unidad entre imaginación, creatividad y significación que toca no solo las formas y maneras de expresión, con metáforas visuales, alusiones, símbolos, sino también a los medios técnicos y artísticos, desde lo tradicional a lo muy novedoso, haciendo uso de todos los recursos tecnológicos, como la extraordinaria exposición No se puede mirar, del fotógrafo colombiano Juan Manuel Echavarría (Medellín, 1947), en la Unidad de Posgrado de la Universidad Nacional de Colombia.

 

Montaje de Réquiem NN, de Juan Manuel Echavarría, en la Unidad de Posgrado de la Universidad Nacional de Colombia, 2025.
Montaje de Réquiem NN, de Juan Manuel Echavarría, en la Unidad de Posgrado de la Universidad Nacional de Colombia, 2025.

 

Echavarría, antes escritor de ficción, es autor del documental Réquiem NN,[1] que documenta una práctica entrañable en la población de Puerto Berrío en Magdalena Medio, Antioquía. Desarrollada durante varios años (ya no se realiza), los pobladores recuperaban restos humanos producto de las violencias de la guerra aventados al río Magdalena. Los sacaban y limpiaban para darles sepultura y en las lápidas señalaban “escogido NN” y, en ocasiones, los bautizaban con un nombre y sus apellidos. Confiaban que, al hacerlo, esas ánimas los acompañarían e incluso les harían favores. Práctica generalizada que fue suspendida cuando se emprendió el rescate forense impulsado por las familias y como resultado de las acciones de la Justicia Especial para la Paz, para determinar quiénes eran y reintegrarlos a sus familias. Esto dio lugar a la destrucción de las lápidas, apiladas en una montaña que Echavarría documentó en una fotografía como “escombros de la memoria”.

 

Imagen 25
Lápidas del proyecto Réquiem NN, de Juan Manuel Echavarría, 2006-2013.

 

 

Como cierre de la muestra, se presentan las fotografías de las lápidas, de piso a techo y en tres paredes, con una técnica lenticular de manera tal que son dos imágenes en una dependiendo del lado en que se vean: modificadas, con flores agregadas, bautizados, etcétera. Este rescate amoroso se plantea por el autor como necesario cierre esperanzador de la exposición terriblemente conmovedora.

Otra sección, denominada Silencios, la constituyen grandes fotografías de pizarrones en escuelas abandonadas por las violencias, en ocasiones utilizadas como cuarteles de alguno de los grupos implicados: las guerrillas, los paramilitares, los narcotraficantes o el ejército. La maleza, los restos de algún mobiliario, las paredes destruidas dan una sensación de abandono y desasosiego incrementado por las cédulas acompañantes que ubican el lugar y describen lo ahí ocurrido. En la visita guiada se incorporaron, además, los testimonios de viva voz de algunos de los protagonistas de los hechos. Hombres muy jóvenes, ahora becados por la Fundación Puntos de Encuentro, impulsada por Juan Manuel Echavarría, para su reinserción social dándoles posibilidad de estudiar. Dos exguerrilleros y un paramilitar nos dieron sus testimonios. Más de 160 escuelas están en estas condiciones, de Montes de María a Mampuján, Caquetá, escenarios en los que se cruzaron los reclutamientos forzados, los falsos positivos (emprendidos por las fuerzas armadas que secuestraban hombres para disfrazarlos y hacerlos pasar por guerrilleros y cumplir con su cuota de muerte), las vidas sin más opción posible que la de incorporarse a alguno de los lados en conflicto.

 

Juan Manuel Echavarría, de la serie Silencios, iniciada en 2010. A la fecha y con la colaboración de Grisalez, tienen más de 200 fotografías de pizarrones en escuelas abandonadas por las violencias.
Juan Manuel Echavarría, de la serie Silencios, iniciada en 2010. A la fecha y con la colaboración de Grisalez, tienen más de 200 fotografías de pizarrones en escuelas abandonadas por las violencias.

 

También se exhiben pinturas de mediano formato realizadas durante el impulso de talleres voluntarios, entre 2007 y 2009, en donde los diversos actores representan escenas vividas durante la guerra. Duro contraste entre los vibrantes colores, la expresión naive y lo representado. Por ejemplo, El corazón, de quien aprendió a pintar con la mano izquierda porque la derecha la perdió en la guerra, para plasmar un duro acto de tortura. Intercalados en las salas, dos monitores con videos, uno de ellos con cantores que, en coplas escritas por ellos mismos y con encuadre cerrado al rostro, cantan lo experimentado, lo que da nuevas calidades y cualidades al testimonio. Otro, con la imagen fija de un burro que diario espera al niño que llevaba y traía de la escuela y que ya no volvió.

Dos series más. La primera, con un par de imágenes de árboles testigos de acontecimientos terribles en poblaciones concretas. El tamarindo que atestiguó los horrores de la masacre en Las Brisas en 2010 y el desplazamiento forzado y que permanece como mudo testigo, o el árbol de mango que sirvió de soporte para las torturas ejecutadas por los paramilitares y que la comunidad decidió cortar. La segunda, Corte de florero, 1997, en alusión a una terrible y violenta práctica de desmembramiento llevada a cabo por los paramilitares y el ejército. Frente a ello y las terribles imágenes a las que da lugar, Echavarría compone con huesos humanos, flores de restitución de humanidad.

 

Juan Manuel Echavarría, de la serie Silencios, iniciada en 2010. A la fecha y con la colaboración de Grisalez, tienen más de 200 fotografías de pizarrones en escuelas abandonadas por las violencias.
Jefferson dando su testimonio junto al árbol de mango,testigo mudo de la violencia paramilitar.
10.Juan Manuel con pintura
Juan Manuel Echevarría frente a pintura de los talleres voluntarios.
9.corte de florero
Juan Manuel Echevarría, de la serie Corte de Florero, 1997.

 

 

En 2003-2004, Juan Manuel Echavarría decidió “romper con las cuatro paredes de su estudio” y dedicarse, desde entonces, a generar los testimonios visuales de la memoria acompañados por diarios de viaje con textos entrañables. Todo ello está integrado en un gran libro-catálogo —por tamaño y contenido— bilingüe editado en 2018 con el título de Works. Desde entonces ha contado con la valiosa colaboración de Fernando Grisalez, en particular en su proyecto Réquiem NN.

Dos colectivos gráficos expusieron su trabajo cultural. Bajo control, agencia cultural dedicada a reconstruir el tejido social a través del arte urbano con gráfica y grafiti, pero también con fanzines y ediciones populares. Como fundación, apoyó la edición del hermoso libro-catálogo del colectivo gráfico Dexpierte de elocuente título: Ni arte ni panfleto: memoria, color y dignidad, Bogotá, 2024.

En 116 páginas y con un bello diseño editorial, el libro integra textos de los miembros de Dexpierte: Ana Renata, Maurixio, Diego, Hollman y Resiste, con testimonios acerca de la entrañable recepción de su trabajo y servicio comunitario, junto con una gran cantidad de fotografías de los murales realizados en Colombia, México —concretamente en la Ciudad de México, en Cherán, Michoacán, y en Chiapas— y Alemania. El volumen da cuenta del camino recorrido por el colectivo en sus quince años de existencia. La gráfica como “herramienta contra el olvido” implica una postura ética y política, los recursos artísticos desarrollados en el proceso y que los identifican visualmente, los usos y construcción del espacio público y la lucha por los territorios, para dar lugar a un testimonio y relato contundente de una poética visual forjada a lo largo de los años por muy jóvenes colombianxs que combinan su quehacer gráfico con trabajos profesionales en la defensa de los derechos humanos, la memoria histórica y hasta la abogacía.

El conflicto armado, los empeños en la construcción de la paz y los procesos por memoria, verdad y justicia movilizan la necesidad de expresión en escenarios que requieren una postura radical y crítica. Dexpierte la encontró en el stencil, la serigrafía, el grabado y las técnicas de impresión artesanal. Los rostros y nombres de lxs asesinadxs y desaparecidxs, las consignas integradas al espacio gráfico y algunos otros signos visuales como flores, plantas y fondos coloridos precisan los sentidos necesarios. Sus murales son identificables por el uso de elaboradas plantillas de gran formato y en alto contraste, técnica dominada que comparten en un espacio pedagógico con las comunidades urgidas de significación.

Cientos de intervenciones gráficas en murales y con carteles: rostros, escenas completas de la lucha por la vida, personajes fundamentales de las resistencias culturales, símbolos de lucha y consignas constituyen la expresión visual de una praxis estético-política ejemplar. Es de destacar la claridad expresiva de sus palabras, la reflexión teórica e histórica que acompaña su discurso todo, cuya muestra puede apreciarse en su testimonio en el video A la calle. Okupar, resistir, construir, de la serie Abrevian Videos del Cenidiap,[2] en donde Maurixio y Ana Renata, fundadores del colectivo, dan cuenta de sus trabajos y empeños.

 

11.mural Desxpierte UNAC
Colectivo Dexpierte, Por lo menos sus nombres, 2023, mural en colaboración con la Fundación Hasta Encontrarlos, Universidad Nacional de Colombia.
12.mural Dexpierte2 UNAC
Colectivo Dexpierte, mural en la Universidad Nacional de Colombia.
13.mural Garzón
Colectivo Dexpierte, mural dedicado a Jaime Garzón, asesinado, 2024, Bogotá.
14.Dexpierte en Cherán
Colectivo Dexpierte, mural en Cherán, Michoacán.

 

Recién escuché a Alina Peña, investigadora del ITESO en Guadalajara, hablar de las prácticas estéticas como hospitalidad, que no comunican, en el sentido instrumental del acto comunicacional, sino que convocan y relacionan. Me parece que tanto la exposición de Echavarría como el trabajo gráfico y memorioso de Dexpierte entran perfectamente en esta aproximación pertinente que apela a los marcos sensibles en disputa.

Durante mi estancia en Colombia, en la madrugada del 11 de junio, Ana María Cuesta León, nuestra muy querida compañera Ana Renata, murió a los 39 años producto no de la terrible enfermedad que la aquejaba desde hace mucho sino por la falta del medicamento vital necesario que debió proveerle la salud pública, largo proceso que nunca le impidió realizar importantes contribuciones y trabajos en Dexpierte, en diversas áreas y espacios promotores de derechos humanos y como directora del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación en Bogotá. Nos deja un enorme legado y una profunda tristeza por su pronta partida. No tengo la menor duda de que el Colectivo Dexpierte continuará con su muy importante trabajo y aportes en la construcción de la memoria histórica, no tengo duda de que todxs quienes conocimos, quisimos y admiramos a Ana Renata procuraremos emularla como el mejor homenaje a su vida dedicada a la lucha por una vida digna para todxs. [3] Un árbol se sembró en su memoria. ¡Ana vive y vive!

 

Chezar Dubinin, cartel homenaje a Ana, México, 2025.

 

Otras y muchas cosas ocurrieron durante los días de la X Clacso. La protesta estudiantil en la Universidad Nacional por encimar el primer día de actividades académicas con la conmemoración del Día del estudiante caído; el pronunciamiento de la comunidad argentina contra el fallo judicial y orden de aprehensión a Cristina Fernández de Kirchner; los sabotajes políticos armados contra el gobierno de Gustavo Petro para generar violencias y caos; la continuidad del genocidio en Palestina, del que hubo pocas referencias, y en cuanto a México, la ignorancia generalizada con respecto a la mal llevada reforma del poder judicial, a los límites y desprecios del gobierno actual a las víctimas de las violencias imperantes, a los megaproyectos en curso, al poder entregado a las fuerzas armadas, a la impunidad prevaleciente. Por fortuna, además de lxs representantes de la izquierda partidista portavoces de Morena, me encontré con otros compañeros dignos representantes del México de abajo y a la izquierda.

Con claroscuros, como siempre, lo bueno son los encuentros, las coincidencias, el aprendizaje y las convicciones reforzadas en las jornadas intensas de trabajo y emociones a flor de piel que me llevan a reafirmar: ¡todo está guardado en la memoria!, y como dice un mural de Dexpierte dedicado al líder social desaparecido Pedro Movilla: “el porvenir se forja con ideas, trabajo y mucha, mucha lucha, muchachxs”.

 

Cristina Híjar González
Cenidiap/INBAL

 

 

Notas

 

[1] Juan Manuel Echavarría, Réquiem NN, video, 2013, https://www.youtube.com/watch?v=R1rQFu6xEV8 Consulta: 25 de junio, 2025.

[2] Cristina Híjar, A la calle. Okupar, resistir, construir, video, 2016, https://www.youtube.com/watch?v=hO_HxRnAYEk&t=937s Consulta: 25 de junio, 2025.

3 Comparto la liga de “Ana María Cuesta León: la mujer que acogió corazones quebrados”,

un bello y justo texto para dimensionar la vida y los aportes de Ana: https://gaceta.co/contenidos/ana-maria-cuesta/?fbclid=IwY2xjawLBEVFleHRuA2FlbQIxMQBicmlkETE1YlJ2c3hxaHhvcWFwRlo1AR7CqrUNTOfaEGkotyPAXw6AvBSrZEO1Gzc9swKOFfClmUGZ8RpP4MuCI_RjQw_aem_FOkNEDrCiaOErvrciQYL4Q Consulta: 25 de junio, 2022.


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Comentarios

Una respuesta a «Las venas siguen abiertas.
Breve crónica de la X Clacso»

  1. Ana Iturbe

    Saludos, muy interesante el texto.
    Me permite tener información e imágenes de los que se presentó en esta conferencia.
    Gracias

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