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Las rutas de Siqueiros: el caso de La pescadora, ca. 1933

Posted on 25 mayo, 2020 by cenidiap

Guillermina Guadarrama Peña
 
 
Descubrir una obra de Siqueiros lleva inevitablemente, sobre todo si se encuentra fuera de México, a buscar su origen, dónde la pintó, cuál fue su camino. Es un reto porque el artista generalmente no mencionaba su producción de caballete en los lugares donde transitaba —Europa, Estados Unidos, Montevideo, Argentina o Chile— a menos que fueran experimentales. Para él era más importante anotar para su memoria histórica las conferencias que impartía en diferentes lugares, y sus experimentos y búsquedas plásticas.
 
 
Pintó La pescadora, seguramente entre otros, en alguno de los países que visitó. Buscar su geneología es un pretexto para conocer sus pasos en el sur del continente. La obra firmada pero no fechada, y cuyo título fue suscrito posteriormente a su realización, permiten hacer investigación un poco especulativa sobre su génesis y forjar diversas hipótesis. Una de ellas, la más aceptada, asegura que fue pintada en Argentina, aproximadamente en 1933, país donde residió cerca de seis meses. Se considera, además, un enlace con el mural Ejercicio plástico, antes o después de su realización. El antes es un plazo largo que va desde su llegada a Buenos Aires el 25 de mayo a septiembre, que es la fecha en que empezó a pintar el mural. El después es aún más largo.
 
 
Siqueiros llegó a Buenos Aires a finales de mayo de 1933 para presentar una exposición en Amigos del Arte por invitación de Victoria Ocampo a instancia de Luis Falcini, director del Museo de Bellas Artes. Se exhibieron 14 obras que había pintado en México, en Los Ángeles, California, y una de las que acababa de pintar de manera experimental en Montevideo. Su estancia en esta última ciudad formó parte de un exilio emprendido para salvarse de la condena judicial que el gobierno mexicano le había impuesto por disturbios callejeros durante un mitin el 1 de mayo. Había pasado más de seis meses en la penitenciaría, tras lo que le dieron la ciudad de Taxco como cárcel abierta. El inquieto Siqueiros decidió salir a la Ciudad de México para inaugurar una exposición y de ahí viajar a Estados Unidos, al que llegó en abril de 1932 para realizar tres murales, dos de ellos experimentales.
 
 
Al terminarse su permiso de estancia legal tenía que salir, pero como no podía regresar a México decidió trasladarse a Uruguay, la patria de su esposa, la poeta Blanca Luz Brum, a la cual Siqueiros había conocido en su primera visita a ese país sudamericano en 1929, cuando asistió al congreso fundacional de la Confederación Sindical Unitaria de Latinoamérica, organización del Partido Comunista, en su calidad de presidente de la sección México. Llegaron a Montevideo en enero de 1933, donde permanecieron cerca de tres meses, previo paso de dos días en Buenos Aires, buscando espacios para trabajar plástica y políticamente. En esa ciudad fue entrevistado para el periódico Critica, y aprovechó para hablar sobre sus murales en Estados Unidos.
 
 
En Montevideo buscó trabajar con sus colegas de partido, como se deduce por el Informe a los comunistas uruguayos(1) que envió el 1 de marzo al Comité Central del PCU, pero no tuvo mucho eco, posiblemente porque había sido expulsado de ese partido en México a causa de su relación con Blanca Luz, a la que acusaban de espía. Para su fortuna en el mundo del arte fue diferente. Fue recibido por un grupo de intelectuales, entre los que estuvo Guillermo Laborde, artista que usaba pinturas de silicato de la marca Keimfarben que llamaban duco, mientras que Siqueiros había usado acrílico en dos murales que realizó en Estados Unidos, un material con el que se pintaban automóviles, estufas, etc. El artista mexicano trabajó con Laborde y experimentó por primera vez con duco para obras de caballete. De esa producción, el cuadro más conocido es Víctima proletaria en la China nacionalista.
 
 
Expuso en el Círculo de Bellas Artes e impartió conferencias, una en el lugar de la exposición, otras en el estudio de Bellini, Aguerre y Peña, y en el Salón de Actos de la Universidad Mayor de Montevideo. Motivó asimismo la creación de la Confederación de Trabajadores Intelectuales del Uruguay, que se fundó a mediados de mayo, y de su periódico, Aportación. Después se trasladó a Buenos Aires, a donde llegó solo a finales de mayo. La relación con Blanca Luz se había deteriorado y terminó.
 
 
Su exposición en Amigos del Arte, la más conocida, fue inaugurada cinco días después de su arribo, el 1 de junio. Ahí dictó su primera conferencia y cerró la exposición con otra, el 17 de ese mismo mes.
 
 
¿Dónde y en qué momento pintó La pescadora? El tema refiere al mar, al trabajo obrero, tópicos que siempre le interesaron, por lo que pudo inspirarse en cualquier lado donde se realizaran esas labores. ¿Fue en la ribera de Villa Ocampo, zona del Tigre, delta del río Paraná, donde Victoria Ocampo alojaba a sus invitados y diversas personalidades? El lugar, cercano al Puerto Fluvial de Tigre, es una zona portuaria que estaba llena de islotes y chacras, donde las actividades básicas eran la pesca y los boteros.(2) Este sitio pudo inspirar La pescadora y El botero. Aunque en las diversas publicaciones sobre Ocampo nunca se menciona a Siqueiros como huésped, tal vez fue porque sus relaciones terminaron mal. Sí se menciona a Pablo Neruda, amigo de Siqueiros, que en las mismas fechas andaba en Buenos Aires, lo que indica que el pintor también pudo estar ahí.
 
 
Otro lugar de inspiración pudo ser en Rosario, provincia de Santa Fe, uno de los principales puertos de Argentina, cercana del Paraná y con actividad pesquera. Santa Fe había sido epicentro del movimiento anarquista la década de 1920,(3) un motivo de atracción para Siqueiros, quien viajó a esa ciudad el 28 de junio(4) para efectuar una exposición en el Salón La Artística, posiblemente a invitación de Antonio Berni. Allí dio una conferencia previa a la inauguración de la muestra, lo que aconteció el 3 de julio. Impartió dos conferencias más en la Escuela Normal núm. 2 en esa ciudad los días 4 y 5 de julio. A pesar de haber estado pocos días, existe la posibilidad que haya visto pescadores guaraníes realizando sus labores.
 
 
También pudo tener acceso a zonas pesqueras cuando vivió en el departamento de Rodolfo Araoz Alfaro, dirigente del Partido Comunista Argentino, tras la clausura de su exposición en Amigos del Arte y su rompimiento con Victoria Ocampo, hacia mediados de junio. El departamento se ubicaba en la avenida Presidente Manuel Quintana,(5) cerca de la Recoleta y próximo a las entonces zonas pesqueras Puerto Madero, Rio Dársena, la Laguna de Las Gaviotas y Los Coimos o Los Patos, a donde Siqueiros podía ir caminando y observar a los pescadores. Ahí residió de manera intermitente durante al menos un mes, previo a su traslado al cercano hotel Madrid cuando llegó Blanca Luz a Buenos Aires, para después, en julio, trasladarse juntos a Villa Los Granados,(6) la casa de Natalio Botana, dueño del diario Crítica. Aquí realizó el mural Ejercicio plástico.
 
 
Siqueiros colaboraba en ese periódico con ilustraciones para el Suplemento Cultural de los Sábados que dirigían Jorge Luis Borges y Ulyses Petit de Murat. El diario había sido un buen aliado del artista desde su paso hacia Montevideo en enero de ese año, cuando publicó noticias sobre sus murales angelinos. El apoyo se reforzó cuando vivió en Argentina. El 2 de junio Crítica publicó su Llamamiento a los plásticos argentinos, en el que convocaba a sus colegas para hacer murales al exterior, y los días 21 y 22 de septiembre divulgó sus textos sobre crítica de arte.
 
 
En Los Granados tuvo mayor libertad de acción. Eran constantes las visitas de sus colegas del Partido Comunista y otros personajes como Pablo Neruda, los españoles Rafael Alberti, María Teresa León, Federico García Lorca, el uruguayo Oliverio Girondo, Niceto Alacá-Zamora, Arturo Alessandri, que fue presidente de Chile y el mexicano Salvador Novo. Otras visitantes a Los Granados fueron Victoria Ocampo y Bebé Sansinena de Elizalde, pero ellas no iban a platicar con Siqueiros, sus relaciones no eran afables; cuenta Álvaro Abós que acudían para comer asados y mirar películas en el microcine de la Villa,(7) el cual se ubicaba en la esquina de la ruta 202, antes avenida Alvear y el camino al Hindú Club.(8)
 
 
Para pintar Ejercicio plástico Siqueiros convocó a los pintores argentinos Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino y Lino Eneas Spilimbergo y al uruguayo Enrique Lázaro, este último integrante de la Confederación de Trabajadores Intelectuales del Uruguay que Siqueiros ayudó a fundar. Con ellos fundó el Equipo Poligráfico, ya que el abordaje sería colectivo, herramienta de la pintura dialéctica-subversiva que había propuesto en Los Ángeles. También invitó a León Klimovsky, un apasionado por el cine, quien había fundado el primer cine club de arte en 1929. En esos años aún no era el famoso cineasta que después fue. ¿Eligió a estos integrantes porque eran comunistas? Antonio Berni y Enrique Lázaro sí, Spilimbergo, tal vez y Klimovsky seguramente no, pese a que en esos años era normal que la mayoría de los intelectuales se sumaran al PC de su respectivo país.
 
 
Klimovsky colaboró seguramente con la grabación amateur de las imágenes para Ejercicio plástico que luego se proyectaron en los muros para ser pintados. Nada tuvieron que ver los estudios de cine Baires, propiedad de Botana que estaban cerca pero se encontraban en construcción.(9) El cine era un tema por el que Siqueiros había mostrado interés desde sus años juveniles, y que fue en aumento por su relación con el cineasta ruso Einsestein y sus amigos cineastas de Hollywood, que lo condujeron a estudiar sobre el movimiento y llegar a la poliangularidad, que denominó plástica filmica. En el asunto de movimiento también se inspiró en el futurismo, del que Siqueiros fue seguidor. Por eso no le fue difícil visualizar la distorsión de las figuras femeninas sin que se perdiera la proporción de los cuerpos que fueron proyectados en el espacio cilindrico del bar situado debajo de la cocina donde pintó el mural. En realidad era un bar para hombres, donde el tema no podía ser otro que la mujer, o mejor dicho desnudos femeninos, mujeres casi sirenas, observando a esos hombres que estarían ebrios, a través de una campanilla de cristal colocada dentro del mar. Recuerdos marinos y amorosos le inspiraron para imaginarse en esa situación.
 
 
El mar era un tema muy caro para Siqueiros, porque frente a él, en Montevideo, delante de la casa de Blanca Luz, en 1929, terminó de enamorarse. Un mar en el que el artista se sumergió para salir empapado y feliz después de decirle a su amada “quiero entrar a tu mar, el Atlántico”,(10) rememoraba la poeta. Por eso el agua fue uno de los puntos de su inspiración, una forma de contener el amor perdido, como lo reflejó en el mural.
 
 
Movimiento y mar están presentes de una u otra manera en Ejercicio plástico y La pescadora, lo que hace posible que haya pintado la segunda como un ensayo en los pocos ratos libres que le dejaba la realización del mural. En ese mar coincidió con trabajadores informales de esa época como boteros y pescadores; de ahí surgió El botero, obra conocida hace unos años.
 
 
A partir de nuevos datos existen otras hipótesis sobre la fecha y lugar de la creación de La pescadora. Según las memorias de Blanca Luz, Siqueiros viajó a Perú, Chile y Brasil a su salida de Buenos Aires. No da fechas, ni menciona las actividades que realizó en esos países, por lo que faltaría investigación profunda, pero es un hecho que estuvo en dos puertos de Brasil en su viaje en buque rumbo a Nueva York. Se dirigía a Estados Unidos porque aún no podía regresar a México. Los buques, en este caso el Panam, hacía escalas que podían tardar semanas, tiempo necesario para poder reunirse con sus camaradas de los países donde intelectuales miembros del PC le organizaban conferencias.
 
 
Así, cuando el buque atracó en Santos, Brasil, pudo dar charlas en São Paulo, y durante su escala en Rio de Janeiro,(11) Emiliano Di Cavalcanti El Comandante y Cándido Portinari le organizaron una conferencia en la Associação Brasileira de Imprensa, en la que Siqueiros habló sobre “las nuevas pinturas y métodos que debían emplearse para facilitar operaciones en grandes espacios usando colores especiales y el uso de aerógrafos y sopletes de aire”. Sus palabras fueron publicadas en la revista Rumo, de acuerdo con el restaurador Domingo Tellechea.(12) En esa escala pudo conocer los murales que realizaba Portinari en el Ministerio de Educación de Brasil por instrucciones del presidente Getulio Vargas.2
 
 
En su trayecto por la costa brasileña también pudo encontrar puntos de inspiración para pintar a los trabajadores del mar; esto se deduce al observar el color de la piel de los personajes de La pescadora. Incluso es posible que haya dejado el cuadro en esa zona como pago por servicios, algo que acostumbraba a hacer. Esta hipótesis se sustenta en que la obra fue exhibida en 1949 en la Galería Samos de Buenos Aires con el título Composición, sin firma visible y atribuida al venezolano Gabriel Bracho.
 
 
El mismo Bracho hizo esa atribución al exponerla en una muestra colectiva junto con otra obra de su autoría, Lunas y peces, y pintar al reverso del cuadro la siguiente inscripción con pintura blanca aguada: “Gabriel Bracho. Buenos Aires” y su firma. El restaurador Juan Corrodini, en su papel de crítico, la validó como tal y publicó la imagen del cuadro en la revista Histonium, vol. 11, núm. 123, del mes de agosto,(13) como una obra de interés.
 
 
Ante este develamiento, César Chamma, coleccionista de la obra, buscó al hijo de Bracho para verificar la información, quien negó la autoría de su padre. Esta situación determinó que ambos supusieran que Bracho la había expuesto a su nombre por la amistad que lo unía a Siqueiros, y debido a que supuestamente estaba vetado en Argentina por su participación en asuntos sindicales, asunto que lo obligó a salir de ese país en diciembre de 1933. Las preguntas que surgen ante esta eventualidad son: ¿cuándo se conocieron y se hicieron amigos? ¿En verdad Siqueiros estaba vetado para que expusiera en Argentina? ¿Cuándo le entregó la obra? ¿Tenía Siqueiros necesidad de que su obra se exhibiera con otro nombre en una muestra colectiva en Buenos Aires? ¿Por qué en 1949, si supuestamente La pescadora fue pintada en 1933?
 
 
Aunque no sería la primera vez que alguien se adjudica una obra de otro artista, es pertinente especular como llegó a manos del venezolano. En 1933, Bracho se encontraba en su terruño, Puertos de Altagracia, estado de Zuliá, Venezuela. Viajó a Caracas entre 1935 y 1936, de acuerdo con sus biografías, para estudiar en la escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de la Unión, así que no se conocieron, ni fueron amigos, al menos no en esos años.
 
 
Tal vez el encuentro sucedió en la década de 1940 en Santiago de Chile. Siqueiros llegó a esa ciudad en marzo de 1941, rumbo a su exilio en Chillán, debido al atentado que realizó contra León Trosky, y permaneció en Chile hasta marzo de 1942. Bracho se encontraba en esa ciudad desde 1939, estudiando en la Escuela de Artes Aplicadas en la capital chilena y regresó a su país en 1942. Esto permite discurrir que Bracho visitaba a Siqueiros en Chillán y que en algún momento le entregó el cuadro. ¿Llevaba el artista este cuadro en su viaje? ¿Lo pintó en Chile? O bien, lo hizo durante su estancia en Panamá en su viaje hacia ese país, en donde permaneció un tiempo varado debido a que el gobierno mexicano sólo pagó el transporte del artista hasta ese país, y éste tardó en encontrar recursos para proseguir el viaje. Panamá es un buen lugar para observar pescadores. Sólo así se entiende que Siqueiros no pudiera exponerla en Argentina, debido a que los troskystas de todo el mundo estaban enojados con el artista por el atentado a su líder. Lo que es un hecho es que Bracho fue el único artista venezolano seguidor de Siqueiros.
 
 
Otro dato que proporciona el Dr. Chamma es que la obra “proviene de la colección de una persona perteneciente a un partido de izquierda de la provincia de Misiones y que luego de su fallecimiento, su viuda la canjea junto con otras piezas, por automóviles de colección.(14) ¿Cómo llegó a manos del izquierdista? Todo hace suponer que después de la exposición en Buenos Aires, Bracho, miembro del Partido Comunista de su país, lo vendió a un camarada, y al morir su viuda hizo lo propio con el coleccionista de autos antiguos, quien a su vez lo trasfirió al Dr. Chamma.
 
 
Independientemente de la fecha y lugar donde fue pintada, La pescadora, duco sobre masonite de 166.5 x 122 cm, es una obra lúdica, romántica y crítica. Hace referencia a la clase trabajadora, sin aparente cuestión política, pero al representar un trabajo manual como eje de su discurso plástico pone en valor a los personajes y al grupo étnico al que pertenecen, tal como lo hizo con los temas que pintó en México en los años iniciales del muralismo. Si la obra fue hecha en Argentina personifica a los migrantes de las zonas rurales del norte del país o de las naciones colindantes, sobrevivientes de las invasiones coloniales, trabajadores que en ese país les llamaban despectivamente cabecitas negras por tratarse de personas de pelo oscuro y piel de tonalidad intermedia u obscura. Las mujeres cabecitas negras eran las que bailaban conga, tal vez por eso el movimiento que muestran las dos mujeres del cuadro indica baile, fiesta, pero también esfuerzo laboral.
 
 
El hombre que ocupa el fondo de la obra parece del grupo guaraní/toba, que se localizan o localizaban en Buenos Aires y en Rosario. Toba quiere decir “frentón”, tal como está pintado, cuyo trazo tiene similitud con Concentración, obra de Siqueiros pintó posteriormente. Una de las figuras femeninas recuerda, por la pose de la mano en su frente, a una mujer del mural Ejercicio plástico, pero no es pescadora, parece que sólo se cubre del sol. Muchas de las obras de caballete ligadas al mural argentino fueron posfechadas por el artista. Si fue pintada en otro país también alude a grupos vulnerables.
 
 
La composición del cuadro es clásica por la construcción de los cuerpos. Su paleta de color es característica de esos años en Siqueiros: rojo y azul intensos, así como la textura del duco. También resulta interesante que La pescadora tenga cierta similitud en su composición, con el mural El descubrimiento del oro que Portinari realizó en 1941 para el vestíbulo de la Sala Hispánica de Lectura en Washington D. C., Estados Unidos. Lo que posibilita que el cuadro de Siqueiros haya sido pintado durante su estancia en Chile y no en Argentina.
 
 
Independientemente de la fecha de realización y el lugar, queda claro que una parte está intervenida por una mano ajena a Siqueiros, posiblemente Bracho. Las redes de pescar y el pequeño pescado que contiene carece de la fuerza de la obra de Siqueiros, lo cual se comprobaría con una buena restauración. Nos quedaremos con la duda debido a la falta de información al respecto, en el archivo que Siqueiros formó sobre su vida y en la del mismo Bracho, quien viajó a México para trabajar con Siqueiros en el mural del Poliforum, como muchos más.
 
 
En 1997, el Museo Nacional de Arte en México presentó algunas obras hasta entonces desconocidas de este artista que realizó en Uruguay y Argentina, sin embargo nunca se sabrá cuantas más realizó durante sus viajes; se asegura que a veces las regalaba a sus camaradas, o las daba a cambio de hospedaje. Otras, las vendía. Algunos las conservaron y poco a poco han ido saliendo a la luz.
 
 
La pescadora, antes Composición, fue expuesta por segunda vez el 13 de octubre de 2011 en el Museo Histórico y Numismático Dr. José Evaristo Uriburu del Banco Central de la República Argentina, pero ya con la autoría correcta y restaurada por Domingo Tellechea del Instituto de Restauro de São Paulo, quien aseveró que la técnica usada en esta obra la hace de la autoría de Siqueiros.
 
 
El recorrido anterior permitió seguir algunas actividades de Siqueiros en busca de la fecha de realización de una obra compleja de este artista.
 
 
 
 
La obra ha sido mencionada en:
 

 
 
 
 
Notas
 


[1] David Alfaro Siqueiros, “Informe a los comunistas uruguayos”, citado en Raquel Tibol, Palabras de Siqueiros, México, Fondo de Cultura Económica, pp. 81-85.

 

[2] Fernando Arrizurieta, “Siqueiros en Don Torcuato”, texto inédito, cortesía de su autor.

 

[3] A su salida del país, Siqueiros pidió a Berni que las noticias las mandara a la dirección de la escultora María del Carmen Portela en Rosario de Santa Fe.

 

[4] Previamente, el 24 de junio, sustentó una conferencia en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata.

 

[5] Ese personaje era el esposo de Carmen Portela, a quien Siqueiros le hizo un retrato, asiduo asistente a Los Granados mientras pintaba Ejercicio plástico.

 

[6] “Cartas de Blanca Luz”, en Héctor Méndizabal y Daniel Schálvenzon, Ejercicio plástico. El mural de Siqueiros en Argentina, Argentina, Editorial El Ateneo, 2003.

 

[7] Álvaro Abós, Cautivo, Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2004, citado por Fernando Arrizurieta, op. cit., inédito.

 

 

[9] El socio de Botana en los estudios era el Arq. Eduardo Bedoya. Los estudios no eran parte de Los Granados, estaban “cruzando la Panamericana, hacia Pacheco”. A la izquierda estaba “la casa de Reily y Félix Botana, el hermano menor de Natalio”, Marcia Botana, op. cit.

 

[10] “Nuevas memorias de Blanca Luz Brum”, anexo 1 en Héctor Méndizabal y Daniel Schálvenzon, Ejercicio plástico. El mural de Siqueiros en Argentina, op. cit., p. 215.

 

[11] Retrato de una década, Museo Nacional de Arte, INBA.

 

[12] Domingo Tellechea, “Convergencia Siqueiros Portinari”, julio 2012-Tecnne-Archivo Siqueiros, <http://tecnne.com/arte-y-diseno/convergencia-siqueiros-portinari/>.

 

[13] Informe del Dr. César Chamma, coleccionista de La pescadora. Texto inédito.

 

[14] Idem.

 
 
 
 
 

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