Conaculta Inba

LA OBRA DE MARÍA IZQUIERDO: UNA LUCHA CONTRA EL PATRIARCADO

Posted on 4 mayo, 2022 by cenidiap

Jeremy Uribe

 

Es un delito nacer mujer. Es un delito aún mayor

nacer mujer y tener talento.

 María Izquierdo.

 

El arte mexicano de principios de siglo XX surge en un contexto de cambios políticos y sociales, lo cual conlleva a la creación de nuevas formas de expresión dentro del ámbito estético. De esta manera, surgen artistas con propuestas de gran impacto en el país y a nivel internacional. Algunos de ellos retoman elementos prehispánicos, plasman el puño alzado del proletariado urbano y rural; otros se alían con José Vasconcelos para posibilitar la realización del proyecto de nación, no sólo mediante la educación, sino en la configuración de una nueva sensibilidad a través de las imágenes, proponiendo llevar la escena mexicana al ámbito artístico, con la finalidad de desprenderse de las exigencias académicas provenientes del extranjero y su configuración de la vida privada de los individuos.

 

 

Este listado de eventos además resalta por una particularidad: excluyó a las mujeres del devenir posrevolucionario. No se pueden comparar los grandes acervos artísticos, los patrocinios y las obras con exigentes parámetros de conservación reservadas sólo para los hombres que construyeron los cimientos de la historia, por hablar sólo del ámbito cultural. A las mujeres, por otro lado, se les cuestionó y negó su capacidad para desempeñar el oficio de artista. Esto no significaba la inexistencia de mujeres dedicadas al arte, sino la inexistencia de condiciones igualitarias para su desarrollo en el medio.

 

 

No obstante, investigadoras en Historia del Arte, como Guillermina Guadarrama, Dina Comisarenco y Karen Cordero Reiman, por mencionar algunas, han comenzado a difundir un análisis histórico-estético en torno a las estructuras de poder que, desde el género, determinan los componentes institucionales del Estado. Éstos forman artistas, deciden quiénes pueden llegar a serlo, los temas representados en los modos de ser, los cuales evidencian en el uso de la técnica, y los criterios tanto como los objetivos con los que se ha hecho la historia y crítica del arte[1]. Por ello, realizar una crítica feminista de la forma de elaborar y divulgar esta disciplina es vital para comprender las relaciones de poder de la realidad cultural y social a lo largo de la historia de México, la cual le ha otorgado sentido a las obras.

 

 

En este ensayo abordaré únicamente el trabajo de la artista postrevolucionaria María Izquierdo, quien fue activista feminista y pionera de las mujeres mexicanas en los andamios. Analizaré dos obras pictóricas: Alegoría del trabajo (1936) y Alegoría a la libertad (1937). Estas representaciones ocupan su propio lugar dentro de las temáticas realizadas por la pintora jalisciense, pues están cargadas de símbolos, en donde muestra una crítica a la discriminación de las mujeres durante su propio contexto histórico. Por lo que pregunto: ¿cómo la obra pictórica de Izquierdo es una crítica a la imposición patriarcal? Para responder, abordaré de manera crítica el contexto histórico de la artista, posteriormente analizaré las partes similares y distintas de las obras; generando un entendimiento del uso de determinados símbolos para expresar la masculinidad y feminidad, y por último hablaré del feminismo como una práctica política necesaria para resistir en el mundo. Lo anterior, con el objetivo de pensar a la acción artística y al feminismo como una herramienta emancipatoria de los modos de vida que violentan los cuerpos de las mujeres en cualquier territorialidad.

 

 

 

 

I

 

La importancia de no redactar la vida de Izquierdo como un compendio de datos biográficos nos obliga a comprender los acontecimientos enfrentados a lo largo de su vida y que indudablemente influyeron en su producción pictórica y escrita. Ignorar su constante militancia, tema abordado más adelante, manifiesta desde las decisiones que conforman su semblanza, es invisibilizar el trabajo y voz de la pintora.

 

 

María Cenobia Izquierdo Gutiérrez nació en 1902 en San Juan de los Lagos, Jalisco. Su primer acercamiento al estudio del arte fue cuando era niña, en el colegio Ateneo Puente, en el estado de Coahuila. Posteriormente, es forzada a contraer matrimonio a la edad de 15 años con el militar Cándido Posadas, con quien procreó 3 hijos. Años más tarde expresó su descontento a esta práctica que violenta los derechos humanos de las niñas, “Entre la parafernalia de la boda – el velo, el ramo, las joyas – la mujer está ausente.” Esto permite atestiguar su perspectiva crítica a las acciones incuestionables de su contexto histórico. Éste prolongó la sentencia de estos abusos ante la ley hasta 2019, cuando se aprobó la reforma para prohibir el matrimonio infantil en México[2]. En 1923, ella, sus hijos y su esposo, se mudan a la capital, en donde se divorció de Posadas, algo muy poco usual debido a las creencias populares que circulaban en torno a la institución familiar convencional. En ésta, la mujer sin marido era discriminada por no tener a su lado a un hombre, en tanto esposo, con el fin de darle valor, proteger y responder por ella ante la sociedad[3].

 

 

Cuatro años después, Izquierdo puede continuar con sus estudios artísticos e ingresa a la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA). Ahí tiene por maestros a Germán Gedovius y Manuel Toussaint. Rápidamente comenzó a destacar entre sus compañeros. En una pequeña muestra organizada por el plantel, para recibir a Diego Rivera como director, el trabajo de la artista llamó la atención del muralista. El pintor dijo que lo único que ahí valía era el trabajo de Izquierdo. No obstante, cuando supo quien produjo la obra, expresó su sorpresa, pues dentro del imaginario colectivo las féminas expresaban sus conocimientos pictóricos de manera cursilona. Por el contrario, la pintura de Izquierdo le parecía vigorosa y con un sentimiento plástico. Esa concepción cursi del quehacer femenino proviene de la imposición de los roles de género sobre los cuerpos de los individuos, en donde, según la filósofa española Celia Amorós, hay tres aspectos principales para pensar a la mujer más próxima a la naturaleza y al sentimentalismo: 1) el cuerpo femenino y sus funciones reproductoras parecen estar más ligadas a conservar “la vida de la especie”, 2) las funciones fisiológicas de la reproducción contribuyen a limitar su movilidad social al confinar a las mujeres en ámbitos relacionados con la esfera de lo privado y considerados más a la naturaleza que a la cultura, 3) la psique femenina es sentimental, interesada por personas y cosas concretas, frente a la masculina caracterizada por la tendencia a la abstracción[4]. Entonces, mientras las mujeres son sujetos subjetivos, inmediatos y su legado es parir, los hombres serán considerados objetivos, individualistas y su legado, al no poder procrear, es la ciencia y la tecnología.  Estos principios, muestra Amorós en su texto Feminismo y Filosofía, no son algo surgido por generación espontánea, podemos rastrear los antecedentes, a lo largo de la historia, donde se evidencia la forma en la que se ha violentado al sexo femenino, considerándolo un ser humano incompleto e inferior a los hombres, negándoles el acceso a la esfera pública, ocultando su identidad con seudónimos o delegando su trabajo a los varones.

 

 

Posteriormente, ante el reconocimiento de Rivera hacia su trabajo, la pintora comenzó a recibir acoso por parte de sus compañeros. La situación tornó intolerable su estadía en ese lugar. Izquierdo quiso desarrollarse según sus intereses, aunque eso implicara romper estereotipos femeninos, no por un afán de rebelarse, sino de ser. Ese ímpetu incomodaba a los hombres cercanos a ella, haciendo de la escuela un lugar peligroso para la pintora. Aunque dejar la institución no fue un impedimento para seguir adquiriendo conocimiento y produciendo obra: en 1929 realizó su primera exposición individual en la Galería de Arte Moderno del Teatro Nacional, ahora Palacio de Bellas Artes, con el sostén de Rufino Tamayo y Rivera. Asimismo, Izquierdo comenzaría a forjar una carrera artística en ascenso, llegando a ser la primera mujer mexicana en exponer su trabajo en el Art Center de Nueva York.

 

 

Más adelante, en 1945, la pintora es invitada a participar en la elaboración de frescos en el Departamento del Distrito Federal, hoy Antiguo Palacio de Ayuntamiento. Tenía por temática ilustrar el progreso nacional y las artes. Así, firmó contrato con Javier Rojo Gómez, titular de la dependencia. Elaboró cuidadosamente los bocetos, colocaron andamios y contrató al personal que la ayudaría en su labor. Sin embargo, el proyecto fue cancelado.

 

 

El motivo:  Rivera y Siqueiros declararon a Izquierdo sin capacidad y experiencia para realizar una tarea de esa índole. Se rescindió el contrato sin indemnización alguna, pero con una amenaza de embargo a la autora por no devolver el anticipo. En su lugar le ofrecieron pintar en algún mercado o escuela, la artista se negó tajantemente. De esta forma, el mural sólo se quedó plasmado en estudios a lápiz, tinta y gouache. Posteriormente realizó dos murales transportables, La Tragedia y la Música (1949), paneles portátiles al falso fresco, para demostrar a los críticos su destreza en las obras monumentales. Además, la censura la llevó a escribir cartas y artículos en diferentes medios de comunicación, como el Zócalo, el Nacional y Excélsior, criticando el monopolio que ejercían Los Tres Grandes del muralismo mexicano y la necesidad de emancipación de las mujeres de su pasado oscuro e injusto[5].

 

 

Como lo menciona Nancy Deffebach, había distintos factores que contribuyeron a la cancelación de la comisión, como lo era la competencia entre los muralistas por conseguir paredes en edificios relevantes para la historia de México y la escasez de comisiones para Rivera y Siqueiros durante algunos años[6]. Por lo tanto, la encomienda hecha a la pintora de plasmar, en un sitio de gran prestigio, el progreso de la nación encarnado en representaciones femeninas, provocó la censura de su trabajo.

 

 

De esta forma, saber que no son meros sucesos imparciales los acontecimientos vividos por la pintora jalisciense, sino eventos correspondientes a la preponderancia del sistema patriarcal encabezado por el género masculino en la construcción de mundo, nos ayuda a visualizar de mejor manera el sentido de la producción artística de Izquierdo.

 

 

 

 

II

 

Los feminismos son un movimiento social, se han desplegado en distintas corrientes de pensamiento dependiendo de las necesidades geográficas de las mujeres y de todo individuo que vaya más allá de la heteronormatividad y las identidades de género convencionales. Es decir, son una forma de acción colectiva frente a una situación en particular. En él se ha articulado teóricamente un fenómeno constante a lo largo de la historia humana, provocando cambios fundamentales en nuestra sociedad. Este movimiento social es una práctica política, surge del cuerpo al ser el primer lugar vigilado y dominado por el sistema patriarcal. Lo anterior, por ser mujeres consideradas seres humanos pertenecientes al íntimo ámbito de lo privado, constituido por relaciones de poder que pasan desapercibidas como tales bajo diferentes ropajes ideológicos: hogar, afectos, maternidad y familia. Por otro lado, el varón se desempeña en el ámbito público, es reconocido como ciudadano dentro de la polis y puede participar de manera legítima en las decisiones de la ciudad.

 

 

Este esquema, en donde las mujeres son posesión del varón, ha perdurado con el pasar del tiempo. La época de Izquierdo no fue la excepción; su vida, como he mencionado con anterioridad, estuvo repleta de situaciones que evidenciaban la existencia del sistema patriarcal. Para fines prácticos de este ensayo, lo definiremos como la manifestación y la institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y todo aquello catalogado como femenino por el mismo.

 

 

En este sentido, la obra de María Izquierdo retoma la opresión al sexo femenino en alegoría con la dominación y explotación de los recursos naturales de la tierra. Reflexionando sobre la realidad histórica y cotidiana de las mujeres, así como de los movimientos sociales de los que fueron excluidas. Así, su producción artística está compuesta por retratos, paisajes, naturaleza muerta, tradiciones populares mexicanas y escenas circenses, de estas últimas pintó más de 50, siendo el tema más recurrente en su trayectoria.

 

 

 

 

Alegoría al trabajo

Alegoría al trabajo

 

 

 

 

Para comenzar con el análisis se abordará Alegoría del trabajo, obra construida bajo la influencia del surrealismo tras la llegada del artista francés Antonin Artaud en México en 1936. A pesar de estar influida por las vanguardias internacionales de su época, mezcladas con las tradiciones populares mexicanas y su visión personal del mundo, este periodo, de estrecha amistad con el artista francés, dista de otras de sus producciones artísticas al poseer una fuerte carga simbólica, acompañada por el uso de colores brillantes, algo característico de su trabajo.

 

 

Aunque la escena del cuadro sucede al aire libre, la luz de día está ausente. La paleta de colores es utilizada, no para la realización de un paisaje tradicional, sino para transmitir ideas a través de las formas, texturas y tonalidades. Izquierdo traza un panorama en donde la madre tierra es condición de posibilidad de todos los símbolos que alberga.

 

 

En el lado inferior izquierdo de la obra, hay una mujer desnuda, de piel morena y cabello negro; las manos cubren su rostro, ella está sentada sobre un pedazo de montaña. Su tamaño no es proporcional al de un ser humano en comparación con el conjunto de montes erguidos a su costado. En la parte superior, proveniente de la bóveda celeste, un par de piernas sobresalen de todos los demás elementos, las líneas contornean su musculatura y sugieren que son las extremidades de un hombre en movimiento. En el centro de ellas, se halla contenida una luna menguante y un conjunto de estrellas dentro de una esfera dorada similar al color de las piernas. Se observa, en tonalidad naranja, una línea romperse en zigzag para acompañar el desplazamiento de las extremidades sobre el territorio; este rayo se ve detenido por la estructura de un pilar sobre la cúspide de una montaña. Al pie de ésta, se encuentra un bloque muy parecido al erguido sobre ella.

 

 

Estos símbolos no están ahí por casualidad. Se encuentran en lugar de otra cosa, en representación de una idea. Podemos hallar en la obra de Izquierdo una analogía entre el sexo femenino y la naturaleza, proveniente de la cultura grecorromana y de los pueblos originarios. A lo largo de algunas tradiciones, se han utilizado como metáforas. Además, aquí son notorias otras semejanzas con la figura femenina. Por ejemplo, la mujer y la tierra son concebidas como botín y territorio de conquista[7]. Es decir, pasan a ser un conjunto de cosas que los vencedores arrebatan a los vencidos. El sistema patriarcal interpela la subjetividad de los individuos, configurando a través de este sistema la forma de interactuar con los demás seres vivos, evidenciando su poderío sobre el cuerpo de las mujeres y la naturaleza. Esta línea de argumentación se afianzó tras la Ilustración, una de cuyas propuestas principales era el completo dominio de la naturaleza.

 

 

En la obra en cuestión se observa el símbolo de las fornidas piernas masculinas y su voluntad dinámica, haciendo surgir columnas sobre los montes. Estas imágenes insinúan la existencia de una figura masculina, más grande que los montes, irrumpiendo el horizonte y creando, por medio del rayo, el cual es fuego y conocimiento, una estructura de concreto sobre los montes y las mujeres. Este simbolismo pertenece a la época de Izquierdo, pues recuerda la expansión progresiva del proceso de modernización, ejecutado por los varones. Las ideas del Siglo de las Luces, desembocadas en la modernidad mexicana, tenían como beneficiario a la figura masculina, señalando la racionalidad como exclusiva de aquellos considerados iguales entre sí. Esto siguió perpetuando la extracción de la mujer de la esfera pública hasta 1953, cuando las féminas tienen derecho al voto y a ocupar a cargos públicos.

 

 

Se pueden observar otras alusiones al voraz surgimiento de la modernidad en México en distintas de sus obras, como lo es El Zepellin (1935) o Teléfono (1931), en donde Izquierdo muestra que la revolución “neotécnica” pretende sustituir, por medio de una aparente racionalidad y emancipación, los proyectos civilizatorios ancestrales. La presencia de la mujer y los otros seres vivos, en cualquiera de estas dos visiones, no sale bien librada.

 

 

Otros de los elementos presentes en la obra pictórica es la esfera dorada que contiene una luna menguante y un conjunto de estrellas. Los símbolos femeninos de la cosmogonía, en este caso de la cultura prehispánica, están elaborados desde la dualidad de género. Lo podemos ver, por dar un ejemplo, en la figura de Coatlicue o Tonantzin, diosa madre de la naturaleza, a quien su hija, Coyolxauhqui, intentó atacar tras no confiar en el testimonio de su madre, la cual aseveró estar embarazada por una esfera de plumas proveniente del cielo. La violencia hacia Tonantzin tiene su origen en ser la diosa madre y haber agraviado los atributos femeninos que la encarnan, entre ellos la pureza. Quebrantarlos era motivo para atentar contra su integridad. Por otro lado, Coatlicue es decapitada por la furia de Huitzilopochtli, convirtiendo su cabeza en la luna.

 

 

Estos discursos cosmogónicos se siguieron replicando dentro de los movimientos intelectuales del país, afianzándose aún más tras el rescate del pasado indígena de la primera mitad del siglo XX. Tal es el caso de Octavio Paz, Artaud, Bretón y Tamayo. Izquierdo no fue la excepción en abordar estos temas, no obstante, su trabajo cuestionó la forma en la que lo femenino había sido representado y asumido en la iconografía del arte.

 

 

“Sí, yo misma, la madre del pedernal y de la estrella, yo, encinta del rayo, soy ahora la pluma azul que abandona el pájaro en la zarza. Bailaba, los pechos en alto y girando, girando, girando hasta quedarme quieta; entonces empezaba a echar hojas, flores, frutos. En mi vientre latía el águila. Yo era la montaña que engendra cuando sueña, la casa del fuego, la olla primordial donde el hombre se cuece y se hace hombre.”[8]

 

 

Cabe enfatizar que el sistema patriarcal no es un acontecimiento occidental, como lo podemos corroborar en la cosmogonía de los pueblos indígenas. Pensadoras como Lorena Cabnal, feminista y defensora comunitaria originaria del pueblo Xinca-maya de Guatemala, han realizado arduas investigaciones para demostrar la existencia del patriarcado en el origen de las comunidades ancestrales. “Con esto afirmo también que existieron condiciones previas en nuestras culturas originarias para que ese patriarcado occidental se fortaleciera y arremetiera.”[9]

 

 

 

 

Alegoría de la Libertad

Alegoría de la libertad

 

 

 

 

En Alegoría a la libertad, Izquierdo recupera algunos de los símbolos de la Alegoría del trabajo, como el rayo, la luna menguante y la mujer. Sin embargo, hay nuevos elementos conformando la narración. El fondo es de un azul oscuro con matices negros cada vez más intensos al aproximarse a la boquilla de lo que parece ser una fábrica. A pesar de la contaminación del ambiente, se percibe la luna y una figura alada surcando los cielos a los cuales las torres de la industria han alcanzado. Además, se encuentra un ser alado de cabello rubio, quien lleva en una mano una antorcha encendida y, en la otra, tomadas por el cabello, un conjunto de cabezas de mujeres.

 

 

La obra no alude al título, como, por ejemplo, La libertad guiando al pueblo (1830) de Eugéne Delacroix o La Patria (1962) de Jorge Gonzales Camarena, en donde la mujer es representada a través de la encarnación de la tierra que le dio vida. Las piezas de estos autores no representan al sexo femenino como individuo, sino como un ideal. Esto lo podemos encontrar en la iconografía posrevolucionaria, en donde el cuerpo femenino representaba la paz, la maternidad, la naturaleza y, en el proyecto de nación impulsado por Vasconcelos, el magisterio, como se observa en el mural Atentado a las maestras rurales de Aurora Reyes (1936) o La maestra rural (1932) de Rivera.

 

 

La identidad nacional tiene como personaje protagónico al héroe, interpretado por un hombre. Pues a pesar de que la revolución pretendía una transformación social, la mujer siguió relegada a la esfera privada o como acompañante en la lucha revolucionaria. Dado lo anterior, Izquierdo muestra a lo largo de su producción artística a las mujeres como elemento principal, tal como lo observamos en las acróbatas, domadoras y trapecistas de sus pinturas circenses. Así, esta obra narra a través de la alegoría de la libertad a las mujeres que perdieron la vida durante este proceso de colonización y revolución, contrastando el pasado indígena con el horizonte moderno, creando su lenguaje propio para construir la identidad mexicana, lejos de los grandes mitos históricos y cerca de la cotidianidad, las leyendas y tradiciones de las comunidades.

 

 

 

 

III

 

Izquierdo a lo largo de su carrera como artista y desde su posición como mujer, expresó su inconformidad hacia las desigualdades de género existentes en su contexto histórico. La artista conjuntó las herramientas políticas de la práctica feminista y su pasión por la escritura y la pintura. Esto, con el objetivo de divulgar otra forma de concebir a las mujeres dentro de la sociedad, acciones totalmente necesarias para el surgimiento de un mundo mucho más habitable.

 

 

Su urgencia por transformar la realidad de las mujeres mexicanas se ve reflejada en Cartas a las mujeres de México[10], publicada en el periódico Zócalo, en donde reflexiona en torno a la emancipación femenina en todos los ámbitos de la sociedad mexicana. Así, la importancia de profundizar en los acontecimientos experimentados por la artista, como su ideología y militancia, nos permiten entender cómo Izquierdo eligió los materiales y temas de sus obras. Otorgando otro horizonte a sus piezas desde un análisis histórico-estético con perspectiva de género, crítica que yace en su trabajo, pero es vital retomar para mostrar la lucha de las mujeres en la historia del arte mexicano, clave para pensarlas como sujetos de acción y no musas o pintoras casuales. Por todo esto se puede responder a la pregunta de este trabajo: Izquierdo tematizó la opresión y reivindicación del sexo femenino y su alegoría con la tierra, para mostrar la herida causada por el sistema patriarcal en los cuerpos de las mujeres y los demás seres vivos.

 

 

A lo largo del ensayo se mostró a Izquierdo como mujer feminista, la cual, desde su perspectiva pensó el pasado indígena, los efectos de la colonización y el proceso de modernización, resignificando los temas propios del movimiento de la escuela mexicana, dejando ver entre los colores brillantes de su paleta, las preocupaciones y pasiones que conformaron su vida.

 

 

 

 

 

Bibliografía:

 

Amorós Celia (Ed), (2000), Feminismo y Filosofía, Madrid, Síntesis.

Andrade Lourdes, (2005), Mujeres de Barro y Sangre, Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, URL: http://www.cenidiap.net/biblioteca/abrevian/2abrev-andrade.pdf

Cabnal Lorena, Acercamiento a la construcción de la propuesta del pensamiento epistémico de las mujeres indígenas feministas comunitarias de Abya Yala, Feminista siempre, Las segovias, 2010.

Cordero Reiman Karen, Sáenz Inda (Comp), (2001), Crítica Feminista en la Teoría e Historia del Arte, Ciudad de México, Conaculta Fonca.

Deffebach Nancy, (2015), María Izquierdo y Frida Khalo, Challenging Visions In Modern Mexican Art, University of Texas Press.

—–, 2018, María Izquierdo: Arte puro y mexicanidad, Co-herencia, Vol. 15, No. 29, pp. 13-36, URL: http://www.scielo.org.co/pdf/cohe/v15n29/1794-5887-cohe-15-29-00013.pdf

Izquierdo María, Suplemento Zócalo, No2, Carta a las mujeres de México, 24 de octubre de1950.

—-, (1947), María Izquierdo vs Los Tres Grandes, El Nacional: Órgano Oficial del Gobierno de México, URL: https://icaa.mfah.org/s/es/item/792897#?c=&m=&s=&cv=&xywh=528%2C401%2C1473%2C824

Hernández Jiménez Gloria, (2015), Tragedia y Música: los avatares de la creación y la figura femenina en la obra de María Izquierdo, Crónicas, El Muralismo, Producto de la Revolución Mexicana, en América; N° Especial, URL: https://repositorio.unam.mx/contenidos/46784

Médor Ducange, (2013), Divorcio, discriminación y autopercepción en un grupo de mujeres en Guadalajara, Jalisco, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente.

Paz Octavio, (1987), ¿Águila o Sol?, Mariposa de Obsidiana, Ciudad de México, Fondo de cultura económica.

Senado de la República, (2019), Boletín: Prohíben el Matrimonio Infantil, Coordinación de Comunicación Social, URL: http://comunicacion.senado.gob.mx/index.php/informacion/boletines/44207-prohiben-el-matrimonio-infantil.html

Universidad de Costa Rica, (14 de junio 2017), Rita Segato: Cuerpo, territorio y Soberanía: violencia contra las mujeres, URL: https://www.youtube.com/watch?v=Nvss3YPEUv4

Villafuerte Banderas Miguel Alonso, (2019), María Izquierdo: una crítica y resistencia a un mundo moderno, Universidad Iberoamericana, CCC 201

 

 

 

 

[1] Cft, Cordero Reiman Karen, Sáenz Inda (Comp), Crítica Feminista en la Teoría e Historia del Arte, pp. 2

[2] NA: No fue prohibido en todo el territorio mexicano, estados como Baja California están exentos. Senado de la República, (21 de marzo 2019), Boletín: Prohíben el matrimonio Infantil.

[3] Médor Ducange, Divorcio, discriminación y autopercepción en un grupo de mujeres en Guadalajara, Jalisco, pp. 8

[4] Cft, Amorós Celia, Feminismo y filosofía, pp.34

[5] Cft, Izquierdo María, María Izquierdo vs Los Tres Grandes, El Nacional: Órgano Oficial del Gobierno de México.

[6] Deffebach Nancy, María Izquierdo y Frida Khalo, Challenging Visions In Modern Mexican Art, pp.111

[7] Universidad de Costa Rica, Rita Segato: Cuerpo, territorio y Soberanía: violencia contra las mujeres, URL: https://www.youtube.com/watch?v=Nvss3YPEUv4

[8] Paz Octavio, ¿Aguila o Sol?, Mariposa de Obsidiana, pp.93-94

[9] Cabnal Lorena, Acercamiento a la construcción de la propuesta del pensamiento epistémico de las mujeres indígenas feministas comunitarias de Abya Yala, Feminista siempre, pp. 15

[10]  Izquierdo María, Carta a las mujeres de México.

 

 

 

 

Lo que otros están diciendo

  1. Rogelio trasancos 18 marzo, 2024 at 2:31 pm

    Quisiera contactar con Miguel banderas para una consulta sobre maria izquierdo una obra mia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *