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Maravillas olvidadas de El Mundo Ilustrado – 1 – El inicio trepidante de los velocípedos en México

Posted on 19 julio, 2019 by cenidiap

Martha Eugenia Alfaro Cuevas
 
 
Hoy en día la bicicleta se ha convertido en una de las mejores opciones de movilidad en las grandes urbes por razones de sobra conocidas. Esta reseña propone que nos adentremos en los orígenes de este medio de transporte en el México de finales del siglo XIX y cómo se puso de moda de forma vertiginosa: se abrían clubes especializados en este nuevo sport —como le llamaban en aquel entonces—, se organizaban carreras, los ciclistas entusiasmados participaban en desfiles y eventos cívicos y sociales, se hacían excursiones… Paralelamente, personas de condición económica menos favorecida comenzaron a sustituir sus mulas, burros o caballos por este velocípedo como una opción de transporte.
 
 
Breve historia de la bicicleta
 
Aunque en el siglo XVII un científico francés llamado Ozanan dio a conocer los antecedentes teóricos para la construcción de los velocípedos, esta máquina fue construida hasta 1790 por M. de Siurac, quien la bautizó con el nombre de celerífero —nombre formado por palabras latinas: celer, rápido y fero, llevo—. Estaba hecha de madera y la componía una vigueta provista adelante y atrás con un par de horquillas entre las cuales giraban dos ruedas.
 
 

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La bicicleta a través de los tiempos, El Mundo, 25 de octubre de 1896, p. 265. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
En 1818 el barón Drais Saverbon mejoró el celerífero al instalar en la parte delantera un soporte que permitía que la rueda pudiera oscilar de derecha a izquierda, es decir, la convirtió en un timón que conducía la rueda delantera. El barón llamó a su nuevo invento draisiana, y mandó a un criado a que la exhibiera en el jardín del Tivolí de París. La presentación fue un fracaso y el inventor decidió abandonar su proyecto.
 
 
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La bicicleta a través de los tiempos, El Mundo, 25 de octubre de 1896, p. 265. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
Los ingleses sustituyeron la madera de la draisiana por fierro y le pusieron el nombre de pedestrian-horser o hobby horses (caballos mecánicos). Esta nueva máquina estaba soportada por dos ruedas ligeras que corrían sobre la misma línea. La rueda de adelante giraba sobre un pivote que, por medio de una corta palanca, servía para dar dirección tanto a la derecha como a la izquierda; la rueda de atrás conservaba siempre su dirección. Agregaron un asiento que fue colocado entre dos ruedas, los pies iban colocados a ras del suelo.
 
 
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La bicicleta a través de los tiempos, El Mundo, 25 de octubre de 1896, p. 265. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
Este tipo de velocípedo era muy difícil de manejar porque era muy pesado, las ruedas eran de metal, madera y goma y la llanta delantera era más grande que la trasera, lo que generaba frecuentes desequilibrios y caídas; además, como no había muchas calles asfaltadas resultaba una tortura usarlas en terrenos irregulares, de ahí que recibieran el mote de quebrantahuesos.
 
 
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Anuncio silla de volteo, El Mundo, 9 de mayo de 1897. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
La bicicleta como la conocemos actualmente —las ruedas del mismo tamaño, pedales y manivela— fue patentada en Estados Unidos por el francés Pierre Lallemont, residente de Connecticut, en 1865. A su invento le puso el nombre de biciclo.
 
 
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Mecanismo de apartado Boudard, El Mundo, 6 de enero de 1895. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
En muy poco tiempo la bicicleta comenzó a tener una gran aceptación gracias a las innovaciones que se le fueron haciendo. Paralelamente, su gran popularidad hizo que aumentaran las calles asfaltadas. Para 1895 se producían anualmente en los Estados Unidos un millón de biciclos, y se calculaba que en 1899 el número se incrementaría a tres millones y medio; los pronósticos decían que para 1905 iba a ver 15 millones de velocipedistas en el país.(1)
 
 
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El ciclismo en Inglaterra. Ballesrsee Park en las mañanas, El Mundo, 8 de diciembre de 1895. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
Las mujeres en Europa y Estados Unidos se incorporaron con entusiasmo a esta nueva actividad deportiva a pesar de que en un principio había un fuerte rechazo por parte de las iglesias protestantes. Esto se terminó cuando el cuerpo médico y ginecólogo de la ciudad de Nueva York condujo una serie de estudios y declaró que el uso moderado de la bicicleta era benéfico para la salud de las mujeres y que lo recomendaba. El gran furor que trajo este deporte propició que la industria textil y de moda comenzara a producir ropa adecuada para el uso de los velocípedos, sobre todo para el sexo femenino; por fin, sus practicantes tuvieron la oportunidad de liberarse de las faldas largas y comenzaron a usar los famosos bloomers. Las casas de moda sacaron a la venta para el uso de la bicicleta medias largas de lana escocesa y pantalones cortos con hebillas en las rodillas.(2)
 
 
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El ciclismo y la moda, princesa Maud, nieta de la reina de Inglaterra, El Mundo, 8 de diciembre de 1895. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
La nobleza europea quedó maravillada con la bicicleta y la adaptaron con gran entusiasmo para practicar deporte. Fue bastante común apreciar en la prensa ilustrada numerosas fotografías de la aristocracia haciendo ciclismo, como la princesa Maud hija de los príncipes de Gales, la princesa Victoria, la duquesa de File, el zar de Rusia, el príncipe de Gales, el emperador de Alemania, el rey de Bélgica, el de Grecia y el de Suecia. Los literatos también practicaban el nuevo sport, como Emilie Zola, Alphonse Daudet, Lemaitre, don José Echegaray y don Benito Pérez Galdós.
 
 
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Algo de ciclismo, príncipe Waldemaro de Dinamarca, príncipe Jorge de Grecia, el zar, príncipe Nicolás de Grecia, príncipe Carlos de Dinamarca, El Mundo, 10 de mayo de 1896, p. 286. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
El auge de este vehículo motivó la construcción de velódromos por doquier. En hoteles, tabernas y fondas se construyeron lugares especiales para que se guardaran las bicicletas, y en muchos de esos establecimientos se fijaron tarifas con descuento para los miembros de diferentes clubes de ciclistas.(3)
 
 
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Cadena de ciclistas, príncipe heredero Saxe-Coburg-Gotha, princesa Leopoldina de Ratibor, princesa Alejandra de Saxe-Coburg-Gotha, princesa Beatriz de Saxe-Coburg-Gotha, princesa Beatriz de Saxe-Coburg-Gotha, príncipe heredero Honhenlohe-Laungenburg, El Mundo, 8 de diciembre de 1895, p. 309. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
 
En México
 
En la Ciudad de México el nuevo invento cobró auge a partir de la construcción del primer velódromo de la Piedad. En este sitio se creó el primer club ciclismo, encargado de organizar carreras todos los domingos; sus instalaciones estaban muy bien adecuadas, contaban con una biblioteca especializada en el novel deporte, así como gimnasio y sala de armas. En 1896 una de las carreras más importantes fue la de tres millas, el ganador fue el francés Luis Loubens.(4)
 
 
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Algo de ciclismo, Luis Loubens, vencedor de la carrera de tres millas efectuada el domingo último en el Velódromo de la Piedad, El Mundo, 10 de mayo de 1896, p. 287. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
En muy poco tiempo proliferaron los clubes de ciclismo por todo el país y aumentaron los concursos y la participación de los velocípedos en desfiles. Las excursiones de ciclistas se volvieron bastante comunes, por ejemplo la organizada por Don Federico Trigueras a los ahuehuetes de Azcapotzalco. El punto de reunión era en el Castillo Chapultepec, donde después del saludo del presidente Porfirio Díaz se dio el banderazo de salida. En el grupo de ciclistas figuraban el Sr. Rebollar, el Lic. D. Miguel Macedo, el Lic. Valdés de Puebla, el ministro de Bélgica, el Sr. Crump, presidente del Cyclist Club, entre otros.
 
 
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Concurso de bicicletas efectuado el Martes del Carnaval, El Mundo, 23 de febrero de 1896, p. 116. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
En 1899 se calculaba que había unos seis mil ciclistas en México, incluyendo los que usaban la bicicleta con fines de trabajo. Se aseguraba que si todas las bicicletas se formaran en fila tendría un largo de 17 kilómetros.(5)
 
 
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Sr. Manuel Gaviño. Segundo premio, El Mundo, 25 de septiembre de 1898, p. 251. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
A pesar de la enorme aceptación que tuvo el ciclismo en el sexo femenino los reporteros escribían en la prensa ilustrada que México era la excepción. Probablemente pensaban que era una actividad poco adecuada para las señoritas decentes. Uno de los reporteros argumentaba que era todo lo contrario, ya que si la bicicleta se usara con el traje de rigor resultaría su práctica muy adecuada y saludable.(6) Este poco interés del sexo femenino en incorporarse al uso de los velocípedos se vio reflejado en las fotografías e ilustraciones: la inmensa mayoría son hombres; de todas las imágenes sobre el tema sólo se encontró una donde se aprecia a unas jovencitas, reunidas en la glorieta del Caballito, a punto de iniciar un recorrido. No portan los trajes adecuados para el uso de la bicicleta sino vestidos largos e incómodos.
 
 
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Regreso del bosque. Dibujo tomado del natural por Leandro Izaguirre, El Mundo, portada, 31 de mayo de 1896. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
Cuando en la última década del siglo XIX se consolidó el ciclismo en México se tenía una percepción muy optimista y esperanzadora del uso de la bicicleta; se consideraba que era el medio de locomoción del hombre nuevo. Baste cita, las palabras de un reportero que narraba con entusiasmo:
 
 
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Grupo de alumnos del Liceo Francés de San Cosme, El Mundo, domingo 25 de septiembre de 1898, p. 254. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
 

Quien presenció el gran desfile de ciclistas el domingo sin sentir la maravillosa significación de esa máquina, corre peligro de no comprender las modernas tendencias de la humanidad. En marcha robusta, tranquila y rápida nos habla, no sólo de una fisiología robusta, de hombres y mujeres nuevos, sanos amantes de la naturaleza, sino de cerebros más amplios de concepciones más rápidas, de chispazos de voluntad instantáneos, como chispazos eléctricos.
 
Sólo algún descarriado de esos que buscan el camino de la vida en las abruptas quiebras de la tradición puede creerse en lo justo al desdeñar como escuela de un atletismo brutal el sport de la bicicleta. […] La bicicleta es el instrumento de locomoción del hombre nuevo en el medio nuevo va creando el esfuerzo científico que mejora la obra de la naturaleza y la obra de los hombres de ayer. […] y que no cause extrañeza el papel de los ciclistas en la obra del progreso, porque los ciclistas tienen en sus filas a los primeros intelectuales del mundo. (7)

 
 

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Club de Ciclistas de la Isla del Carmen, El Mundo, 10 de diciembre de 1899. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
Con estas opiniones tal parecía que la bicicleta era el transporte del futuro y las modernas ciudades no podían tener una mejor forma de poder movilizarse. Sin embargo la llegada estandarizada del automóvil de motor de explosión interna una década después —la industria de Henry Ford es el mejor ejemplo de ello— los velocípedos fueron relegados a actividades deportivas y como fuente de trabajo para personas de bajos recursos económicos. Como frecuentemente pasa en el sistema capitalista, se hace lo que conviene a los intereses de los grandes empresarios, en este caso favorecer a las grandes compañías petroleras y a las industrias de automóviles, que se vieron inmensamente beneficiados con la fabricación de autos, por lo que echaron a andar un complejo sistema de publicidad y persuasión para lograr que el automóvil fuera adquirido por millones de personas y convertirlo en el medio “ideal” de movilidad de las sociedades capitalistas.
 
 
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Club México. Excursión de ciclistas, El Mundo, 11 de junio de 1899, p. 396. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
Así, modelos como el tándem no pudieron proseguir “su viaje triunfal a través de las naciones”. Esta bicicleta estaba diseñada para ser usada en pareja; se decía que ofrecía un armonioso aspecto, además de hallar comodidad y encanto.(8)
 
 
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TÁNDEM MODELO, El Mundo, 12 de abril de 1896, p. 228. Foto: Martha Eugenia Alfaro Cuevas.


 
 
 
 
Notas
 


[1] Curiosidades. La bicicleta a través de los tiempos, El Mundo, 25 de octubre de 1896, p. 265.

 

[2] El ciclismo y la moda, El Mundo, 8 de mayo de 1895, p. 7.

 

[3] Algo de ciclismo, El Mundo, 10 de mayo de 1896 p. 286.

 

[4] Ibidem, p. 287.

 

[5] La excursión de los ciclistas, El Mundo, 11 de junio de 1899, p. 396.

 

[6] Algo de ciclismo, El Mundo, 10 de mayo de 1896 p. 287.

 

[7] La excursión de los ciclistas, El Mundo, 11 de mayo de 1899.

 

[8] TÁNDEM MODELO, El Mundo, 12 de abril de 1896, p. 228.

 
 
 
 

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