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Vicente Kramsky: un fotógrafo local

Posted on 2 mayo, 2016

Gabriela Torres Freyermuth
 
 
Vicente Kramsky nació en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en 1929, en el seno de una familia de origen alemán. Su abuelo, Vicente Kramsky Bittner, arribó a México en 1870 en el contexto de la invitación que el gobierno mexicano extendió a extranjeros para poblar el país. Pronto decidió probar fortuna en San Cristóbal, donde conoció a Emilia Ramos Bourdois, con la que se casó y fundó la fábrica de zapatos La Sultana, la cual llegó a ser reconocida en toda la región y cuyo éxito comercial invistió a la familia de gran prestigio y destacada posición social. Muestra de la bonanza familiar de entonces fue la adquisición de la casa de campo conocida como “El Tívoli”.[1]
 
 
La pareja Kramsky Ramos tuvo seis hijos, quienes desde pequeños recibieron lecciones de piano, canto y pintura, sin que hubiera necesidad de que asistieran a la escuela, ya que todo lo aprendieron en casa. Sin embargo, a la muerte de Emilia y posteriormente de Vicente, la fábrica no fue bien administrada por los hijos y el negocio se vino abajo. La casa fue vendida y de la fortuna que los Kramsky Ramos habían acumulado quedó sólo el recuerdo.
 
 
La mayoría de los hijos decidieron abandonar la ciudad y trasladarse a la capital del país, el único que permaneció en San Cristóbal fue Rodolfo Kramsky, quien trabajó durante algún tiempo en el Banco Nacional y se casó con Guadalupe Coello Paniagua, con quien procreó seis hijos: el fotógrafo fue uno de ellos.
 
 
Vicente Kramsky vivió durante toda su infancia en San Cristóbal de Las Casas y estudió hasta la secundaria, en la que durante esa época se impartían alrededor de dieciséis materias, y de las cuales se interesó especialmente por el dibujo, la pintura y la geografía, disciplinas que poco a poco lo irían formando como artista.
 
 
Su primer trabajo fue en el cine Las Casas, donde inicialmente se encargó de la taquilla y de proporcionar la propaganda de las películas que se exhibían. Sin embargo, su pasión por lo artístico lo llevó posteriormente a ocuparse en el diseño e ilustración de los carteles con los que se promovían los filmes.
 
 
A principios de la década de 1950 la enfermedad de uno de sus hermanos obligó a que la familia Kramsky Cuello se trasladara a la Ciudad de México. Después de un año Vicente decidió volver a San Cristóbal, donde en 1951 contrajo matrimonio con Francisca Espinosa, con la que tuvo nueve hijos. A su retorno recuperó su trabajo en el cine con la ayuda de su esposa, quien expendía los boletos en taquilla mientras él iluminaba los carteles.
 
 
Unos años después, al descubrir la fotografía como su verdadera pasión, se formó como fotógrafo autodidacta e inició su oficio con una cámara Kodak Retinet 127. Todo empezó como un juego en el que los retratados fueron sus amigos: “tomaba las fotos del boxeador en pose frente al cine Zebadúa, o del sindicato, un grupo de cinco personas al que él pertenecía”, según recuerda su amigo Justus Fenner,
 
 
El trabajo de Vicente Kramsky estuvo marcado a lo largo de su vida por dos líneas: la primera fue la fotografía “de sociales”, que desarrolló al principio, para posteriormente incursionar en una línea personal —de registro— dictada por sus pasiones e intereses y que dieron continuidad al trabajo realizado por José Antonio Crocker, quien además de ser fotógrafo social fue el documentalista de la ciudad antes de Kramsky.
 
 
Así, en la década de 1950 comenzó a registrar los eventos más importantes de la sociedad, como bodas, bautizos o primeras comuniones, mediante fotografías instantáneas que su esposa Francisca se encargaba de vender. De esta manera se convirtió con el paso del tiempo en el fotógrafo social de la ciudad, con lo cual acumuló el capital necesario para adquirir sustancias reveladoras y el equipo fotográfico que le permitió montar su primer estudio, localizado a pocas cuadras del centro de la ciudad.
 
 
Poco a poco, la fotografía fue ganando espacio en la vida cotidiana de San Cristóbal; las personas asistían entusiasmadas, inclusive con sus mascotas, al estudio de Kramsky para obtener una imagen impresa en papel. Para tomar las fotografías, Vicente utilizó diversos tipos de cámaras, y adquirió desde la capital los insumos para el revelado que él mismo realizaba.
 
 
¿Qué orilló a Kramsky a convertirse en fotógrafo? Aunque nadie de su familia tuvo relación con la fotografía, lo cierto es que durante gran parte de su vida estuvo en contacto con las imágenes. Justus Fenner relata que durante una temporada Kramsky vivió en casa de una tía y el recuerdo más vívido de Vicente sobre este periodo fue haber visto la casa llena de tarjetas con pequeñas fotografías. Se trataba de retratos de indígenas reclutados (“enganchados”) para el trabajo en las fincas cafetaleras del Soconusco. Las numerosas fotografías fueron reunidas y quemadas por su tía frente a él, acontecimiento que lo marcó.
 
 
Posteriormente, su trabajo en el cine Las Casas le dio acceso a las fotografías que se utilizaban para elaborar carteles. Formó parte de este negocio y durante los años cincuenta tuvo relación con el que había sido durante un largo periodo el fotógrafo social de San Cristóbal: José Antonio Crocker. El contacto con imágenes fotográficas en diferentes contextos hizo que Kramsky adquiriera un interés especial que orientaría su vocación.
 
 
En la década de 1960, ya con mayor experiencia, Kramsky se convirtió en “el fotógrafo” por excelencia de la ciudad. Fenner recuerda: “tuvo un don para eso, realmente él de alguna u otra manera descubrió una capacidad que no sabía que tenía y la desarrolló magníficamente”.
 
 
Decidió dejar el estudio en manos de su esposa y dedicarse a viajar por el estado para registrar fotográficamente las riquezas chiapanecas, lo que representaría la segunda línea que marcaría su profesión. De esa faceta, el investigador Víctor Esponda nos dice: “Kramsky era un hombre muy inquieto, le gustaba salir y captar testimonios, fotografiaba todo lo que consideraba digno de retratar.” Inicialmente capturó imágenes de las zonas arqueológicas de Palenque, Toniná y Bonampak, y su impulso excursionista lo llevó a lugares poco conocidos, que a través de la fotografía se daban a la luz pública.
 
 
Captó paisajes característicos del estado como Agua Azul, Misolhá, Montebello y el Cañón del Sumidero, y se empeñó en fotografiar ciudades como Tuxtla Gutiérrez, Chiapa de Corzo, Comitán, Venustiano Carranza y Teopisca.
 
 
Fue de los primeros en Chiapas en desarrollar una especie de antropología visual, al capturar imágenes de pueblos indígenas como San Juan Chamula, Huixtán, Amatenango del Valle, Chenalhó, Oxchuc y Cancuc. Esto significa que no sólo retrató a los indígenas de la cabecera urbana, sino que se trasladó a las comunidades indígenas para registrarlas, convirtiendo estas fotografías en verdaderas joyas y una de las tantas líneas en donde puso su sello.
 
 
Su obra más representativa se centró en San Cristóbal de Las Casas, siendo ésta la ciudad más fotografiada. Las imágenes muestran la arquitectura, los oficios y la vida social de la población sancristobalense. Entre la gama de imágenes, resaltan las fotografías de la feria que se instalaba durante los años sesenta en el parque central, llenando de luces el corazón de la ciudad.
 
 
También retrató sucesos y siniestros importantes que repercutieron en la vida de los habitantes de San Cristóbal como las inundaciones, y la caída de las cenizas  de la erupción del  volcán Chichonal, en abril de 1982.
 
 
La geografía cautivó su interés y por tal razón elaboró mapas turísticos de Chiapas, Palenque y de la región de los Altos. “Los únicos mapas que tu podías encontrar aquí eran hechos por él y estaban en venta sólo en su tienda”, comenta Fenner. Realizó también una guía turística para visitar el sitio arqueológico de Palenque, e inició otras más sobre la ciudad de San Cristóbal que han permanecido como indispensables borradores hasta la actualidad.
 
 
Debido a las pocas redes de comunicación y a las escasas cámaras fotográficas existentes entonces en Chiapas, la fotografía de Kramsky comenzó a difundirse a través de tarjetas postales, las cuales han dado la vuelta al mundo: “Está en la primera línea de quienes han llevado las imágenes de este pueblo mágico por el mundo; no hay país que no tenga postales suyas”.[2] La tarjeta ilustrada sirvió para mostrar la existencia de un lugar exótico, una especie de realismo fantástico. Durante un largo periodo Kramsky fue el único productor de tarjetas postales, mismas que se vendían en todas las ciudades del estado de Chiapas “las fotos que tú comprabas siempre eran de él”, dice Fenner. La elaboración de postales favoreció al fotógrafo, ya que además de su valor comercial sirvió para impulsar el turismo. De esta forma, a través de las imágenes plasmadas en ellas hacía lo que más le gustaba: tomar fotos, difundir su estado y vivir de ello.
 
 
Kramsky se convirtió en una institución ya que fungía como la puerta de entrada al estado, y de esta forma fue adquiriendo la simpatía de los foráneos, informándoles “sobre a dónde ir, qué ver, cómo llegar. Él era casi como lo que hoy es la oficina de turismo”.
 
 
Definido por su esposa como un hombre “pensante, comprensivo, aventurero y bohemio”, Kramsky se caracterizó también por tener un “espíritu juguetón” al que hace referencia su amigo Justus Fenner:
 
 

Él era un experimentalista: le gustaba jugar y distorsionar la realidad para descubrir otra (realidad) paralela. Experimentaba con filtros, jugaba con sombras. Si bien la fotografía le servía como medio de sobrevivencia siempre la practicaba como una diversión, era algo que realmente le fascinaba. Esto es algo muy notorio en él, en su personalidad y obra. Que aparte de lo que servía de venta siempre estaba dispuesto en hacer cualquier cosa con la fotografía que a él le divirtiera. Eso lo llevó a experimentar posteriormente con el video, abriéndose siempre al mundo, jugando siempre con la imagen sin darle la seriedad que otros le daban a su trabajo.

 
 
Su obra es definida por Francisca Espinosa como “única, algo suyo que realizó a pulso […] por el bienestar de Chiapas, principalmente por San Cristóbal”.[3] Vicente Kramsky fue conocido como el “mago de la lente” y durante la segunda mitad del siglo XX fungió como el fotógrafo local por antonomasia ya que retrató a su gente, su arquitectura y su paisaje.  “Se dedicó a registrar con su lente, con esa retina del tiempo, momentos culturales; todos los usos, las costumbres, los hábitos, las tradiciones”.[4] Además de ello, se le reconoce por haber explorado por primera vez —en 1947— las grutas de Rancho Nuevo, las cuales se han convertido en uno de los principales atractivos turísticos de la región. Este lugar será considerado su lugar favorito debido a que representa “un espacio diferente, alejado de todo lo que conocía”.[5]
 
 
Fue amante de la novela latinoamericana y el cine de ciencia ficción, admiraba a artistas como Van Gogh y Woody Allen. Fue también un melómano capaz de apreciar tanto la música clásica como la popular de los chiapanecos Hermanos Domínguez. Un hombre apasionado, estudioso, dedicado, amante de la geografía, del cine y de la BBC de Londres y de Radio Holanda.[6]
 
 
Hombre de pocas palabras, Vicente Kramsky gozó de la naturaleza y de su pueblo a través de la fotografía. Nunca aceptó reconocimiento de nadie, aunque actualmente todos los sancristobalenses lo recuerdan.
 
 
 
 
[1] La imagen muestra el retrato familiar de la familia Kramsky Bourdois, a principios del siglo XX, en su casa de campo. Llama la atención que dentro de la toma se incluyera a personas indígenas a  lado de la familia, ya que durante este periodo la población indígena representaba la clase más subordinada de la sociedad, existiendo incluso una prohibición municipal que les impedía transitar por el parque central. Es probable que la familia Kramsky decidiera que sus trabajadores fueran retratados junto a ellos ya que, como señala Emilia Kramsky, tenían otra percepción de esta población. Siendo ajenos al racismo de la cultura coleta, los trataban con respeto y los consideraban parte de la familia, de tal manera que eran invitados a aparecer en las fotografías familiares.

[2] Manuel Burguete Estrada, “Muere Vicente Kramski, pionero en difundir la riqueza natural de Chiapas”, La Jornada, 2 de julio de 2010.

[3] Entrevista a Francisca Espinosa, realizada por Gabriela Torres, San Cristóbal de Las Casas, 10 de enero de 2012.

[4] Entrevista a Jorge Paniagua, realizada por Gabriela Torres, San Cristóbal de Las Casas, 15 de julio 2012.

[5] Entrevista a Francisca Espinosa, realizada por Gabriela Torres, San Cristóbal de Las Casas, 10 de enero de 2012.

[6] Alejandro Díaz López, “Vicente Kramsky: un hombre único, un cronista gráfico de Chiapas. Un coleto distinguido”,  Aspectos, no. 6, octubre 2011.
 
 

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Anónimo, Familia Kramsky en “El Tívoli”, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, ca. 1900, AVK.

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Anónimo, Vicente Kramsky posando con su cámara, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, ca. 1960, AVK.

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Anónimo, Vicente Kramsky sobre la iglesia de Santa Lucía, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, ca. 1960, AVK.

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Vicente Kramsky, Día de feria en el parque central, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, ca. 1960, AVK.


 
 

Lo que otros están diciendo

  1. mirthala de Longoria 5 mayo, 2016 at 7:04 am

    Una gran y extraordinaria
    Familia
    Mi respeto

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