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Ecos de la celebración centenaria del Movimiento Muralista Mexicano en el CENART

Posted on 24 agosto, 2022 by cenidiap

Guillermina Guadarrama Peña

 

 

Mujeres en los andamios, ayer y hoy, fue el eje central de la conmemoración a un siglo del inicio del muralismo moderno en México, organizada por el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas del INBAL. Celebrar el Centenario del Movimiento Muralista con dos actividades, el Coloquio Mujer Creadora – Mujer Imaginada. El reto de las Muralistas en los andamios, efectuado en la primera semana de junio, y el Foro, Mujeres en los andamios. Logros y vicisitudes en el arte monumental, realizado en la primera semana de agosto, significó poner en valor la producción muralista femenina del siglo XX y XXI, frente a la presencia mayoritaria masculina, en un arte del cual se desconoce aún a todas sus participantes.

 

 

El Coloquio permitió conocer en algunos casos y reconocer, en otros, a las artistas que lograron hacer suyos los muros y se subieron al andamio en diferentes épocas del siglo XX, en su papel de creadoras o colaboradoras. A través de las ponencias se “descubrieron” los obstáculos que las artistas tuvieron que sortear, debido a una sociedad conservadora que privilegiaba al artista varón y criticaba la presencia femenina frente al muro, línea abordada sobre todo por los estudios de las investigadoras que analizaron a su sujeta de estudio desde una visión de género.

 

 

Inauguración del Coloquio A Cien Años del Movimiento Muralista en México.
De izquierda a derecha: Carlos Guevara Meza, Director del Cenidiap; Mónica Hernández Riquelme, Subdirectora General de Educación e Investigación Artísticas del INBAL; Ángeles Castro Gurría, Directora del Centro Nacional de las Artes; Guillermina Guadarrama Peña, Investigadora del Cenidiap, Coordinadora del Coloquio.

 

 

Además de rememorar la producción mural femenina más conocida del siglo XX, también se trató de visibilizar el trazo femenino, desde su lugar de ayudante, colaboradora o creadora no reconocida. Otro objetivo fue analizar la mirada masculina y otras miradas genéricas en la representación de lo femenino, su cuerpo y los roles que adjudican a la mujer.

 

La primera muralista mexicana que se subió al andamio fue Aurora Reyes, lo que sucedió en los años treinta. Misma década en la que llegaron artistas estadounidenses, atraídas por el muralismo y tuvieron la oportunidad de realizar más de un mural. Una ventaja que le fue negada a las mexicanas; etas diferencias tendrían que analizarse bajo la lupa de la discriminación y desigualdad, aunque tal vez aquéllas eran más desinhibidas, no obstante también tuvieron ligeros contratiempos.

 

En la siguiente década el camino siguió siendo poco fácil para las artistas, tanto mexicanas como extranjeras, que arribaron en condición de exilio, las que en algunos casos se sumaron como colaboradoras en la producción mural de los varones y en otros, lo hicieron a través de los resquicios que brindaron empresarios o arquitectos españoles afincados en nuestro país, para decorar algunas construcciones que ellos encargaban o edificaban. Misma década en la que María Izquierdo tuvo una difícil situación al querer subirse al andamio para hacer su primer mural, porque el contrato ya firmado fue cancelado por el funcionario con quien lo había pactado. Tanto mexicanas como extranjeras tuvieron que moverse dentro de un contexto dominado por hombres, artistas, funcionarios y empresarios, los primeros acaparando contratos y los segundos privilegiando la labor artística de los varones. Episodios que en su mayoría habían quedado invisibilizados hasta hace poco, por una historiografía del arte que durante mucho tiempo estuvo excesivamente concentrada en el estudio de los grandes artífices masculinos.

 

 

2. Clausura del Coloquio A Cien Años del Movimiento Muralista en México.
Doctora Lucina Jiménez López, Directora General del INBAL; Carlos Guevara Meza, Director del Cenidiap.

 

 

El Coloquio no presentó necesariamente una visión histórica, porque al análisis de las obras de las muralistas conocidas como Aurora Reyes, María Izquierdo, Rina Lazo, las hermanas Greenwood y Olga Costa, y las no conocidas como Isabel Villaseñor, Mercedes Burciaga, Ryah Ludins, Evira Gascón, y las asistentes de Diego Rivera, entre otras, se sumó el del trabajo de algunas muralistas contemporáneas, desde una visión académica. De esa manera, conocimos el tranbajo de las mexicanas Patricia Quijano y Sthepany Bringas, convocadora de colectivos femeninos y masculinos para hacer muralismo de protesta, así como de las argentinas Cristina Terzaghi y Daniela Anzoátegui. Igual tuvieron oportunidad de exponer su producción mural actual tres creadoras: Kimberly Bárcenas, Angélica Carrasco y la hondureña Gabriela Fajardo.

 

El Foro Mujeres en los andamios fue un encuentro entre creadoras actuales, muralistas y las que intervienen los muros en sus diferentes modalidades, que se convirtió en una fiesta de conocimiento y reconocimiento entre pares. No estuvieron todas, pero fue una muestra del cambio de actitud y del empoderamiento, aún en proceso, de quienes han superado su contexto adverso y se han subido al andamio. Autoras que en algunos casos han asociado su producción con asuntos de género o con el activismo político, aunque son las menos, como sucedió con las muralistas del siglo XX, tal vez porque el cruce entre arte y política afecta su lucha por subir a los andamios. Reflexionar sobre esto es una tarea pendiente en estos tiempos de emergencia feminista.

 

 

Inauguración del V Foro Internacional de Muralismo.

 

 

Estas creadoras de nueva cepa son las “herederas” del rompimiento con el muralismo tradicional de corte oficial, que hicieron algunos grupos artísticos mixtos en la década de los años setenta, saliendo a las calles con la brocha para gestar una producción mural en trabajo horizontal entre colegas mujeres y hombres. Bajo esta ruta se apropiaron de los muros para denunciar acontecimientos de su momento, porque el contexto lo ameritaba.

 

La producción de la calle se suspendió por algún tiempo; pero se renovó hacia fines de la década de los años noventa, con las diversas formas globales de intervención en el muro que arribaron al país, el grafiti, el ilegal y con ello, las grafiteras, que también estuvieron en lucha por espacios con los varones; en otras, ambos, hombre y mujer trabajaron en complicidad. Conforme las nuevas expresiones se fueron transformando, y el grafiti pasó de ilegal a ser legal, porque lleva más imagen que letra, e incluso, no hay letra, y luego se fundió con el street art, que no es otra cosa en español, que arte callejero o urbano, así como con otras formas que se consideraron novedosas; este tipo de producción empezó a extenderse a diversos espacios públicos, lo que determinó el surgimiento de nuevos profesionales, no necesariamente egresados de carreras de arte, o autodidactas, entre ellos, mujeres, todas y todos, con línea muy establecida hacia el diseño de imagen en los muros, en la que la participación femenina ha ido creciendo.

 

En forma paralela resurgió el muralismo, también en el espacio público, en la calle, con creadores y creadoras que se asumieron como muralistas, independientemente de su formación profesional, y con una propuesta de muralismo comunitario, ejercido en espacios abiertos y populares, una práctica más cercana a la gente, que le dió un impulso a nivel latinomericano. El sueño de hace 100 años: los y las creadoras retomaron esa producción como eje de identidad y también de subversión.

 

Las muralistas contemporáneas comparten espacios/muros con creadoras que se autodefinen como ilustradoras, diseñadoras, artistas urbanas, de la gráfica o alguna otra denominación, por lo que también compartieron mesas y propuestas en el V Foro Internacional de Muralismo. Entre las muralistas veteranas estuvo Patricia Salas, una representante del rompimiento con el muralismo tradicional en los años setenta y con obra monumental en Colima y Argentina. Patricia Quijano muralista de amplia trayectoria y maestra de varias generaciones de la actual Facultad de Artes y Diseño.

 

Entre las muralistas activas, participaron con sus diferentes enfoques temáticos y técnicos, Janet Calderón quien ha experimentado con diversas técnicas duraderas para su obra, Draya Madú de Mérida, muralista que cuenta con su billete de lotería emitido en este acto centenario. Por Argentina estuvieron Alejandra Zeme y Marila Tarabay del colectivo Las Nereidas, muralistas de obras monumentales de solidaridad y colorido especial, y Ana Singh quien no para de trabajar en interiores y exteriores. Por Chile, estuvo Juana Pérez y por Bolivia, Luz Asturizaga, todas con producciones distintivas de sus respectivos países. También las mexicanas, Lupita de Teresa, Nadia Saldívar, Hilda Gaytán y la pequeña Flor Dalí Monroy, mostraron su producción básicamente hecha en mosaico, material con el que Monroy usa incluso para decoraciones de otro tipo.

 

En el caso de las creadoras más jóvenes, que no por su juventud tienen menos producción en muro, estuvieron Denisse Escobedo, Lizette Charlotte López Moreno, Ariadna Galaz, Laura Tela, María Conejo y la temeraria María Antonieta Canfield; así como creadoras que se identifican más con el grafiti legal, la ilustración en muro, o lo que consideran arte urbano, y que usan seudónimos como Siempre perdida, o inexplicables como Bixablue, Corchoiris, Hathor Alex y Gobulva. Ellas suelen combinar sus herramientas técnicas, brocha, pincel y/o bote de spray, o sólo usan una, pero todas se han subido a los andamios para realizar su producción.

 

     Las creadoras, tanto mexicanas como de otros países de nuestra América, toman el muro como lienzo para trazar su obra en solidaridad con causas sociales, ambientales, feministas, identitarias, incluso decorativas o simplemente por el gusto de expresarse, y trabajan de manera individual o como integrantes en colectivos femeninos o mixtos. Para la mayoría, lograrlo no ha sido fácil, pero han ido rompiendo más rápido que en el pasado con los cartabones impuestos por la sociedad, demostrando que también pueden realizar obras monumentales, con la misma calidad que los varones, gracias a su empoderamiento, rebeldía y fuerza, que las hace subir a los andamios o lo que tengan a mano, para hacer sus obras. Actuando desde el desafío de lo ilegal o participando en proyectos públicos y privados, realizados en su mayor parte de manera autogestiva, sin grandes o ningunos patrocinios gubernamentales o privados.

 

Creadoras e investigadoras de diversos países de nuestra América participaron en ambas actividades; en el Coloquio, donde se reflexionó básicamente sobre la trayectoria de las mujeres creadoras en el siglo XX, y en el Foro, centrado en lo que están haciendo en el siglo XXI. Eso abrió posibilidades de investigación con diversos enfoques estéticos y artísticos, sobre la producción mural femenina, tanto en la historia pasada y presente de esta práctica en nuestro país y en nuestro continente, una tarea necesaria en la conformación de nuevas fuentes de información.

 

 

V Foro Internacional de Muralismo.

 

 

Quedó pendiente como tema el análisis sobre los retos que tienen las creadoras, en un contexto dominado por hombres, sobre todo porque todavía son mayoritariamente varones los funcionarios en su papel de mecenas, así como las posibles rutas a seguir en el proceso para lograr equidad. No se trató de enemistar a hombres con mujeres, como bien mencionó una de las ponentes, porque algunas de las creadoras manifestaron haber iniciado su camino con apoyo de colegas varones. Sin embargo, el Foro Internacional de Muralismo mostró que aún falta camino hacia la equidad, por la notable ausencia de público masculino, al grado de causar la impresión de que éstos hicieron un vacío al evento. Tal vez pensaron que sólo era cosa de mujeres, no que se trataba de que ellas también tuvieran un Foro.

 

Reconocer la brocha, pincelada o el bote femenino es una tarea urgente, porque su actividad ya no se detiene. A pesar de la falta de patrocinios gubernamentales o empresariales de alto nivel, ellas toman espacios abiertos, populares o para la solidaridad, para seguir con su producción sobre muro.  

 

 

 

 

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