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El cosmos desciende a la escultura: Kiyoshi Takahashi, Sukemitzu Kaminaga, Kiyoto Ota e Hiroyuki Okumura

Posted on 18 marzo, 2014

María Teresa Favela Fierro

 

Varios artistas japoneses han llegado a México en diferentes épocas; unos establecidos en forma definitiva y otros temporalmente, han traído un valioso legado plástico. Recordemos la estancia de Tamiji Kitagawa entre los años veinte y treinta del siglo XX, quien se dedicó a la enseñanza en las Escuelas de Pintura al Aire Libre. El estadunidense de origen japonés Isamu Noguchi permaneció casi un año en el país y dejó un relieve en el Mercado Abelardo L. Rodríguez del Centro Histórico de la ciudad de México. Por supuesto, también debemos mencionar a Fujita Tsughru.

Más tarde arribó otro contingente de artistas escultores con ideas estéticas más libres y mucho más modernos: entre ellos, Kiyoshi Takahashi (1925-1996), Sukemitzu Kaminaga (1939-2000), Kiyoto Ota (1948) e Hiroyuki Okumura (1969), quienes han transitado del arte figurativo hacia el arte no objetual. Este último plantea una doble vertiente: la creatividad del artista para saber encontrar lo esencial y trascendente en su obra, y la sensibilidad del espectador para una adecuada interpretación de la obra.

 

Takahashi llegó a Xalapa, Veracruz, para realizar un trabajo escultórico para la Universidad Veracruzana, en donde fue nombrado profesor y jefe del Departamento de Escultura. Le interesó adentrarse en el estudio de la cultura prehispánica y la influencia que podría tener en su obra la vida de México, su naturaleza y su gente. Dejó entre sus alumnos una “escuela” de disciplina y humildad, es decir, el rigor del artista consigo mismo y su conciencia, así como respeto frente al material con el que se trabaja.

 

El motivo esencial de la permanencia de Sukemitzu Kaminaga en México fue la intención de estudiar la tradición prehispánica de la talla en piedra y familiarizarse con el espíritu que los guiaba en la selección de sus materiales. Cuando llegó tuvo contacto con el escultor sueco-mexicano Waldemar Sjölander, y ambos recuperaron la técnica de talla directa en piedra para realizar su trabajos. Después fue docente, al igual que Sjölander, en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado (ENPEG). El poder de síntesis y el vigoroso desplazamiento de volúmenes, aunado a un aparentemente simple juego de elementos semigeométricos lo distinguieron como el “hacedor poético de formas”.

 

En el caso de Kiyoto Ota, la decisión de trasladarse a México en busca de nuevas posibilidades y mayor libertad para trabajar se debió a que en Japón el ambiente que prevalece es muy cerrado, los materiales son más difíciles de conseguir, los talleres, las máquinas; además, aquí ha encontrado verdaderos amigos y un gran apoyo. Al igual que Kaminaga, tuvo en Sjölander un apoyo y un guía incondicionales. Su obra acusa una influencia japonesa y mexicana, permeada por un estilo muy cercano al arte minimalista y simple. Docente tanto en la ENPEG como en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, ha formada a una infinidad de alumnos en la especialidad de la escultura. Su propuesta plástica atrae las miradas cautelosas del observador, porque nos incita a recorrer de nuevo sus obras, y así, nosotros, su público, vamos paulatinamente enriqueciendo nuestro interior, nuestra espiritualidad, creando un vínculo.

 

Hiroyuki Okumura colaboró con Kiyoshi Takahashi en la realización de una obra monumental en Japón, y esta circunstancia representó un momento oportuno porque tenía interés de venir a México. Su obra es muy espiritual, y cuando “nos toca”, se produce un estallido interior. Son piezas sencillas, no tienen mayor complejidad ―aparentemente―, encierran muchos símbolos, texturas, son muy puras y fuertes; combina el material escultórico con lo áspero y lo pulido; estos contrarios le transmiten magnitud a las piezas.

 

La producción escultórica de esos artistas denota y connota la noción de la filosofía de los monjes Zen conocida como wabi-sabi: si un objeto o expresión puede provocar en nosotros una sensación de serena melancolía y anhelo espiritual, entonces estaremos refriéndonos a ese concepto.

 

 

Lo que otros están diciendo

  1. Angela Regina Núñez Alonso 22 mayo, 2018 at 2:11 pm

    Comparto la siguiente nota sobre la exposición del artista japonés Tamiji Kitagawa realizada en 1930.
    Excelsior, Año XIV, Tomo I, Núm. 4723, Lunes 24 de febrero de 1930
    “Segunda exposición de arte moderno en el Teatro Nacional”
    En uno de los salones de la planta baja del Teatro Nacional se inauguro ayer por la mañana la segunda exposición de arte moderno, patrocinada por el Departamento del Distrito Federal. Los artistas mexicanos Carlos Merida y Carlos Orozco, que fungen como directores permanentes de las exposiciones, han logrado reunir, para la segunda de ellas, muy estimables contingentes que con toda justicia llamaron la atención de los numerosos visitantes.
    Todos los trabajos que figuran en la exposición son originales del artista japonés Tamiji Kitagawa, cuyas actividades abarcan, con igual perfección, lo mismo la pintura al óleo que el grabado en madera, el dibujo al lápiz y los estenciles.

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