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Entrevista a la maestra Mahia Biblos sobre Juan Acha y su tiempo – Parte 2

Posted on 18 diciembre, 2019

Patricia Brambila y Christopher Vargas
 
 
20 de marzo de 2019, Ciudad de México
 
 
¿Cómo fue el proceso migratorio del maestro?
 
Él es originario de Piura, ubicado en el noreste de Perú, tenía hermanos, sobrinos e hijos. Su proceso migratorio no fue doloroso, sino liberador. Él se iba a ir del país de todas maneras, pero tuvo problemas que aceleraron su partida. En una reunión de artistas, todos jóvenes, él era la única persona mayor y cayó la policía porque alguien los había denunciado por creer que consumian drogas.
 
 
La fiesta era en la casa del artista Emilio Hernández Saavedra, quien es un excelente pintor. Ahí les cayó la policía y se los llevaron a todos. Algo similar, en la misma época, le pasó acá a Helen Escobedo, ella nos contó que en América Latina existía la persecución de los intelectuales por asuntos de drogas. En la fiesta a la que asistió Juan, al ser él la persona de mayor edad, se lo llevaron arrestado. Estaban presentes muchos jóvenes. Yo estaba en Estados Unidos, en la OEA, cuando lo arrestaron, la pasó mal. Nunca me olvido de lo que le dijeron: “nunca falta en un vaso de leche una mosca”, un comentario racista de aquella época, que se lo dijeron porque Juan era un hombre de piel morena.
 
 
Todo esto lo marcó. Luego de este mal momento tuvo que salir del país a dar unas conferencias y a realizar una exhibición internacional, al regreso lo volvieron a arrestar. Eso no lo soportó más. Lo tuvieron que internar en una clínica privada porque del shock perdió la memoria, y ahí resolvió irse para siempre.
 
 
¿Por qué escogió México y no Alemania u otro país?
 
Él llegó a México en 1972 porque le nacía un nieto, entonces su hija lo había invitado. Nosotros vivíamos en Washington. Yo me quedé allá porque no podía dejar mi trabajo de un día para otro. Paseándose por librerías, Juan Acha se encontró a Oswaldo Sagástegui, pintor y caricaturista peruano que colaboraba en el periódico Excélsior. Él lo llevó al suplemento Diorama de la Cultura, del Excélsior. Ahí el director, Pedro Alvarez del Villar, que también era peruano y tenía acá todos los años del mundo, lo invitó a colaborar y ese fue su primer trabajo en México.
 
 
Juan escribió un artículo sobre una exposición que estaba instalada en el Museo de Arte Moderno; Fernando Gamboa lo leyó y quedó fascinado. En ese momento Gamboa era el director del Museo y creía, al igual que todo el mundo, que Acha era un seudónimo. Juan conocía a Felguérez y a Cuevas porque habían expuesto en el Perú, a ellos les preguntaron si tenían idea o sabían sobre Acha y respondieron: “sí, lo conocemos muy bien, no es un seudónimo, es un ingeniero químico que escribe crítica de arte, muy reconocido en el Perú y en varios países”. Gamboa les respondió: “quiero conocerlo”, y así empezó a colaborar con él.
 
 
¿Juan Acha pensó en regresar a Perú?
 
Sí volvió, sólo temporalmente, como jurado de bienales.
 
 

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María Elena Blanco y Mahia Biblos, Ciudad de México, 2019.

 
Al principio de la entrevista nos habló de las tertulias que organizaba el maestro en Lima ¿realizó en México eventos similares?
 
No, no las quiso hacer acá, solo las realizó en Perú. Acá las organizaba el artista Fernando Leal Audirac, quien pintó un retrato de Juan y mío.
 
 
¿Quiénes eran sus amigos?
 
Distintas personas, diversos artistas, era amigo de mucha gente. Recuerdo algunos amigos: Jorge Alberto Manrique, Rita Eder, Emilio Westphalen, Fernando Gamboa, Octavio Paz, Rufino Tamayo, Mario Pedrosa, Federico Moraes, Jorge Eduardo Eielson, Jorge Romero Brest, Kazuya Sakai, Yuyo Noé y muchos artistas que venían a México.
 
 
El maestro Acha se interesó profundamente por América Latina, ¿nos puede hablar un poco sobre este tema?
 
Él era profundamente latinoamericanista. En el Perú había personas como José Carlos Mariátegui, que también es una personalidad muy importante por sus teorías sobre América Latina, y ciertos uruguayos, cuyos nombres no puedo recordar ahora. Ellos estaban interesados en esa apertura, pero sus intereses eran sociológicos, mientras que Juan lo llevó más allá, hacia el análisis del proceso artístico en América Latina.
 
 
Además, creía mucho en la juventud latinoamericana, que era la que podía romper los prejuicios sobre los nacionalismos, como era el indigenismo de José Sabogal y de otros nombres importantes en el Perú. Eso se fue abriendo hacia la abstracción y el color, como es el caso de Ricardo Grau. Había muchos artistas, pero, sobre todo, el rompimiento más grande fue con los jóvenes del grupo Arte Nuevo, que Juan apoyó.
 
 
¿Le quedó algo pendiente por hacer al maestro? ¿Algún libro por publicar?
 
Además de todo lo que escribió, él tenía como afán hacer un estudio sobre el arquitecto Luis Barragán y también sobre la fotografía en México, pero eso no lo pudo llevar a cabo, la muerte llegó de pronto.
 
 
Dejó un libro pendiente sobre el dibujo, que yo edité, y lo publicó la Editorial Coyoacán, con el apoyo del Fonca. A este libro le faltó todo lo que respecta a la parte teórica del estudio de las distintas posibilidades del dibujo, pero como era un tema que dominaba Juan, lo dejó para el final y se murió antes de terminarla. Quien ha leído su obra conoce su pensamiento y tranquilamente puede comprender este libro. Por eso me arriesgué a publicarlo, porque si bien era un libro inconcluso, la parte vital estaba hecha.
 
 
¿Dejó algo escrito sobre el trabajo del arquitecto Luis Barragán o la fotografía?
 
Hay artículos publicados, pero él no tenía tiempo, viajaba mucho, tenía estancias en Alemania, iba a bienales donde estaba invitado y más. Viajaba y trabajaba demasiado, en exceso.
 
 
Respecto a los procesos de investigación, ¿cómo se documentaba Juan Acha?
 
Él recibía mucha información de Alemania Oriental, estaba muy vinculado con ellos y de muchos otros países. Le mandaban fotocopias, intercambiaban materiales, él enviaba libros que se editaban en la UNAM, porque sabía lo que les interesaba; y ellos mandaban fotocopias que yo me encargaba de encuadernar y que conservamos en su archivo. Él estaba informado al día de las cosas, además leía muchísimo. Tenía periodos de escritura y periodos de lectura. Primero leía lo que necesitaba, se podía pasar un mes leyendo, y después ya escribía directamente.
 
 
¿Cómo ordenó el maestro Acha su archivo?
 
Él tenía su orden en la biblioteca y hasta la fecha se respeta. Él reunía todo lo que era de prensa y recortaba como dios le daba a entender, y yo los ordenaba. Actualmente, la encargada de la biblioteca es María Elena Blanco y está instalada en el Centro Cultural Tlatelolco.
 
 
¿Con usted tuvo hijos?
 
No, está muy poblado el mundo (risas). Eso hubiera significado que no pudiera hacer su obra y esto era lo que a mí más me importaba. Entonces, lo único que me interesaba y me sigue interesando es que su obra se conozca, se estudie y se difunda.
 
 
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Mahia Biblos, fotografía tomada de: “Mahia Biblos, artista multidisciplinaria”, <http://www.mahiabiblos.com/historial.html>. Consulta: 20 de septiembre, 2019.

 
¿Qué es lo que a usted le interesa de la obra de Juan Acha?
 
Su pensamiento. En su época, toda la crítica era impresionista al estilo francés. El pensamiento de Juan es racional y sistemático.
 
 
¿Era maestro universitario, columnista, director de museo?
 
No fue director de museo. En el único museo que trabajó fue en el de Arte Moderno y era asesor del director, Fernando Gamboa. Juan trabajó también en la UNAM, le encantaba enseñar, eso le ayudaba al desarrollo de sus ideas. Pero le absorbía demasiado el tiempo que el quería dedicar a escribir, por esta razón renunció.
 
 
Eso es algo que se busca mucho, la docencia y la investigación tienen que ir de la mano.
 
Por supuesto, y es recíproco, es una retroalimentación. Juan prefería relacionarse con la gente joven, ayudar a los alumnos para formarse y que salieran adelante, ellos le importaban mucho.
 
 
Para finalizar, ¿considera vigente el pensamiento del maestro?
 
Sí, su pensamiento continúa vigente y sus trabajos son fundamentales para la historia de la teoría del arte de América Latina, por ello continuamos divulgando su obra que es muy profunda y extensa.
 
 
 
 
 

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