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UN CLAMOR POR LA JUSTICIA. SIETE CRÍMENES MAYORES

Posted on 4 mayo, 2022

Rafael Cauduro y los murales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación[1]

María Eugenia Garmendia Carbajal,
Edwina Moreno Guerra,
Adriana Zapett Tapia

 

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) fue edificada en lo que fuera la Plaza del Volador, acorde al proyecto ganador del arquitecto mexicano Antonio Ignacio Muñoz García. En 1936, el Presidente Lázaro Cárdenas puso la primera piedra y en 1941 el Presidente Manuel Ávila Camacho lo inauguró. Se encuentra a un costado de Palacio Nacional en la Plaza de la Constitución. Desde su creación dio inicio la primera etapa del Programa Artístico de Murales del recinto gubernamental (1940-2000), obteniendo los muros los artistas José Clemente Orozco en 1941, George Biddle en 1945 y Héctor Cruz García en 1999.

 

 

La segunda etapa de este Proyecto Artístico al que se le denominó Proyecto de murales relativos a la justicia arrancó en 2005, con una convocatoria dirigida a artistas para competir por los muros de la SCJN con el tema La Justicia en México o La Historia de la Justicia en México. Se contó con presupuesto tanto de la Suprema Corte como de la Secretaría de Educación Pública, siendo esta última la que más aportó, por lo que tuvo mayor injerencia en la selección de los artistas. También se contó con el apoyo del Instituto Nacional de Bellas Artes. Los artistas seleccionados tuvieron total libertad en cuanto el contenido ideológico de su obra. Firmaron un contrato con varias cláusulas, cuyo incumplimiento los haría acreedores a penalizaciones. Tenían tan sólo año y medio para la realización y entrega del proyecto.

 

 

El perfil de la convocatoria iba dirigido especialmente a artistas con experiencia en murales transportables de gran formato.  El solicitar este tipo de murales fue una decisión muy acertada, porque así se evita el deterioro de la obra pintada directamente sobre el  muro, ocasionado tanto por inclemencia del tiempo como por daños estructurales originados por movimientos telúricos, como le ha acontecido a varios murales históricos, y que ha causado pérdida de obras importantes y restauraciones muy costosas.

 

 

De esta segunda etapa del Proyecto Artístico resultaron cuatro ganadores, a quienes se les asignó una de las escalinatas que están en el interior de cada una de las esquinas del edificio. A Rafael Cauduro se le asignó la escalera sureste donde pintó: Un clamor por la Justicia. Siete crímenes mayores; a Luis Nishizawa le correspondió la escalinata norponiente, donde plasmó La Justicia; Leopoldo Flores realizó en el lado surponiente Todo movimiento social es Justicia; e Ismael Ramos, en el lado noreste, elaboró La búsqueda de la Justicia.

 

 

La escalera asignada a Cauduro está considerada como la principal, ya que por ella suben no sólo el Presidente Ministro y los magistrados cuando van a sesionar, sino también el Presidente de la República, diputados y senadores que tengan algún asunto que tratar con la Suprema Corte de Justicia. Podemos decir que es un lugar privilegiado para contar historias, se tiene el tránsito en un sentido o en otro, se observa de cerca y de lejos en ángulos específicos y, por ser peldaños, se tiene la certeza de la continuidad que dan los recorridos por las escaleras, que desde siempre han representado un reto compositivo extraordinario para cualquier muralista. Existen maravillosos ejemplos de la excelente resolución al problema de perspectiva que plantean los cubos de escaleras, sólo hay que recordar los murales realizados por Diego Rivera en el Palacio Nacional de la ciudad de México; los de José Clemente Orozco en el de Palacio de Gobierno del Estado de Jalisco; los de David Alfaro Siqueiros en el Sindicato Mexicano de Electricistas en la CDMX; los de José Chávez Morado en la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, y los de Arturo García Bustos en el Palacio de Gobierno de Oaxaca, por mencionar algunos.

 

 

La escalera sureste da acceso a tres pisos, por lo que el mural se puede observar a lo largo de la escalinata, desde cualquier ángulo. Sin temor a equivocarnos, consideramos que hasta el momento es la obra mural más relevante que ha realizado el artista a través de su trayectoria. Es un proyecto que, además de implicar grandes retos por resolver desde el punto de vista compositivo, le permitió reflexionar sobre el tema convocado La Justicia en México o La Historia de la Justicia en México al cual le dio un giro y concibió una idea que excluía cualquier tipo de concesiones tanto para la Suprema Corte de Justicia como para sus magistrados.  Se centró en la imperfecta manera en que se impartía justicia en México y presentó una contrapropuesta para plasmar en los muros el clamor del pueblo por la justicia, denunciando lo que para él son los siete crímenes mayores: Tortura, Procesos burocráticos viciados, Violación, Secuestro, Represión, Cárceles, Homicidio. En el libro “Murales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación” se menciona que antes de iniciar el trabajo plástico, el maestro Cauduro consultó a importantes y reconocidos jurisconsultos, científicos y filósofos, y acudió a diversas fuentes, con el fin de conocer y comprender cabalmente los problemas que aparecerían en su obra y poder exponerlos de la manera más real.[2]

 

 

Es sumamente interesante la manera en que visualizó como expresar a través de la pintura el reclamo del mexicano ante la corrupción latente en la impartición de justicia y las prácticas coercitivas en torno a ella. Tomó al crimen como la parte medular de la Historia de la Justicia en nuestro país, práctica que hiere a México, que se comete día con día a lo largo y ancho de la República quedando en la absoluta impunidad. “Abordo la justicia desde la perspectiva de sus limitaciones, fallas, omisiones y problemas no resueltos. Es decir, de todo aquello que nos hace seguir buscándola y exigiéndola. Así que aposté por algo diferente, antagónico incluso. Trabajé la contraparte y el porqué de la justicia: el crimen”.  Y añade: «… el crimen se ha apoderado de nuestras conciencias y se ha metido cada vez más en nuestra bestialidad».[3]

 

 

La contrapropuesta del artista fue revisada y formalmente aceptada por el pleno de magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y se procedió a su realización. El maestro Cauduro valientemente tomó muchos riesgos con su propuesta, conceptualización pictórica y realización. Creemos que pasará a la historia como instancia de la inusual fuerza del artista comprometido con las mejores causas; hay que admirar y reconocer el valor que tuvo al plasmar magistralmente la verdad incuestionable y crítica de ese momento histórico de México que percibían abogados, indiciados, testigos, reos y público en general. También hay que reconocer la apertura que mostraron los magistrados de la SCJN al aprobar y financiar el proyecto de Cauduro. Es nuestro deseo que esta obra magistral nunca llegue a ser objeto de censura por parte de futuros gobiernos.

 

 

El mural fue inaugurado el 14 de julio del 2009. El entonces Ministro Presidente de la SCJN, Guillermo I. Ortiz Mayagoitía, reconoció que el problema que aqueja a la Nación plasmado en los muros por el artista es real: “El mural que inauguramos denuncia una desagradable realidad que no debe seguir siendo parte de nuestro paisaje. Es la visión del autor que nos reta a que estas escenas desaparezcan para siempre de nuestro país; para que permanezcan como imágenes, pero no como vivencias. La visión aguda del maestro Rafael Cauduro retrata el presente y queda en manos de los mexicanos, de todos los mexicanos, que las próximas generaciones vean en él una realidad que fuimos capaces de superar y no el legado que les quisimos dejar”.[4] Al término del acto inaugural Cauduro comentó en entrevista: “Era importante esa visión crítica, sobre todo porque es la materia prima de la justicia. Es decir, realmente la justicia existe porque existen los crímenes. Entonces, en estos momentos en que el clamor de las personas es por la justicia, no era momento de celebraciones, y sí de meditación. Por eso puse estas imágenes”[5]

 

 

Un clamor por la Justicia. Siete crímenes mayores consta de ocho murales transportables realizados en “La Tallera” en Cuernavaca, Morelos, casa-estudio donde David Alfaro Siqueiros pasó la última etapa de su vida, un espacio que concibió en los años cincuenta como un gran taller donde pensaba desarrollar los murales que le había encargado Don Manuel Suárez para el Hotel de México. Siqueiros lo forjó como el primer espacio del mundo creado sólo con la meta de impulsar el muralismo.[6]  Los paneles fueron montados en los tres niveles del cubo de la escalera cubriendo una superficie de 290 metros cuadrados. Cauduró comentó: “La estructura de la escalera me permitió acentuar conceptos como ascender y descender en una mecánica elíptica, y nos ofreció tres niveles para su uso conceptual, el cual manejé como la relación inframundo, tierra y cielo.»[7]

 

 

Esta relación nos remite tanto a la Cosmología Mesoamericana que divide al cosmos en cielo, tierra, inframundo, como a la religión católica donde existe un cielo, valle de lágrimas e infierno. Refiriéndonos específicamente al inframundo-infierno en ambas se trata del reino de la obscuridad, de las tinieblas ubicado en las entrañas de la tierra. Cauduro sitúa esta región en el sótano del cubo de la escalera delimitado por dos grandes muros:  el que recibe e introduce al espectador al contenido temático y distribución de la obra con un texto escrito en tinta azul, y el muro donde monta un impresionante Tzompantli compuesto con 238 cráneos que reflejan distintos rictus de dolor, realizados con resina.

 

 

El Tzompantli refiere la práctica prehispánica del sacrificio humano cuya sangre alimenta a los dioses. No todas las ceremonias rituales terminaban en la decapitación y perforación por la sien de las cabezas de las víctimas, generalmente guerreros capturados en batalla o esclavos, esto dependía del dios.  No hay que olvidar que el edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se encuentra a un costado de la Plaza de la Constitución y bajo toda esa área se encuentra la Gran Tenochtitlán. El 20 de agosto de 2015 el Instituto Nacional de Antropología e Historia hizo pública la noticia del descubrimiento del Tzompantli de México-Tenochtitlan.[8] Hallazgo considerado el más importante de los últimos años localizado en la calle de República de Guatemala a pocas cuadras de la SCJN.  A diferencia de éste, el de Cauduro se erige en un inframundo contemporáneo donde rige el crimen, no el ritual.

 

 

Siguiendo el recorrido nos encontramos con una acumulación de archiveros, legajos, carpetas, papeles arrumbados o tirados en el piso, todos ellos contienen la historia de miles de casos sin resolver. Representan el abandono de personas que esperan entre penumbras, a manera de fantasmas, ser escuchados con la esperanza de que su caso pase a manos de la justicia. Estamos ante los Procesos burocráticos viciados. Aquí prevalece el silencio, el olvido y reina el mundo de las sombras, el mundo de las tinieblas, estamos en el Inframundo, todo un infierno que viven las personas inculpadas en vida. Observamos una taza de café junto a un cenicero y a un clásico de la jurisprudencia: Introducción al Estudio del Derecho de Eduardo García Máynez, esperando ser consultado.  Con esta escena hace una crítica directa a la burocracia ineficiente de la SCJN, acusación dirigida a los magistrados y a sus subordinados, lo insólito es que esos mismos magistrados fueron los que no sólo aceptaron el proyecto, sino que hasta lo elogiaron el día de la inauguración.

 

 

Pasando este mural, nos topamos con tres cuartos que atestiguan distintos momentos en que una mujer es víctima de abuso sexual. Nos encontramos ante el crimen de Violación. El tema impacta tanto por la brutalidad del acto como por el realismo con el que trata la escena. Realismo enfatizado por el extraordinario manejo de las texturas con las que logra presentarnos un edificio con paredes descarapeladas y tapizadas de propaganda callejera. A través de una de sus ventanas, vemos a una mujer en camisón sentada en una silla antes de ser violada, mientras que en el cuarto contiguo su cuerpo traslúcido yace con los pantalones a la altura de los tobillos, casi sin aliento después de ser abusada. La última ventana deja ver a los violadores que la observan complacientes. Cauduro nos hace sentir impotencia, rabia, enojo y reclamo ante la impunidad de las autoridades frente a los miles y miles de casos de violencia que sufren las mujeres de nuestro país. Mujeres de diversas edades, incluyendo menores de edad, todas con riesgo de quedar embarazadas. Esta impunidad ha desatado infinidad de manifestaciones contra la violencia de género.

 

 

Conforme vamos ascendiendo al segundo nivel, no dejamos de ser sorprendidos por el manejo de la perspectiva y el uso de los materiales con los que crea el espacio en donde habita el desasosiego, la desesperanza. El lado obscuro del ser humano dicta cada una de las acciones que Cauduro denuncia.  El Homicidio, lo trata de una manera excepcional. Con tan sólo dos elementos: un foso y un cuerpo enfatiza la angustia que debió sentir la mujer al ser empujada al vacío y caer en un hoyo profundo y frio. Es el único mural donde aparece sólo una figura humana y no necesita más.  El uso de la perspectiva a vista de pájaro crea este efecto para enfocarnos en la mujer muerta y apreciar exactamente alrededor de ella el trazo blanco sobre el piso, típico en los análisis policiacos en las escenas del crimen.

 

 

Es importante señalar que cada ladrillo que conforma el foso es de diferente tamaño, elaborado en distintos materiales, como PVC recubierto de lona o fibra de vidrio. Como hemos observado en todo el trayecto, la textura es vital para lograr el efecto de deterioro causado por el paso del tiempo, al igual que la perspectiva que produce un efecto de inmersión que traslada al espectador a espacios de innegable realidad. ¿Pero cómo se lleva a cabo este proceso? Verónica Chávez Jaime, en entrevista realizada al artista en su taller de Cuernavaca, comenta: “En el proceso de realizar una obra él es quien estudia y maneja los juegos de perspectiva y de ilusión, es decir, él es la primera persona que interviene el panel en blanco, dibuja a lápiz la composición que conforma la perspectiva con una precisión matemática y geométrica específica y posteriormente junto con Carla Hernández aplican los diversos materiales que conforman la pintura y la textura. Al respecto recalcó que es Carla quien experimenta y propone sobre qué materiales usar y cómo aplicarlos.”[9] Interesante declaración del maestro Cauduro ya que no es común que los artistas den crédito al equipo de trabajo o a los talleres donde se lleva a cabo la ejecución de la obra, quedando en total anonimato el arduo trabajo realizado por largos periodos de tiempo, quedando el artista como único creador.

 

 

Siguiendo el recorrido, Homicidio conduce a tres cuartos donde se llevan a cabo Torturas para sacar declaración, prácticas utilizadas por la policía como método de investigación criminal. Es bien sabido que varios reos sometidos a estas prácticas inhumanas son inocentes pero al ser torturados prefieren firmar su declaración de culpables. Infligir dolor para obtener lo que la policía quiere escuchar es en sí un crimen. Cauduro muestra en el primer cuarto el ahogamiento en retrete conocido como “el pocito”, que provoca intensa angustia por la sensación de estar al filo de la muerte. En el segundo cuarto, tres personas detienen la cabeza de una mujer que al parecer ya ha sido violada para someterla a la tortura conocida como “el tehuacanazo” que consiste en introducir agua mineral en la nariz de la víctima por medio de una jeringa, lo que produce un ardor intenso. El tercer cuarto lo ocupa un hombre que se encuentra colgado, desnudo y ensangrentado, al que un perro le muerde los genitales.

 

 

El último mural de este segmento está dedicado al Secuestro. Aquí el artista presenta a un hombre arrinconado, presa del terror ante la incertidumbre de su destino. Cada instante que pasa aumenta la angustia. ¿Pagarán el rescate? ¿Será liberado? ¿Saldrá vivo o enfrentará su muerte no libre de algún tipo de tortura? Las sombras alargadas de sus victimarios se revelan en la penumbra. El daño psicológico y físico ya está hecho.

 

 

Es importante señalar que el día de la inauguración del mural, el ministro José Ramón Cossío, hizo en su discurso una fuerte declaración en contra de la falta de justicia cobijada por la impunidad del Estado y que se refleja en la gravedad de los crímenes que Cauduro saca a la luz:

“La violencia ejercida contra el cuerpo de personas colocadas en una situación

extrema, caracterizadas por la sumisión al poder físico ejercido por ciertos sujetos. No

es la naturaleza la que ha determinado la condición que se padece. Es la acción de unos

hombres en condición de superioridad, así sea ésta momentáneamente e indebida,

la que provoca dolor en el cuerpo de las víctimas, afecta su vida permanentemente o

termina produciendo su muerte. Pero hay más aún: salvo en la imagen de secuestro,

son los agentes del Estado los que producen ese dolor y esa muerte. Son actos

cometidos por quienes deberían protegernos. Ello agrava la condición de vulneración y

desamparo sociales. El que una persona resulte violada, asesinada, torturada o

reprimida, es de suyo grave, gravísimo. Sin embargo, ¿qué nueva adjetivación

podemos darle a esas acciones cuando provienen de las personas que se desempeñan

como agentes públicos? ¿Qué decir de nosotros y de nuestros colegas juzgadores

cuando día tras día privamos a otros de la libertad cubiertos con el pesado manto de la

legalidad?”[10]

 

 

Continuamos ascendiendo por la escalinata hacia el tercer piso donde se sitúan los dos últimos murales: Cárceles y Represión.  Una vez más Cauduro nos captura por el dominio de la perspectiva y el excelente manejo de técnicas, texturas y atmósferas de los que se vale para crear el realismo fascinante de sus obras. En Cárceles presenta la fachada imponente de un reclusorio Se trata de un muro de enormes dimensiones cuyos ladrillos perfectamente trabajados muestran la pátina del tiempo. Una serie de ventanas al exterior dejan ver a los reclusos y reclusas gritando tras las rejas de la prisión, en completo hacinamiento, mostrando toda clase de sentimientos: angustia, desesperación, enojo, incertidumbre, odio, tristeza. En la penumbra claman por justicia, pero ¿quién podrá escucharlos cuando la justicia se muestra indiferente, sorda ante el dolor y ciega ante su propia ineficiencia e impunidad?

 

 

Represión es el mural más alto; Cauduro no se limitó al espacio que termina al final de la escalera, sino que ocupó las ventanas del edificio y siguiendo el concepto de integración plástica no sólo las integra sino que las interviene. De los cuatro muralistas ganadores, es el único que excede el espacio asignado.

 

 

Casi a nivel de suelo nos encontramos bajo la amenaza del tanque de guerra que avanza hacia nosotros; forma parte de las fuerzas represivas al igual que los soldados que atacan a un grupo considerable de jóvenes que corren despavoridos. En su huida, unos se defienden lanzando piedras, otros saltan la pequeña barda, que en perspectiva llegan a la misma calle donde estamos parados con la distancia suficiente para observar con mirada impotente a una de las víctimas que yace en el suelo. Todos estamos siendo observados desde arriba por los policías apostados en las ventanas, como presencia amenazante que nos vigila para entrar en acción cuando sea necesario. Escena que remite a incontables manifestaciones y movimientos reprimidos bajo la fuerza del Estado, acontecimientos pasados, presentes y por venir. Dolorosa verdad que lo hace atemporal. Sólo hay que recordar que tres meses después de que se inauguraran estos murales, el Presidente de México, Felipe Calderón, ordenó la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, dejando sin empleo a 44,000 trabajadores. Militares y policías federales (como los que pintó Cauduro) ocuparon las instalaciones de la empresa, casi a la media noche del 10 de octubre de 2009.

 

 

En medio del caos plasmado por Cauduro, aparecen dos guerreras celestiales desnudas, con lanzas largas que apuntan al agresor. En el centro del disturbio aparece la cabeza de un Ángel-mujer, con alas blancas, que dirige su mirada hacia ese Cielo-Paraíso que está fuera de este edificio. Gran metáfora, el Paraíso esta fuera del recinto.

 

 

Ahora entendemos por qué Cauduro escogió representar estos siete crímenes mayores, sin duda alguna son los que más lastiman al país, a la sociedad, al mismo tiempo que denigran y atentan contra la integridad, salud emocional, psíquica y física del individuo. En consecuencia, son la causa directa de los graves males que provocan la mala administración de justicia en México.

 

 

De vital trascendencia es el hecho de que Cauduro no se haya ido por el camino fácil de la representación de los ideales de justicia, leyes, o de la muy socorrida imagen de la mujer vendada sosteniendo una espada y una balanza, así como que no haya seguido algunas de las reglas en la elaboración de murales mexicanos, que se han tomado como sagradas, inamovibles, que usaron los tres grandes conocidos muralistas.

 

 

No procedió como Diego Rivera, llenando sus murales de personajes históricos de la jurisprudencia, con ideales representados por alegorías, con el pueblo como una masa de indígenas o de campesinos idealizados. ¡No!, los personajes de Cauduro sí remiten al pueblo, pero son personas con cuerpos y rostros reales.

 

 

No representó a la corrupción como alegoría sarcástica, caricaturizada y tremendista como lo hizo José Clemente Orozco, sino que mostró con mágicos objetos como los archiveros con rostros como fantasmas oxidándose entre el fierro viejo, esperando justicia, con detalles realmente reveladores, como ponerse él mismo dentro de un archivero… sí, a todos nos puede pasar, no es una metáfora, es una amenaza real.

 

 

No hizo de las composiciones espectaculares el tema central de los murales como David Alfaro Siqueiros, sino que particularizó a la gente en cada mural hasta lograr una identificación con el espectador. Integra las historias a gente como la que observa cada mural y eso es un acierto que se engrana a su particular manera realista de pintar.

 

 

El artista logra resultados geniales por el manejo magistral de las texturas, dotando de tremenda fuerza lo que relata. La maestría con que las plasma, por ejemplo, la textura de los ladrillos, que en realidad tiene “la textura” de los ladrillos, no los pinta, los ladrillos son, digamos fabricados, ese es la manera de trabajar de Cauduro; mezcla texturas pintadas con texturas reales, logrando magníficos efectos pictóricos, composiciones que sin estos elementos serían unas pinturas sobre las paredes.

 

 

Realiza lo que los maestros del pasado hacían con gran habilidad, el “trompe-l`oeil” o “trampa al ojo”, que es una técnica pictórica que trata de engañar la vista del espectador, manipulando el entorno arquitectónico, usando lo real, pero simulando la perspectiva, ayudándose del realismo pictórico y otros trucos ópticos, consiguiendo una realidad, digamos, falsa o de sustitución, para hacer creer al observador que contempla una perspectiva que en realidad no existe.

 

 

Cauduro presenta escenarios terribles; conduce al espectador a “otras dimensiones” para que enfrente la realidad: fosos infames, baños donde se realizan asquerosas torturas, cárceles con hacinamiento de presos abandonados a su suerte, cuartos con muros enmohecidos por el tiempo que encierran el grito de la violación, la represión del Estado que arremete contra los manifestantes con sus tanques de guerra, el lamento de la calle grafiteada que como el mismo artista dice “el grafiti es el llanto de las ciudades y es preciso escucharlo”[11].

 

 

El apropiado manejo de las texturas y las perspectivas que crean, nos llevan de la mano y sin problema a cada espacio que Cauduro selecciona para decir lo que tiene que decir: verdades terribles, que hacen evidente que estamos a merced de la injusta impartición de justicia y lo dice valientemente en la máxima casa, en las escaleras de la Suprema Corte de Justicia, por donde suben y bajan todos los magistrados en funciones.

 

 

De los tres grandes tomó lo mejor, debemos de reconocer que esta obra lo puso a la altura de los grandes muralistas con la que rompe la mentira repetida mil veces de que “el muralismo mexicano murió”. Al igual que Rivera, Orozco y Siqueiros, que hicieron sus reglas de composición especiales para los murales que pintaron, Cauduro inventó un espacio muralístico propio, no copió las composiciones de murales en escaleras, podemos decir que fue fiel a sí mismo por seguir con el realismo que siempre ha manejado con gran maestría.

 

 

Muchas veces catalogado como hiperrealista, adjetivo que se ha cansado de negar, pues no copia la realidad hasta el último detalle, él introduce el factor tiempo, personajes que están, pero ya no están, son como fantasmas, pero usa una representación exacta sólo que la magia la logra con la composición y con las texturas increíblemente realistas o reales y la transparencia. Sus obras tienen mucho de onírico, pero ahora en los murales de la SCJN plasma las verdaderas pesadillas que viven los que se ven envueltos en problemas con la impartición de justicia mexicana.

 

 

 

CONCLUSIÓN

 

La visita a estos murales es indispensable, pues aun cuando aquí realizamos un análisis de la obra, es necesario recorrerla para poder gozar los miles de detalles y no es una exageración, la obra los tiene, le llevo mucho tiempo y el esfuerzo de todo su equipo para tener unos murales de impecable factura en los que se pueden apreciar de cualquier distancia, esto incluye desde cinco centímetros hasta cinco metros o más según la ubicación del espectador, y en todas las distancias encontrarán detalles maravillosos realizados con todo cuidado por el maestro Rafael Cauduro.

 

 

Su obra es una denuncia de la maldad humana en el encierro autorizado de las cárceles e ilícito del secuestro; tememos a las prisiones, pero somos indiferentes de los que están prisioneros. Nuestro silencio no nos exime de ese detrás del muro que oculta el anhelo de una real justicia.

 

 

Su obra visibiliza siete crímenes mayores; no obstante, en este mundo de impunidad y corrupción es complejo el engranaje que moviliza la maquinaria para destruir a la víctima o al prisionero, que aniquila su persona jurídica y su dignidad.

 

 

Los lugares del encierro, de la exclusión, son un punto de vacío en el cual cada sujeto deja de escribir su historia, para ser sombra de un espacio silente sin trascendencia. Desde muchos lugares se ejerce el abuso y el poder sobre el cuerpo y la mente de otros, se radicaliza el mal, se posibilita el infierno terrenal. Es un campo en el que diversas tensiones se producen entre la impartición de justicia y las realidades ocultas de las prisiones.

 

 

La brutalidad representada es parte de un control político que funciona tanto para los que se encuentran recluidos como para el ámbito externo. Su vigencia es incuestionable, en tanto que en el mundo contemporáneo el espacio de encierro, control y vigilancia va más allá de las cárceles, y puede ser tan intimidatorio y temible como las escenas representadas por este artista.

 

 

La catástrofe es ignorarlo, es no posicionarse ante esta clase de ejercicios de un poder violento desde las distintas formas de gobernanza; es un silencio sobre el control permanente que llena de incertidumbre a los individuos en el sentido más profundo; es agravar las condiciones de vulnerabilidad y de no cuestionar lo que está permitido ante lo inhumano en el territorio mismo de la justicia. Esto es una vía para el deterioro político y social.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

  • Cossío, Díaz José Ramón, Las condiciones del juzgar, Revista Letras Libres, 31 de octubre de 2009.
  • Chávez Jaime, Verónica. (2013). Arte y poder. El arte oficial y su relación con la Institución en Un clamor por la justicia. Siete crímenes mayores de Rafael Cauduro (2006-2009) (Licenciatura). Centro Cultural Casa Lamm.
  • Foucault, Michel, El poder, una bestia magnífica: sobre el poder, la prisión y la vida, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2012.
  • Hernández, Martínez Efren Vicente, La biopolítica-impolítica de Roberto Esposito, Andamios, Vol. 15, no. 37, México, mayo/agosto, 2018.
  • Híjar, Alberto, Del realismo: Cauduro, Abrevian Ensayos, Cuarta seria, no. 2, 2011.
  • Sánchez Lozano, Mayte, Murales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, México, Suprema Corte de Justicia de la Nación, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010.
  • Volante, Beach Paulo, Una antropología relevante: La “Condición humana” desde Hannah Arendt, Pensamiento educativo, Vol. 28 (julio 2001), p. 85-104.

 

 

[1] Para visualizar los murales aquí descritos, se invita al público a acceder al video realizado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación
Aquí está Cauduro I “Un Cauduro #EsUnCauduro” – YouTube
https://www.youtube.com

[2] Sánchez Lozano, Mayte, Murales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, México, Suprema Corte de Justicia de la Nación, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010.

[3] Chávez Jaime, Verónica. (2013). Arte y poder. El arte oficial y su relación con la Institución en Un clamor por la justicia. Siete crímenes mayores de Rafael Cauduro (2006-2009) (Licenciatura). Centro Cultural Casa Lamm

[4] Idem

[5] Vargas, Ángel. Inauguraron el mural que Rafael Cauduro pintó en el recinto de la Suprema Corte. Periódico La Jornada. 15 de julio, 2009.
www.jornada.com.mx › 2009/07/15 › cultura. Consultado. Diciembre 2020

[6] Chávez Jaime, Verónica. (2013). Arte y poder. El arte oficial y su relación con la Institución en Un clamor por la justicia. Siete crímenes mayores de Rafael Cauduro (2006-2009) (Licenciatura). Centro Cultural Casa Lamm

[7] Jímenez Enviado, Arturo, “Trabaja Rafael Cauduro imagen plástica de los 7 delitos capitales”, La Jornada , México, 25 de marzo de 2007, [edición en línea], www.jornada.com.mx › 2007/03/25

[8] www.inah.gob.mx › boletines › 545-descubren-el-gran…
20 ago. 2015 — Descubren el gran Tzompantli de MéxicoTenochtitlan. … Consultado diciembre 18, 2020

[9] Entrevista realizada a Rafael Cauduro por Verónica Chávez Jaime. México, D.F., 27 de julio de 2012. Tomado de Chávez Jaime, Verónica. (2013). Arte y poder. El arte oficial y su relación con la Institución en Un clamor por la justicia. Siete crímenes mayores de Rafael Cauduro (2006-2009) (Licenciatura). Centro Cultural Casa Lamm. Pag. 144

[10]Sánchez Lozano, Mayte, Murales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, México, Suprema Corte de Justicia de la Nación, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010.p. 151 Tomado de Chávez Jaime, Verónica. (2013). Arte y poder. El arte oficial y su relación con la Institución en Un clamor por la justicia. Siete crímenes mayores de Rafael Cauduro (2006-2009) (Licenciatura). Centro Cultural Casa Lamm. Pag. 153.

[11] Sánchez Lozano, Mayte, Murales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, México, Suprema Corte de Justicia de la Nación, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010.  PAG. 151 Tomado de Chávez Jaime, Verónica. (2013). Arte y poder. El arte oficial y su relación con la Institución en Un clamor por la justicia. Siete crímenes mayores de Rafael Cauduro (2006-2009) (Licenciatura). Centro Cultural Casa Lamm. Pag. 160.

 

 

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